Calvino: El jovencito de Noyon, por Leopoldo Cervantes-Ortíz.

CalvinMontHace 100 años, para celebrar el 400º aniversario del natalicio de Calvino, el Colegio fundado por él, que cumplía 350 años, encargó una serie de grabados sobre la vida del reformador a Henri van Muyden (1860-1936), la cual consta de 12 piezas que muestran a Calvino en diversas etapas, desde su infancia hasta sus últimos días.

El primer grabado corresponde a su paso por las aulas del Colegio Montaigu, de París, luego de una infancia aciaga, marcada por la muerte de su madre en 1515. A los 14 años (agosto de 1523) ingresó al Colegio de la Marche, en París, dirigido por el latinista Maturin Cordier, quien lo acompañaría más tarde en Ginebra, ya en plena labor reformadora, desempeñando tareas educativas.

Calvino estudió, más tarde, en el Colegio de Montaigu (adonde también lo hizo Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús). Allí recibió una sólida formación en gramática, filosofía y teología, y tuvo como profesor a John Major, comentarista de los Evangelios y defensor de la doctrina católica en contra de Wyclif, Hus y Lutero. Calvino inició sus estudios de derecho en 1528, en Orléans, el sitio más famoso de la época. Aprendió velozmente el griego y al año siguiente se trasladó a Bourges para estudiar con el notable jurista Alciati. En 1531 acudió a Noyon para acompañar a su padre en sus últimos momentos (había sido excomulgado por el obispo de la ciudad).

El segundo grabado de Van Muyden muestra a Calvino junto a su primo Pierre Robert (alias Olivetán, futuro traductor de la Biblia, en 1535, con prólogos de Calvino), quien muy probablemente lo introdujo a las ideas heterodoxas del momento, luteranas para mayores señas, aunque ya con el sello del humanismo francés, dirigido por Jacques Lefèvre d´Etaples (1450-1537) y otros pensadores.

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Calvino y el Rey David

calvinCalvino, antes de ser el “déspota de Ginebra”, “el creador del capitalismo”, “el causante de las Guerras de Religión”, “la desgracia más grande de Francia”, “homosexual y depravado”, antes de ser “amante de la hoguera”, fue un pastor y hombre de Iglesia, un hombre bíblico, que encontraba en la Escritura un espejo de su realidad (Stg. 1:25). Si bien nunca se dio el título de apóstol, su vida es una réplica de Pablo, y si bien nunca se proclamó rey ni príncipe de nada,  su vida encuentra en David cierto reflejo, que Denis Crouzet ha tenido bien ha señalar en su obra.

Bernard Cottret-señala Crouzet- “subraya con acierto que el relato biográfico de Calvino sólo adquiere significación como un remedio de la vida de David. Lo mismo que David se ha visto forzado a luchar sin tregua contra los filisteos, al tiempo que era también contestado en el seno de su propio pueblo, Calvino declara que ha tenido que librar combates continuamente, ha tenido que realizar «las mismas cosas o parecidas». Y el salmista es el paradigma de hombre de fe, pues, aunque sujeto a pasiones y tentaciones, ha mirado siempre «lo que Dios muestra», ha sido, como Calvino, «un pobre hombre vagabundo»,«expulsado del templo», como Calvino expulsado de su país, pero siempre se ha entregado por entero a Dios.

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Calvino y el humanismo

 

cMuchas veces se ha identificado a Calvino como un humanista francés. Pero ¿realmente Calvino se adhería a tal filosofía? Si no es así ¿Por qué entonces se le considera un humanista? Bernard Cottret nos dice que se considera a Calvino un humanista debido al contexto en el que vivió: la recuperación de los pensadores y las letras clásicas; el auge de la filosofía, en fin, el renacimiento. Pero la concepción del hombre de Calvino era diferente y aún opuesta al pensamiento de Erasmo o los llamados humanistas evangélicos.

“Al contrario que la de Pico de Mirandola o que la de Erasmo, la antropología calviniana niega que, por su propia voluntad, el hombre pueda ser fuente de bien, subraya que él no es dueño de sí mismo o, cuando menos, que sólo está dominado por la voluntad de Dios. Además, redefiniéndolo de manera significativa en relación con Erasmo, Calvino utilizará el motivo paulino y humanista del «scientia inflat» (1 Corintios 8:1), de la ciencia que hincha a los hombres y los hace criaturas de vanidad; y aquí, en el marco del sermón ciento tres del libro de Job, será quizás, precisamente, el universo humanista de los erasmianos el que atacará y tomará como blanco. Para él, se tratará de denunciar a los hombres que nunca tienen suficiente en la búsqueda del saber, que nunca tienen bastante en «alimentarse de viento», que «se atormentan y trabajan mucho por saber de esto y de aquello, y no saben por qué, no tienen ninguna firmeza».

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