La Conversión de Calvino. Sugel Michelén

julio 10, 2009 § Deja un comentario

calvin_zoomNo sabemos a ciencia cuándo ni cómo fue la conversión de Calvino. Pero sí sabemos que el 1 de noviembre de 1533 ocurrió un incidente que nos muestra que se había operado un cambio drástico en sus convicciones religiosas. El rector de la Universidad de la Sorbona en París, Nicolás Cop el amigo de Calvino, pronunció un discurso en ocasión de la apertura del año académico; pero más que un discurso, era un sermón que mostraba una clara influencia tanto de Erasmo como Lutero. En este sermón, Nicolás Cop defendió la doctrina de la justificación por los méritos de Cristo, a la vez que protestó contra los ataques y persecuciones de que eran objeto los que disentían de la Iglesia de Roma: “Herejes, seductores, impostores malditos, así tienen la costumbre el mundo y los malvados de llamar a aquellos que pura y simplemente se esfuerzan en insinuar el evangelio en el alma de los fieles.” Y luego añadió: “Ojala podáis, en ese período infeliz, traer la paz a la Iglesia más bien con la palabra que con la espada.” (8)

El discurso cayó como una bomba en la Universidad y en otros sectores, a tal punto que el Parlamento inició un proceso contra él. Por otra parte, comenzó a correr el rumor de que la mano de Calvino estaba detrás de la redacción del discurso. “Si Calvino no escribió el discurso, por lo menos lo influyó en tono y contenido, que era profundamente protestante.”(9) Un mes más tarde, cuando Nicolás Cop se dirigía al Parlamento para responder el sumario que se había preparado en su contra, un amigo diputado le envió una nota advirtiéndole que debía escapar por su vida, pues el Parlamento estaba siendo presionado por la Sorbona para que fuese condenado. Es así como Calvino y Nicolás Cop deciden escapar de París. Unos 30 años más tarde, en su Comentario de los Salmos, que data de 1557, Calvino habría de referirse a su conversión en estos términos:

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Libro: La Vida de Guillermo Farel, Frances Bevan

enero 15, 2009 § Deja un comentario

 

ace tiempo publiqué pequeños resúmenes de los primeros tres capítulos de este excelente libro a modo de introducción a la vida de Guillermo Farel. He terminado de leer la obra y publico esta brevísima reseña, nada exhaustiva, con el fin de que, si es del interés de cada uno, adquiera el libro y disfrute de una buena y edificante lectura.

Siempre es un placer el poder leer biografías de hombres usados por Dios a la manera de Farel. Muchas veces, los historiadores y catedráticos en los seminarios y Universidades, al tratar el tema de la Reforma Protestante fijan sus estudios en hombres como Lutero, Calvino, Erasmo, Zuinglio, y otros; pero pocas veces se hace memoria de Guillermo Farel, se le tiene como un simple compañero de Calvino, cuando a decir verdad, y habiendo revisado la historia, la obra de Dios en Ginebra fue, en su mayor parte, hecha a través de la predicación y ministerio de Farel.

farelEn este 2009 se celebrarán 500 años del nacimiento de Calvino: la iglesia de Cristo dará gracias a Dios por la vida de uno de sus hermanos, por su misericordia al dar a la Iglesia tal maestro, y creo firmemente que es necesario, en medio del recuerdo de Calvino, dar gracias a Dios  también por haber otorgado, en tiempos tan difíciles, un evangelista de la talla de Farel.

Desde los primeros capítulos y a lo largo de todo el escrito se percibe la labor evangelística de Farel a tal grado, que en mi mente pasaba la figura de Pablo y Pedro en Hechos viviendo en el Siglo XVI. Desde la salida del Delfinado, su tierra natal en Francia -en 1509-, hasta la llegada a Ginebra y sus últimos días en Neuchâtel, la vida de Guillaume se vio envuelta en un sinfín de dificultades al presentar el Evangelio. Acusado de herejía y “luteranismo”, Farel fue recibido en cada ciudad en la que predicó, – Basilea, Paris, Berna, Vaud, Meaux, Neuchâtel, Lausana y Ginebra- con férrea oposición: insultos, amenazas de muerte y tremendas golpizas fueron su porción. A diferencia de los evangelistas de este siglo, los bolsillos de Farel no estaban llenos de dinero y su persona de codicia, sino que era lleno del Espíritu Santo y con sustento y abrigo, si no es que menos, estaba contento. La multitud no se juntaba para ver cuántos milagritos hacía, todo lo contrario, el grito era: ¡Al Ródano!

Francés Bevan, nos dice que fue de la boca del maestro Santiago Faber de quien Farel escuchó por primera vez el Evangelio de forma clara y reveladora. Con deseos de aprender latín, Farel buscó en Paris alguien que pudiera enseñarle y encontró al maestro Fabel, un católico que, por el estudio de las Escrituras, se estaba haciendo “evangélico” y encontraba la justificación por fe, que después predicaría en La Sorbonne, en la misma Facultad de Teología que era el centro de la erudición papista. Fabel, expuso magistralmente el Evangelio y después de eso, nos dice nuestro biografiado:

…todo parecía ante mi como en una nueva creación. Las Escrituras vinieron a serme más claras, la luz brilló en mi alma. Una voz, hasta entonces desconocida-la voz de Cristo, mi Señor, mi Maestro, me hablaba después con poder. Dios, compadeciendo nuestro error, nos enseñó que Él solamente, por Cristo, la propiciación por nuestros pecados, por Cristo, el Mediador y Abogado, borra nuestras trasgresiones por amor suyo, puesto que son todas limpiadas por su sangre. A Él sólo me afiancé…”

Así, Farel, en esta seguridad de la justificación por la fe y la elección soberana de Dios, recibió su llamado a predicar el Evangelio y denunciar las falsedades del romanismo. En su caminar, tuvo encuentros con Zuinglio, con Erasmo-quien odiaba a Farel y sobre quien desató la furia que no pudo contra Lutero-, y trabajó a lado de Pedro Viret, Roberto Olivetán, Antonie Marcourt, Baudichon y aún sostuvo correspondencia con Margarita de Navarra, hermana del Rey de Francia.

farelUno de los aspectos más apasionantes de la historia de la vida de Farel, fue su  labor en Ginebra, una labor imposible, que Dios hizo posible. La oposición en la ciudad para recibir el Evangelio por parte de los sacerdotes, gobierno y la población entera fueron los años más desgastantes de Farel. Bevan dedica alrededor de veinte capítulos para narrar en detalle la historia de Ginebra y de cómo estando por fin Farel predicando al interior de la ciudad, la oposición se acrecentó después de ser sitiada por el mismo Duque de Saboya y asediada por el emperador Carlos V. Ginebra, que después sería el fuerte protestante, fue librada milagrosamente de la mano de los enemigos para dar paso libre al glorioso Evangelio del Dios bendito. La combinación de circunstancias, en el momento preciso de la agonía de un pueblo entero, no fueron obra de la casualidad, sino respuesta a la oración y trabajo arduo de Farel y sus compañeros.

Tras la liberación de Ginebra por la poderosa mano de Dios, se nos dice que Farel siguió trabajando arduamente por llevar el Evangelio y por reformar la ciudad, esta vez, al lado de su amado Calvino. Se nos cuenta de su destierro por parte de los encargados del gobierno impulsados por los libertinos de la ciudad y de cómo en su vejez  se casó con una joven, engendró al pequeño Juan Farel y después de seguir predicando,  fue encarcelado en Gap, cárcel de la cual, logró salir, para después, el 13 de Septiembre de 1565, en Neuchâtel, partir a la presencia del Señor.

Sin duda, una gran recomendación para todo aquél que se interese en la Reforma Protestante y en la Historia de la Iglesia, no sólo por la información presentada, sino también por el estilo de Francés Bevan en la narrativa. El libro abunda en detalles acerca de la vida del Reformador y del contexto histórico en el cual se desarrolló el mayor avivamiento de todos los tiempos, siendo así un trabajo serio y reformado, valioso para cualquier estudiante de los temas antes señalados.

 

 

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Bevan, Frances. La Vida de Guillermo Farel. CLIE. España. 334 p.

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