Calvino, Ministerio en Ginebra. Sugel Michelén

julio 14, 2009 § Deja un comentario

Farel ret CalvinLuego de su huida de París, Calvino fue a su ciudad natal, Noyon, donde renunció a los beneficios eclesiásticos que recibía por mediación de su padre desde hacía tiempo. De ahí partió hacia Angouleme, a la casa de un amigo y antiguo compañero de clase, Luis du Tillet, que era canónigo de la catedral, y quien simpatizaba con la Reforma. Éste había heredado de su padre unos 3 a 4 mil libros, una biblioteca enorme en aquellos días. Allí pasó Calvino varios meses, usando el nombre falso de Carlos de Espedille, aprovechando este tiempo para estudiar y, muy probablemente, para comenzar a bosquejar lo que habría de ser su obra magna: La Institución de la Religión Cristiana.

Finalmente, y luego de una corta visita a París y Orleáns, se establece en Basilea (de 1534 a 1536), donde publica su primera versión de la Institución, en marzo de 1536, redactada en latín. Esta versión original consta de 516 páginas, pasaría por 7 revisiones en los próximos 23 años, hasta alcanzar en 1559 el tamaño que tiene actualmente. La primera versión constaba de 6 capítulos, la última de 80 (esta obra monumental, que originalmente sería un breve manual de instrucción, habría de sufrir un aumento de un 500 %). “La Institución de Calvino vendría a ser la obra maestra que define la teología Protestante, el libro más importante que habría de ser escrito durante la Reforma.” (11) Y Wilhem Dilthey la califica “la exposición literaria y científicamente más perfecta del cristianismo desde sus orígenes.”(12) Calvino sale de Basilea en 1536 y se dirige a Estrasburgo con la intención de proseguir sus estudios y dedicarse a escribir. Pero algo ocurrió en el camino que habría de cambiar su vida para siempre. En este tiempo ya Calvino era un hombre muy conocido por los partidarios de la reforma, aunque no había cumplido aún los 27 años de edad. De manera que, al llegar a la ciudad de Ginebra en su camino a Estrasburgo, fue detenido por Guillermo Farel quien vio en Calvino el hombre que podía encargarse de la reforma en aquella ciudad. El mismo Calvino explica lo ocurrido:

“Guillermo Farel me detuvo en Ginebra, no tanto por su consejo o exhortación como por una imprecación terrible, la que sentí como si Dios desde el cielo hubiera puesto sobre mí su poderosa mano para aceptarme. Puesto que el camino más directo a Estrasburgo, ciudad donde intentaba retirarme, estaba bloqueado por las guerras, había resuelto entrar de paso en Ginebra quedándome una sola noche en dicha ciudad. Poco tiempo antes el papismo había sido expulsado de ella… pero las cosas aún no se habían tranquilizado, y la ciudad estaba dividida en facciones no santas y peligrosas. Hecho esto, Farel, que ardía con un celo extraordinario por el progreso del Evangelio, inmediatamente puso en tensión todos sus nervios a fin de detenerme. Y en cuanto supo que en mi corazón deseaba dedicarme a mis estudios privados, por lo cual quería mantenerme libre de otros compromisos, y al darse cuenta que nada lograría con sus súplicas, procedió a pronunciar una imprecación diciendo que Dios maldeciría mi retiro y la tranquilidad para estudiar que estaba buscando, si me retiraba y me negaba a cooperar cuando era tan urgente la necesidad. Me sentí tan afectado por el terror a causa de esta imprecación que desistí del viaje emprendido; pero, consciente de mi natural carácter tímido y vergonzoso, no quise ponerme bajo la obligación de desempeñar algún oficio especial”. (13)

Calvino se establece en la ciudad de Ginebra como lector de la Santa Escritura en la iglesia de San Pedro. Pero Calvino y Farel no se limitaron a la obra en Ginebra. A finales de Septiembre de 1536 ambos viajaron a la ciudad de Lausanne, donde se encontraba Pedro Viret (íntimo amigo de Calvino) laborando como pastor. La razón de su viaje era participar en un debate auspiciado por la ciudad de Berna, con el propósito de decidir cuál religión habría de predominar en los territorios circundantes que Berna había conquistado del Duque. Viret y Farel serían los exponentes del lado protestante (se suponía que Calvino no tomaría parte activa en la discusión); y de los 174 sacerdotes que aceptaron la invitación del lado Católico, sólo 4 de ellos participaron en el debate.

La catedral de Lausanne se abarrotó de personas. Cinco diputados de Berna acudieron para darle un carácter oficial al asunto; también contaban con secretarios que debían copiar la discusión palabra por palabra. Farel fue el primero en hablar; durante una semana presentó diez tesis que eran rebatidas por el lado católico, quienes acusaron a los protestantes de ignorar la tradición de los primeros padres de la iglesia sobre el asunto de la presencia de Cristo en la Eucaristía. “Si conocierais lo que los padres dijeron, veríais que vuestra posición es falsa y condenada.”(14) Calvino se sintió exasperado por esa declaración.

“Las horas que había pasado estudiando los primeros padres de la Iglesia, cuando era estudiante de París, le fueron de gran ayuda. Se levantó y empezó a refutar al orador católico. Con asombrosa memoria empezó a citar a Cipriano, Tertuliano, Crisóstomo, Agustín y muchos otros. Y no se limitaba a mencionar el autor, sino que Calvino identificaba y citaba el libro y el capítulo en el cual el Padre de la Iglesia había escrito sobre tal tema. Argumentaba de una forma intachable. Cuando terminó, la multitud estaba grandemente excitada. El pueblo se apretujaba y aclamaba con entusiasmo al joven orador desconocido.

Un monje franciscano alzó la voz diciendo que esta era la verdadera doctrina. Pidió a Dios que le perdonará sus pecados por haber estado enseñando y siguiendo los falsos dogmas de Roma durante tantos años. Muchos otros estuvieron de acuerdo con él, a pesar de que no se expresaron en forma tan efusiva. En los meses que siguieron, 120 sacerdotes y 80 monjes de los distritos circundantes se convirtieron a la fe protestante, que había pasado a ser la religión oficial en tales territorios”. (15)

Mientras tanto, en la ciudad de Ginebra Calvino se había convertido en el principal colaborador de Guillermo Farel en la tarea de proseguir el proceso de reforma. Para tales fines, en Noviembre de 1536 Calvino presentó ante el Consejo una Confesión de Fe de 21 artículos que el pueblo debía aceptar bajo juramento. Y unos meses más tarde, a mediados de Enero de 1537, los dos predicadores presentaron otro documento en el que pedían cuatro reformas básicas para la Iglesia de Ginebra:

1. Que nadie participara de la Santa Cena si no es con verdadera piedad y genuina reverencia. “Por tal razón y a fin de mantener la integridad de la Iglesia, es necesaria la disciplina.”(16) Calvino también pedía que la Cena del Señor se celebrara con más frecuencia.

2. Que se reformaran las leyes concernientes al matrimonio según la Palabra, “ya que el Papa las ha confundido de tal modo, dictando decretos a su antojo.” (17)

3. Que los niños fuesen catequizados por sus padres, y que en ciertas ocasiones del año comparecieran ante los pastores para asegurarse de que realmente estaban aprendiendo la Palabra de Dios.

4. Que el pueblo participara activamente en los servicios de adoración cantando salmos. “Hay salmos que deseamos sean cantados en la iglesia. Si se adopta la reforma, la gente tendrá que cantar en las iglesias. No han cantado durante siglos. Ni siquiera han entendido el latín cantado por los sacerdotes. Ahora, en vez de ser mudos espectadores, tendrán una parte en el culto. Con ello adorarán a Dios, cantando sus alabanzas, y darán gracias a Dios de común acuerdo.”(18)

El Consejo aceptó sin problema los últimos tres puntos; pero el asunto de la excomunión era otra cosa. Los magistrados se resistían a “cambiar lo que ellos consideraban como tiranía clerical católica por un nuevo yugo protestante.”(19) Calvino, por su parte, se sentía cada vez más decepcionado por el estado moral del pueblo.

“Calvino se fue llenando de una tristeza que rayaba en enojo. A su alrededor, el pueblo de Ginebra, volvía a la vida que habían abandonado cuando combatían contra el duque. Las tabernas de nuevo se veían llenas; gentes borrachas invadían otra vez las calles. Los dados volvían a requetear en las apuestas de juego. Las cartas nunca se estaban quietas. Los hombres hablaban sin recato de sus queridas o de sus aventuras con prostitutas. Se prepararon tablados en las plazas para una gran fiesta de baile. A Calvino el vestido de la gente le parecía inmodesto y vanidoso. Los hombres llevaban calzoncillos cortos en vez de pantalones, las mujeres meneaban faldones de sedas y joyas costosas. Y todo esto en una ciudad que se había declarado formalmente por el protestantismo. Muchas de estas personas habían levantado sus manos solemnemente en la catedral de San Pedro jurando vivir para Dios y su palabra, y todas ellas pertenecían a la iglesia de Ginebra. ¿Cómo podía un refugiado francés extranjero entre ellos, intentar enseñarles la fe que desconocían?” (20)

La tensión llegó a tal punto que el Consejo de la ciudad ordenó a Farel y a Calvino que dejasen de predicar; pero ambos desobedecieron la orden y se negaron a administrar el sacramento, por lo que el Consejo decidió expulsarlos de Ginebra. Y fue así como, el 25 de abril de 1538, Calvino y Farel abandonaron la ciudad.

 

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Sugel Michelén es Pastor de la Iglesia Bíblica de Nuestro Señor Jesucristo en República Dominicana. La biografía presentada en este sitio procede de su página web Todo pensamiento cautivo

Nota: Las citas siguen de la entrada anterior La conversión de Calvino

10 Calvin’s Comentaries; Vol. IV; pg. xl-xli.

11 Lawson, Steven J.; The Expository Genius of John Calvin; pg. 10.

12 http://calvino-jubileo-2009.blogspot.com/2006/11/470-aos-de-la-institucin-de-la-religin.html.

13 Calvin’s Comentaries; Vol. IV; pg. xlii-xliii.

14 Van Halsema; op. cit.; pg. 98.

15 Van Halsema; op. cit.; pg. 98.

16 Ibíd.; pg. 103.

17 Ibíd.; pg. 104-105.

18 Ibíd.

19 FCR; pg. 155.

20 Van Halsema; op. cit.; pg. 95-96.

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