Coincidencias literarias

5 noviembre de 2016

Hoy en Bahía de Caráquez, en la costa de Ecuador, leí “El Laucha Benítez”, un hermoso cuento del argentino Ricardo Piglia en el que un chico de 17 años se halla ante la encrucijada de ser cantautor o boxeador. Decide la última profesión pero a lo largo de su vida nunca deja de entonar letras de amor y desamor como pasatiempo. Las baladas favoritas del personaje de Piglia eran nada más y nada menos que las de Julio Jaramillo, “El ruiseñor de América” y el más grande de los cantantes ecuatorianos. Hermosa coincidencia literaria la del viaje.

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La esperanza y la ética siempre van de la mano. Notas

La esperanza y la ética siempre van de la mano. No existe una sin la otra. No hay espera militante de lo que viene sin fraternidad, sin proximidad, sin amor al prójimo. Toda comunidad por-venir está cimentada en la certeza de la posibilidad de construir otros mundos en los que el amor reine sobre el odio: mundos en los que el esclavo sea libre, el ignorante sea sabio y el explotado no lo sea más.

De igual manera, el amor al prójimo es enunciado y practicado siempre en referencia al por-venir: se espera con certeza que esa praxis sea la fuerza universal que precipite el tiempo para encarnar de una buena vez, aquí y ahora, la utopía anhelada.

Protestantismo, historia y revolución.

El protestantismo surgió en el siglo XVI como un movimiento espiritual, cultural y, por lo tanto, profundamente político. Nunca aceptó la voluntad del Papa, ni de la jerarquía católica y se negó a obedecer a las “autoridades” cuando estas actuaban injustamente. Los papistas (haciendo una interpretación tramposa de las Escrituras) encarcelaron, torturaron y mataron a miles de protestantes porque, decían, al “desobedecer a las autoridades puestas por Dios desobedecían a Dios mismo”. Basta mirar El libro de los mártires de John Foxe para dimensionar el carácter sanguinario que tuvo la represión católica sobre la Reforma. 

Los protestantes, sin embargo, sabían que hacían lo correcto y estuvieron dispuestos a demostrarlo. Confrontaron al sistema de Roma y le arrebataron tres cuartas partes de Europa. Sembraron en la práctica la semilla de lo que un siglo después conoceríamos como el “derecho de rebelión” o “desobediencia civil”, conceptos íntimamente ligados a los de “revolución” y “cambio”, como ha demostrado Michael Walzer en La revolución de los santos. Estudio sobre los orígenes de la política radical.

Aquellos protestantes que apelan hoy a la resignación y a la obediencia ciega a los regímenes de injusticia porque “son autoridades puestas por Dios” no hacen más que negar su propia historia.