Calvino, El exilio en Estrasburgo, Sugel Michelén

julio 22, 2009 § 2 comentarios

jubile1909_grav05Al salir de Ginebra los dos predicadores (Farel y Calvino) se dirigieron a la ciudad de Berna, la cual envió una delegación a Ginebra para tratar de resolver el asunto, pero las discusiones no llegaron a nada, por lo que Calvino y Farel decidieron tomar el rumbo hacia Basilea, a unos 200 km de allí, a la cual arribaron a fines de mayo de 1538. En una carta que Calvino envió a un amigo le daba a conocer lo difícil que fue aquel viaje: “Por fin hemos llegado a Basilea, pero empapados de lluvia, desechos y cansados; y nuestro viaje no ha estado exento de peligros, pues uno de nosotros casi fue arrastrado por la corriente al atravesar un río; sin embargo no podemos decir que los torbellinos del río nos han tratado con menos impetuosidad que nuestros feligreses.” (21)

Calvino y Farel, como eran solteros, acordaron vivir juntos. Pero muy pronto Farel recibió una invitación de urgencia para ir a la ciudad de Neuchatel que había aceptado la reforma. Calvino por su parte, habiéndose quedado solo en Basilea, fue invitado por algunos pastores de Estrasburgo a que aceptara el pastorado de una iglesia de refugiados franceses; pero Calvino estaba renuente a hacer pastor otra vez. Sin embargo, a principios de septiembre de ese mismo año recibió una carta de Martín Bucero quien, imitando a Farel, lo amenazó por su renuencia diciéndole: “Dios sabrá cómo encontrar al siervo rebelde, como encontró a Jonás.”

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Calvino, Ministerio en Ginebra. Sugel Michelén

julio 14, 2009 § Deja un comentario

Farel ret CalvinLuego de su huida de París, Calvino fue a su ciudad natal, Noyon, donde renunció a los beneficios eclesiásticos que recibía por mediación de su padre desde hacía tiempo. De ahí partió hacia Angouleme, a la casa de un amigo y antiguo compañero de clase, Luis du Tillet, que era canónigo de la catedral, y quien simpatizaba con la Reforma. Éste había heredado de su padre unos 3 a 4 mil libros, una biblioteca enorme en aquellos días. Allí pasó Calvino varios meses, usando el nombre falso de Carlos de Espedille, aprovechando este tiempo para estudiar y, muy probablemente, para comenzar a bosquejar lo que habría de ser su obra magna: La Institución de la Religión Cristiana.

Finalmente, y luego de una corta visita a París y Orleáns, se establece en Basilea (de 1534 a 1536), donde publica su primera versión de la Institución, en marzo de 1536, redactada en latín. Esta versión original consta de 516 páginas, pasaría por 7 revisiones en los próximos 23 años, hasta alcanzar en 1559 el tamaño que tiene actualmente. La primera versión constaba de 6 capítulos, la última de 80 (esta obra monumental, que originalmente sería un breve manual de instrucción, habría de sufrir un aumento de un 500 %). “La Institución de Calvino vendría a ser la obra maestra que define la teología Protestante, el libro más importante que habría de ser escrito durante la Reforma.” (11) Y Wilhem Dilthey la califica “la exposición literaria y científicamente más perfecta del cristianismo desde sus orígenes.”(12) Calvino sale de Basilea en 1536 y se dirige a Estrasburgo con la intención de proseguir sus estudios y dedicarse a escribir. Pero algo ocurrió en el camino que habría de cambiar su vida para siempre. En este tiempo ya Calvino era un hombre muy conocido por los partidarios de la reforma, aunque no había cumplido aún los 27 años de edad. De manera que, al llegar a la ciudad de Ginebra en su camino a Estrasburgo, fue detenido por Guillermo Farel quien vio en Calvino el hombre que podía encargarse de la reforma en aquella ciudad. El mismo Calvino explica lo ocurrido:

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Juan Calvino: El teólogo cultural y Reformador de la vida total. Introducción

marzo 9, 2009 § 2 comentarios

 

Juan Calvino (1509–64) fue un Reformador de segunda generación, edificando sobre el fundamento establecido por Lutero y Zwinglio. Este hecho de ninguna manera significa que era meramente un reproductor y copista. (1) Calvino no solamente hizo una contribución original a la teología, sino también al ámbito de la cultura. De hecho, podría ser llamado el teólogo de la cultura par excellence.

A la edad de veintidós años Calvino se estableció en París como un prometedor erudito humanista. Había hecho su debut en el mundo de las letras con su comentario sobre Séneca Tratado sobre la clemencia (1532). Un año después experimentó una súbita conversión. Según el propio testimonio de Calvino ya estaba “obstinadamente demasiado dedicado a las supersticiones del papado como para ser liberado fácilmente de ese abismo de fango tan profundo.” Sin embargo, “Dios, por medio de una conversión repentina, trajo mi mente a un marco de referencia enseñable, la que estaba más endurecida en tales temas de lo que podría haberse esperado de alguien en mi temprano período de vida.”(2)

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