Calvino y los libros

julio 28, 2009 § 1 comentario

JeanCalvinUno de los «medios» de los cuales disponía la Reforma en el siglo XVI era la imprenta. Un medio el cual Calvino y los reformadores ginebrinos y franceses no tardaron en utilizar para la difusión del Evangelio en sus respectivos países. Denis Crouzet al tratar de aquella «obsesión» de Calvino por la Gloria de Dios, ha concretado diferentes medios por los cuales Calvino buscaba que la «nueva humanidad» redimida, llegase a conocer lo que de Dios era para ellos. Así, encontramos en la obra de Crouzet el desarrollo de tres aspectos esenciales en la labor reformadora de Calvino; primero, la imprenta y los libros, cuya finalidad era la de instruir al pueblo en la sana doctrina mediante tratados y escritos que orientaran en la lectura de las Escrituras; después, el envío de cartas, un completo epistolario por medio del cual Calvino trataba de instruir a la nobleza y al pueblo de Europa, de animarles y aconsejarles en sus asuntos personales, eclesiales o comunitarios; y, por último, el envío de pastores capacitados hacia las recién nacidas iglesias, es decir, un trabajo misionero. Es mi intención en la presente entrada hacer énfasis en el primer medio, es decir, la imprenta y los libros.

El Reformador- señala Crouzet- “convierte a Ginebra en un centro de la industria del libro europea, sobre todo a partir de 1550. Pero ya mucho antes son perceptibles indicios de difusión de la heterodoxia ginebrina: las listas de libros censurados por la Sorbona, publicadas en 1542, 1544, 1547, 1551, revelan que circulaban obras como La Institución […], Le Catéchisme de l’Église de Geneve: c’est à dire le formulaire d’instruire les enfans en la Chrestienté, el Petit Traicté de la Sainte Cène de nostre Seigneur Jésus Christ, La Forme des prières et chantz ecclésiastiques avec la maniere d’administrer les Sacremens et consacrer le mariage, selon la coustume de l’Église ancienne. De forma clandestina, mediante una red de vendedores ambulantes y de buhoneros , que se desplazan de ciudad en ciudad y que no vacilaban en recorrer también la campiña, mediante predicadores itinerantes, como Philibert Hamelin, las obras se distribuyen más tarde por Francia, Países Bajos, Piamonte…Entre 1550 y 1560 se establecen en Ginebra numerosas librerías e impresores, y desde 1551 a 1564 se imprimen más de quinientos libros, de los que ciento setenta son títulos de Calvino. La mayor parte tienen el objetivo de ser exportados a la tierra de misión que es en ese momento el reino de Francia. Puede pensarse que el éxito del calvinismo fue, en gran medida, tributario del esfuerzo llevado a cabo por la industria del libro ginebrina.

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Calvino, la Academia de Ginebra y la educación de los jóvenes

abril 12, 2009 § 2 comentarios

800px-uni-bastions_university_genevaEl protestantismo es educador por excelencia. No podríamos concebir un mundo moderno sin su influencia en la educación. Las grandes Universidades de América, y algunas más de Europa fueron fundadas bajo principios cristianos y aún por ministros protestantes. Los principios más excelentes en la educación están inmersos en las Escrituras y las comunidades realmente cristianas han sido, a través de la historia moderna, comunidades con una educación admirable.

Este año, la Universidad de Ginebra celebrará su 450 aniversario, y en medio del recuerdo el nombre de Juan Calvino resonará en los auditorios y conferencias. Calvino siempre se preocupó por la educación del pueblo y la buena instrucción de los maestros y ministros. Tomas Lindsay nos dice que enviaba un aproximado de 100 pastores cada mes a Francia para que predicasen el Evangelio, John Knox, el reformador de Escocia y diferentes estudiantes de Oxford y Cambridge en la Inglaterra del siglo XVI, eran fieles aprendices del reformador. El fruto más célebre de los estudiantes en Ginebra, tal vez sea Thomas Bodley, un destacado diplomático inglés, fundador de la biblioteca Bodleian en la Universidad de Oxford.

Calvino, por tanto, debe estar no solo entre los grandes teólogos, pastores, actores sociales y reformadores, sino también entre los grandes educadores del siglo XVI.  La reproducción del siguiente fragmento, extraído de la obra de Denis Crouzet sobre el reformador, busca por tanto hacer mención de la labor educadora de Calvino en la Academia de Ginebra.

La ciudad y su Iglesia-nos dice Denis Crouzet- se convierten en espacios de enseñanza de la gloria divina mediante la escenificación de un poder de corrección que tiene por fin, no solamente hacer volver a Dios a quienes ignoran los mandamientos divinos, sino también recordad a quienes los cumplen fielmente que se encuentran al borde de un «abismo». El combate calviniano es una demostración de odio: es necesario que os hombres aprendan a obedecer la ley de Dios, lo que significa también aprender a odiar todo aquello que, en cualquier momento, puede surgir del hombre viejo que mora en ellos.

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Calvino y su influencia en Francia

abril 6, 2009 § 1 comentario

 

CalvinartDesde 1536, año en que Lefèvre murió y en que Calvino publicó su Institución Cristiana, la Reforma francesa estaba cambiando rápidamente su carácter. Ya no era un misticismo cristiano suplementado por un cuidadoso estudio de las Escrituras; había avanzado más allá de la etapa de seguidores individuales de Lutero o Zuinglio; se había unido y presentaba una sólida falange a sus enemigos; había concordado en un manifiesto que era a la vez un completo esquema de doctrina, una forma determinada de culto y un código de moral; había encontrado un dirigente que era a la vez maestro y comandante en jefe. A la publicación de la Institución Cristiana se debía a ello. El joven de quien el Consejo de Ginebra podía hablar como de “cierto francés” (Gallus quidam) tomó pronto destacado lugar entre los dirigentes de todo el movimiento reformado y moldeó en sus plásticas manos la Reforma Francesa (…) es imposible dejar de referirse a su especial influencia en Francia. (1) Tenía un extraordinario poder sobre los compatriotas de su misma fe (2). Era francés: uno de ellos. No era un extranjero que hablara una lengua extraña; no era un enemigo de la patria, y seguirlo no podría implicar un acto antipatriótico. Es verdad que había fijado su residencia fuera de los confines de Francia; pero la distancia, que le daba libertad de acción, lo hacía más estimado. Era el apóstol que escribía “a todos los que están en Francia, amados de Dios, llamados a ser santos”

En sus tiempos de estudiante, Calvino había demostrado poseer, junto con una maravillosa memoria, un agudo y penetrante intelecto, con gran facultad de asimilar ideas y modos de pensamiento; pero carecía de lo que podría ser llamado imaginación artística (3), y ni en el arte ni la poesía parecían sonar cuerda alguna en su alma. Su conducta era siempre digna, rectilínea, irreprochable. Por educación y por crianza si no por ascendencia, fue siempre el cumplido caballero francés, y se encontraba completamente a gusto con hombres y mujeres de noble nacimiento. Su carácter era serio, con poco sentido de humor, poca vivacidad, pero con extraordinario don de simpatía. Era reservado, un tanto tímido, lento para hacer amigos íntimos, pero, una vez que los hacía, la amistad duraba toda la vida. En todas las épocas de su vida –niño, estudiante, hombre de letras, jefe de un gran partido- parece haber sido centro de atracción y de confianza. El efecto de este misterioso encanto llegó a sentirse por quienes no vivieron en tiempo de su actuación. Su profesor, Mathurin Cordier, llegó a ser su devoto discípulo, Melanchton aspiraba a morir con su cabeza en el pecho de Calvino. Lutero, no obstante su suspicacia respecto de todo lo que procediera de Suiza, se sintió ganado a amarlo y a confiar en él. Y Knox, el más rudo e independiente de los hombres, lo reconocía como maestro, lo consultaba en toda duda y dificultad, y, salvo una excepción, siempre siguió sus consejos. Calvino amaba a los niños y solía invitarlos a su casa para Navidad; pero-y esto es característicamente francés-siempre se dirigía a ellos con ceremoniosa cortesía, como si fuesen hombres y mujeres crecidos que merecían tanta consideración como él mismo. Fue este rasgo el que cautivó a Beza cuando era un niño de doce años.

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