El impacto de Calvino en la cultura

 

calvinoEste juicio de Warfield (véase la entrada El impacto político de Calvino) se confirma por el hecho de que Calvino también liberó a toda la esfera de la cultura de la tutela de la iglesia. Calvino rechazó el esquema de naturaleza y gracia de Aquino, en el que el mundo está dividido en mitades superior e inferior, dadas respectivamente al dominio de la fe y la razón. En esta visión la gracia incluye la religión, la ética, la teología y la iglesia; pero la naturaleza es el ámbito de la cultura, incluyendo todas las actividades naturales del hombre. Dándose cuenta de lo inadecuado del ámbito inferior, en y por sí mismo, Aquino y la iglesia en pos de él colocan toda la esfera de la cultura bajo la tutela de la iglesia, y ésta se convierte en sirvienta de la teología.

Guillermo de Occam, el filósofo nominalista, oponiéndose a este señorío, enfrenta antitéticamente a los dos ámbitos el uno contra el otro. Él, en verdad, liberaría al arte y a la agricultura, al comercio y a la industria del poder del papa, pero las transfiere a las manos de duques y reyes. De esta forma se convirtió en el padre de una cultura controlada por el estado, el primer filósofo moderno del totalitarismo. Ahora Calvino proclamó junto a la iglesia y al estado un tercer ámbito, un área de la vida que tiene existencia y jurisdicción separada. Es llamada la esfera de la adiaphora, las cosas promedio. Este es el tribunal de la conciencia. Ningún papa o rey puede dominar en este ámbito. Esta área no está restringida a unos pocos asuntos insignificantes de gusto y opinión entre individuos, sino que incluye la música, la arquitectura, el aprendizaje técnico, la ciencia, las festividades sociales, y la cuestión de todos los días, “¿Qué comeremos y qué beberemos o con qué vamos a vestirnos?”

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El impacto político de Calvino

calvin55eLa Reforma, en su esencia, no era un asunto de lo periférico, sino del corazón, del cual brotan los asuntos de la vida. Se dirigía a la cuestión de la relación del hombre con Dios, la que es determinante para todas las otras relaciones de la vida. En este sentido era católica y universal en su impacto sobre la vida total de la sociedad. Aunque la restauración de la verdadera iglesia era la meta principal, la divina gloria de la obra de Dios en Cristo arrojó su luz con amplitud hacia toda esfera de la vida.

El impacto de las ideas de Calvino en la esfera política inauguró una nueva era, dándole un carácter y una dirección nuevas a la existencia nacional en muchas tierras. El estado Griego había sido totalitario, en el que la religión servía como un medio para un fin, a decir, la glorificación del estado. En la Edad Media los roles fueron revertidos de manera que nos encontramos con una iglesia-estado, con la suprema autoridad conferida al papa, quien prestaba el poder temporal al gobernante terrenal para el servicio de la iglesia. Calvino miró a la iglesia y al estado como dos entidades interdependientes cada una habiendo recibido su propia autoridad del Dios soberano. En esta concepción el estado nunca es secular, ni están el estado y la iglesia separados en el sentido moderno de la palabra. La democracia atea y la soberanía popular no pueden decir que Calvino es su padre.

Según Calvino, la iglesia y el estado deben vivir en paz y deben cooperar juntos en sujeción a la Palabra de Dios. Cada una ha de tener su propia jurisdicción. El estado tiene autoridad en los asuntos puramente civiles y temporales; la iglesia, en los asuntos espirituales. Calvino abolió la cláusula de la ley canónica del beneficio del clero, colocándose a sí mismo y a sus asociados ministeriales en obediencia a los magistrados todos los asuntos civiles. Los magistrados, por su parte, habían de estar bajo la jurisdicción del consistorio en las cosas espirituales. Es claro por esto que Calvino pensaba del estado como constituido por ciudadanos Cristianos, pues, así como no hubiera sido posible, la vida individual próspera sin moralidad basada en la verdadera religión, así también, sostenía Calvino, la vida social y política sin verdadera moralidad, la que a su vez está basada en la verdadera religión, a decir, la Cristiana, es imposible.

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Calvino como teólogo de la Palabra

 

calvin09marsLa Reforma Protestante, dice Warfield, “fue la revolución más grande del pensamiento que el espíritu humano haya forjado desde la introducción del Cristianismo.”(6) Los contemporáneos de Calvino le consideraban “El Teólogo” por vía de eminencia, y fue Melanchton, el amigo íntimo de Lutero, quien le dio este título. Aunque Lutero, el héroe de Wittenburg, creó el Protestantismo, fue Calvino, como el genio de Ginebra quien lo salvó. (7) Calvino ha sido reconocido por la inmensa mayoría como el organizador sistemático dela teología Protestante. Sin embargo, no siempre se ha apreciado que era también un estudiante original de la Escritura, quien hizo algunas contribuciones como dogmático. El Dr. B. B. Warfield, quien ha hecho tanto como cualquiera en los tiempos modernos para entender la teología de Calvino y para darle prominencia, dice, “él marcó una época en la historia de la doctrina de la Trinidad por su insistencia en la auto-existencia como un atributo propio del Hijo y del Espíritu, lo mismo que del Padre, hizo a un lado los persistentes elementos del subordinacionismo, y aseguró para la Iglesia una conciencia más profunda de la co-igualdad de las Personas divinas. Introdujo la presentación de la obra de Cristo bajo la rúbrica del oficio triple como Profeta, Sacerdote y Rey. Creó la disciplina total de la ética Cristiana. Pero, por sobre todo, le dio a la Iglesia la doctrina completa de la Obra del Espíritu Santo, concebida profundamente y elaborada con todo detalle, con sus provechosas distinciones de gracia común y gracia eficaz, de los efectos noéticos, estéticos y telemáticos, un don, nos aventuramos a pensar, tan grande, tan cargado de beneficio para la Iglesia como para asignarle con justicia un lugar al lado de Agustín y Anselmo, y Lutero, como el Teólogo del Espíritu Santo, siendo ellos respectivamente el Teólogo de la Gracia, de la Expiación y de la Justificación” (Op. cit., p. 21).

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