Hemingway & Gellhorn

octubre 3, 2012 § Deja un comentario

27 de septiembre

HEMINGWAY & GELLHORN. En estos días conseguí varios textos de Hemingway en formato electrónico, pero lo más relevante del asunto es que la búsqueda me permitió descubrir como por accidente la excelente película de Philip Kaufman: Hemingway & Gellhorn, un filme basado en los años de matrimonio del escritor estadounidense y la periodista Martha Gellhorn, interpretada soberbiamente por Nicole Kidman.

Tal vez los mayores logros de la cinta sean dos: por un lado, la representación meticulosa del carácter de Hemingway y de Gellhorn que nos permite entender el fracaso de su vida conyugal -«We were good in war, but when there was no war we made our own. The battlefield neither of us could survive was domestic life» es una de las líneas mejor logradas y puede sintetizar en sí misma toda la obra-, pero sobre todo nos permite entender las pasiones irreprimibles que dieron forma a sus vidas; y por el otro, la recreación del momento histórico en el que se desenvuelven los personajes (la Guerra Civil española) y el contexto en el que Hemingway concibe el guión para el documental Tierra española y para uno de los mejores frutos de la literatura moderna: Por quién doblan las campanas.

 

 

 

Nuevos títulos, autores, ediciones.

octubre 3, 2012 § Deja un comentario

25 de septiembre

NUEVOS TÍTULOS, AUTORES, EDICIONES. Sigo esperando a que me brinden mi fecha de salida rumbo a Quito. Mientras tanto, he pasado los dos últimos días repasando algunos capítulos de Los Estados Unidos: síntesis histórica, cultural y geográfica de Malcom Bradbury y Howard Temperley, así como de Trilogía de la Memoria, de Sergio Pitol. El objetivo: obtener de sus páginas referencias de autores, películas, etc., que me permitan ir adquiriendo de a poco nuevos títulos, ejemplares, ediciones. El primero, evidentemente, arroja escritores y artistas estadounidenses del siglo XX. Desde la lectura de Kerouac, Poe, Hemingway y Carver, la literatura estadounidense me atrae significativamente. El texto de Bradbury y Temperley es en este sentido una ventana abierta a ese mundo. El segundo es en referencias tan variado como numeroso. Leer a Pitol es un deleite, pero sobre todo una provocación. La manera en la que disfruta del arte y de la vida nos invita irremediablemente a tratar de imitarle.

Producto de este ejercicio he conseguido algunas ediciones electrónicas de Ezra Pound, T. S. Eliot, Gary Synder, Thomas Wolfe, Kenneth Rexroth, Robert Lowell, Harvey Swados, John Hersey, John Dos Passos, Scott Fitzgerald, Norman Mailer, John Steinbeck, James Jones, Carson McCullers, John Berryman, Truman Capote, Flannery O’Connor, J.D. Salinger, Ralph Ellison, Saul Bellow, James Baldwin, John Updike, Gore Vidal, John Cheever, Vladimir Nabokov, Allen Ginsberg, William Burroughs, Sherwood Anderson, Sinclair Lewis, William Faulkner y Henry Longfellow. Todos ellos provenientes del estudio de Bradbury y Temperley. Mientras que por el lado de Pitol he conseguido dar con títulos y ediciones de Gombrowicz, Conrad, Canetti, Andrzejewski, Robert Musil y Francisco Delicado. Los próximos días seguiré entregado a esta tarea hasta que los preparativos de los últimos detalles para mi viaje me lo permitan.

Joe Henderson

octubre 3, 2012 § Deja un comentario

23 septiembre

JOE HENDERSON. Pocas cosas disfruto tanto en la vida como el jazz. Adquirí el gusto en la adolescencia, cuando tenía unos 16 o 17 años. Mi encuentro con John Coltrane y Paquito D’Rivera fue tal que un par de años después me atreví a estudiar saxofón por una breve temporada. Fracasé. Aunque es uno de los instrumentos más bellos, es también uno de los más complicados, o lo fue para mí. Desde entonces aprecio más a los grandes saxofonistas: entiendo –o trato de entender- la complejidad que implica la interpretación: es un acto creador, sublime, una experiencia en todo el sentido de la palabra.

Tal vez haya sido Cortázar –que tocaba la trompeta, pero que sobre todo hacía jazz con su literatura- en «El Perseguidor», aquél cuento dedicado a Charlie Parker, quien mejor haya comunicado el sentir del jazzista, del saxofonista en particular, a la hora de tocar.

Escribía Cortázar en 1969, dándole voz a Johnny Carter, el personaje que refleja la figura de Parker en el relato:

«Pero debe ser hermoso, yo siento que debe  ser hermoso. Te estaba diciendo que cuando empecé a tocar de chico me di cuenta de que el tiempo cambiaba. Esto se lo conté una vez a Jim y me dijo que todo el mundo se siente lo mismo, y que cuando uno se abstrae… Dijo así, cuando uno se abstrae. Pero no, yo no  me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Es como en un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada raro, y entre tanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad se quedó ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las últimas hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo, si te lo puedo decir así».

El tiempo, el espacio, el sentido de realidad, o de cierta realidad, se modifica con la música, pero en especial con el jazz.

Tal vez eso me haya sucedido hoy con Joe Henderson. Descubrí en mi biblioteca de música tres discos que jamás había escuchado: Page One (1963), Our Thing (1963) y Mode For Joe (1966). Se trata de un conjunto de producciones que, junto a In ‘n Out (1964), Inner Urge (1964) y The State of the Tenor: Live at the Village Vanguard, Vols. 1 & 2 (1985), fueron realizadas bajo el prestigioso sello de Blue Note Records. Escuché los discos por la tarde, dos o tres horas verdaderamente valiosas. No es solamente el tiempo del que interpreta el que se transforma, sino también del que disfruta hedonistamente. Es como subirse también al ascensor.

 

 

 

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