Calvino como teólogo de la Palabra

marzo 13, 2009 § 2 comentarios

 

calvin09marsLa Reforma Protestante, dice Warfield, “fue la revolución más grande del pensamiento que el espíritu humano haya forjado desde la introducción del Cristianismo.”(6) Los contemporáneos de Calvino le consideraban “El Teólogo” por vía de eminencia, y fue Melanchton, el amigo íntimo de Lutero, quien le dio este título. Aunque Lutero, el héroe de Wittenburg, creó el Protestantismo, fue Calvino, como el genio de Ginebra quien lo salvó. (7) Calvino ha sido reconocido por la inmensa mayoría como el organizador sistemático dela teología Protestante. Sin embargo, no siempre se ha apreciado que era también un estudiante original de la Escritura, quien hizo algunas contribuciones como dogmático. El Dr. B. B. Warfield, quien ha hecho tanto como cualquiera en los tiempos modernos para entender la teología de Calvino y para darle prominencia, dice, “él marcó una época en la historia de la doctrina de la Trinidad por su insistencia en la auto-existencia como un atributo propio del Hijo y del Espíritu, lo mismo que del Padre, hizo a un lado los persistentes elementos del subordinacionismo, y aseguró para la Iglesia una conciencia más profunda de la co-igualdad de las Personas divinas. Introdujo la presentación de la obra de Cristo bajo la rúbrica del oficio triple como Profeta, Sacerdote y Rey. Creó la disciplina total de la ética Cristiana. Pero, por sobre todo, le dio a la Iglesia la doctrina completa de la Obra del Espíritu Santo, concebida profundamente y elaborada con todo detalle, con sus provechosas distinciones de gracia común y gracia eficaz, de los efectos noéticos, estéticos y telemáticos, un don, nos aventuramos a pensar, tan grande, tan cargado de beneficio para la Iglesia como para asignarle con justicia un lugar al lado de Agustín y Anselmo, y Lutero, como el Teólogo del Espíritu Santo, siendo ellos respectivamente el Teólogo de la Gracia, de la Expiación y de la Justificación” (Op. cit., p. 21).

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A. W. Pink, Breve Biografía

diciembre 9, 2008 § Deja un comentario

pinkNació el 1 de abril en Nottingham (Inglaterra). Aunque nacido en el seno de una familia evangélica devota, Pink se apartó hacia la teosofía de Annie Besant, llegando a ocupar un lugar prominente dentro de la sociedad teosófica inglesa. Gracias a la persistencia testimonial de su padre, Pink experimentó la conversión al Evangelio en 1908. En seguido se sintió llamado a dedicarse por completo a la obra cristiana. Habiendo oído del Instituto Bíblico de Moody en Chicago (EE.UU.), marchó a América para estudiar con James M. Gray y William Evans (v.), aunque si estancia allí fue bastante corta, abandonando los estudios para emprender inmediata labor evengelística. En 1910 aceptó el llamamiento a trabajar como predicador en un campo minero de Silverton (Colorado). Llegó a predicar unas 300 veces al año. Más tarde marchó a Australia donde sus predicaciones fueron muy bien recibidas. Pastoreó una iglesia bautista hasta que en 1928 regreso a su Inglaterra natal, donde comenzó una vida casi ermitaña, dedicado a escribir y atender la correspondencia, que en 1946 llegó a 20.000 cartas escritas a mano.

Gracias a la pequeña herencia que le legó su padre pudo dedicarse por completo a escribir y enviar gratis cada vez sus Studies in the Scriptures, así como otros libros, que podrían agruparse bajo la clasificación de teológicos, expositivos y devocionales, todos ellos cuajos de citas bíblicas. Aunque casi ignorado en vida, tras su muerte sus escritos no han parado de reeditarse, debido a la gran demanda de ellos.

Lector incasable, dice que para 1932 había leído la Biblia 50 veces y más de un millón de páginas de literatura teológica, con preferencia por los autores reformados, puritanos y de hermanos. Aunque muy independiente en sus doctrinas, fue calvinista en soteriología, rechazó el dispensacionalismo y el fundamentalismo de sus primeros años y siempre estuvo influenciado por la espiritualidad y ética de los Hermanos, así como por su eclesiología, que le llevaba a considerar la generalidad de las Iglesias cristianas en estado de apostasía, de tal modo que nunca procuró llevar una vida de membresía regular.

 

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Fuente: Editorial CLIE

La vida de Guillermo Farel. Capítulo 2: Los días de que habló Pablo

noviembre 24, 2008 § 2 comentarios

farel21Después de habernos mostrado los dos cuadros históricos, Frances Bevan nombra a aquellos que, exaltando el nombre de Jesucisto, perecieron antes de la Reforma en Londres. Si, los Lolardos, que fueron atormentados por su fe y que reconocían sólo a Jesucristo como su salvador, que creyeron en la elección y que durante la tortura de sus cuerpos podían decir: “Jesús es mi amor. Él está conmigo ahora”.

Los Lolardos, así se les llamaba a lo “seguidores” de John Wyclif, fueron atormentados por sacerdotes, monjes y monjas que “eran colocados bajo la capa de piedad” pero que hacían obras tales que “ni se nombraria(n) entre los paganos”. Bevan nos dice que es necesario conocer un poco, pero sólo un poco de la maldad de estos hombres y mujeres, ya que tales crímenes son necesarios recordar, “solamente con una ojeada”.

Pablo, mediante sus cartas, advirtió a la Iglesia de la apostasía, de las persecuciones y padecimientos de los hijos de Dios ante un mundo religioso. De esos días, en donde los Lolardos eran perseguidos, después los reformados, los hugonotes, los puritanos, era de lo que hablaba el apóstol cuando les advertía a los primeros creyentes.

Pero antes de seguir con el relato hacia la vida de Farel y pasar al siguiente capítulo,  F.B. examina el hecho y llega a la conclusión de que todo hombre no regenerado por la soberana gracia de Dios tiende a estos atroces pecados, sea un protestante o un papista, si la gracia no ha tocado su corazón su vida es religión vana y putrefacta. Unos tienen Biblia, otros solo imágenes de madera, oro y plata, pero “no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”.

Así que con el relato de la vida de Farel, Bevan nos hará ver dos cosas: “nuestra maldad y la bondad de Dios; el negro, pervesro corazón del hombre, y el amoroso corazón de Dios-la ruina que el hombre ha causado, y el remedio que Dios ha hallado. Toda la vergüenza para el hombre, toda la gloria para Dios”

 

<<Capítulo 1: Dos cuadros    –   Capítulo 3: El niño sin Biblia>>

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