Libro: Amazing grace in the life of William Wilberforce. John Piper

 

amazinggrace

John Piper ha dicho que Hebreos 11 es un llamado a los cristianos para leer biografías de aquellos que nos  antecedieron en la fe, siempre aprendiendo de ellos y de su testimonio por Cristo.  Piper, con “corazón de pastor y pluma de erudito”, se acerca a la vida de Wlberforce atraído por la perseverancia de este hombre en la causa que Dios le mandó: abolir la esclavitud. A pesar de dificultades de salud graves, de ataques por parte de la oposición nacional e internacional y de la dificultad de su empresa, Wilberforce encontró en Dios su gozo y fortaleza para seguir adelante. Este pequeño libro de apenas noventa y tres páginas, nos muestra la vida de un político que cambió el modo de vida de una de las naciones más influyentes del mundo: La Gran Bretaña. Piper, citando a Pollock, nos dice:

No hay duda alguna de que Wilberforce cambió los conceptos morales de la Gran Bretaña, la reforma de las costumbres creció para convertirse en las virtudes victorianas, y Wilberforce tocó al mundo cuando puso de moda la bondad. Haga un contraste entre finales del Siglo XVIII con su moral relajada y su vida pública corrupta, y a mediados del siglo XIX. Cualesquiera que fueran sus defectos, la vida publica británica del siglo XIX se hizo famosa por su insistencia en el carácter, la moral y  la justicia, y los negocios británicos se hicieron mundialmente famosos por su integridad”

Lo apasionante de la vida de Wilberforce es que fue a través del cumplimiento del propósito que Dios tenía para él desde antes de la fundación del mundo que millones de esclavos recibieron su libertad y naciones enteras se beneficiaron de la pasión del político por la gloria de Dios. Se beneficiaron de una vida de oración, de estudio,  santidad y perseverancia en la gracia y la fe “una vez dada a los santos”. Su pastor y amigo, William Jay, acerca del propósito de Wilberforce, escribió:

Sus esfuerzos desinteresados, abnegados, fatigosos e infatigables a favor de esta causa de justicia y humanidad harán caer la bendición sobre millones, y las edades por venir, se gloriarán con su recuerdo”

La influencia que ejerció Newton en la vida de Wilberforce fue trascendental en su formación como político y hombre de fe; fue el mismo Newton quien le convenció de no abandonar la política, ya que aseguraba que ese era el medio en el cual Dios lo iba a utilizar, y así fue.  Algunos otros, como Whitefield, Wesley o Cowper,  también influenciaron la vida de Wilberforce. Wesley le animó y Cowper le dedicó uno de sus apasionantes himnos.

La lucha de Wilberforce fue incesante, en 1807 logró la primera victoria al conseguir que se declarara ilegal la trata de esclavos, y fue hasta 1833, tres días antes de su muerte, que logró suprimir la esclavitud en la Gran Bretaña.

La votación decisiva de victoria para este esfuerzo se produjo el 26 de Julio de 1833…la esclavitud misma había sido declarada ilegal en las colonias británicas. Algunos arreglos menores en la legislación se llevaron varios días más. ‘Es un hecho singular’, dijo Buxton, ‘que en la misma noche en que nosotros estábamos dedicados a esto con éxito en la Cámara de los Comunes, para aprobar la cláusula del Acta de Emancipación, una de las cláusulas más importantes que se hayan aprobado jamás, el espíritu de nuestro amigo se marchara de este mundo. El día que significaba la terminación de sus labores fue también la terminación de su vida’. “

Algo que caracteriza a los libros de Piper es que siempre resalta el sufrimiento de sus biografiados, por una simple y sencilla razón: por que el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad. Piper siempre hace notar que para un verdadero cristiano, el gozo está por encima de todas las cosas visibles, por encima de su bienestar y seguridad; el gozo de un cristiano es Dios mismo manifestado en la persona de Cristo y es ese gozo, ligado a la pasión por la gloria de Dios, la raíz de la perseverancia de los santos en la voluntad de Dios. Por eso en esta ocasión, Piper dedica un capítulo entero a describir las evidencias de ese gozo en la vida de Wilberforce, un gozo que encontraba en sus momentos de intimidad con Dios. John Brown nos dice acerca de esto:

Con frecuencia lo acompañaban a la mesa del desayuno personas de la más alta distinción, pero él nunca hacía aparición hasta no haber terminado sus propias meditaciones, leído su Biblia y orado”

Un gozo, una vida y un propósito fundados en las gloriosas doctrinas de la gracia, en las gigantescas verdades del Evangelio. No era una moral cristiana y una motivación fuera de las Escrituras, acerca de la integridad, el mismo Wilberforce escribía:

…aquel que quiera abundar y crecer en este principio cristiano, sea muy versado en las grandes doctrinas del Evangelio. Del descuido de estas doctrinas peculiares surgen los principales errores prácticos que cometen la gran masa de los que profesan ser cristianos.”

Sin duda, otra gran obra de Piper, donde la Gloria de Cristo y la soberanía de Dios se hacen manifiestas, esta vez, en la vida de un político inglés.

 

Tu nación, Wilberforce, con justo desdén

Oye cómo unos hombres crueles e impíos te llaman

Fanático, por tu celo por liberar a los cautivos

Del exilio, la venta pública y la cadena de la esclavitud

Amigo de los pobres, los oprimidos, los encadenados

No temas que una labor como la tuya haya sido en vano.

 

Vosotros sois la sal de la tierra;  pero si la sal se desvaneciere,  ¿con qué será salada?  No sirve más para nada,  sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo;  una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud,  sino sobre el candelero,  y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres,  para que vean vuestras buenas obras,  y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos.

 

 

 


Piper, John. Maravillosa Gracia en la Vida de William Wilberforce. UNILIT. p. 24

Ibíd. P.48

Ibíd. P.47

Ibíd. P.84

Ibíd. P.86

Ibíd. P. 48 Extracto del Himno dedicado a Wilberforce por William Cowper. 

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La vida de Guillermo Farel. Capítulo 1: Dos cuadros

 

farelAntes de mencionarnos los dos cuadros que  presentará para realizar el inicio de su trabajo y darnos el contexto histórico y la visión bíblica de los sucesos que se dispone a narrar, Bevan nos hace ver que la obra de Farel, fue, antes que otra cosa, un mandato de Dios, un propósito que vino de lo alto y que como Moisés, Farel fue llamado al frente de batalla en un momento específico para realizar una obra específica. “Cuando Dios da trabajo, da el trabajo debido, y a su debido tiempo”

Ahora, haciendo la aclaración pertinente, Bevan nos presenta el primer cuadro, donde Pablo, el Apóstol, predica en Troas  enseñando el Evangelio y declarando la autenticidad del Mesías. Con una treintena de citas bíblicas nos presenta, en menos de dos páginas, el resumen del pensamiento paulino: “Hablaba de Cristo, siempre de Cristo”, de su obra, de su sacrificio, de su elección, de su venida y de su justicia, de su Iglesia y de Sus propósitos. Pero también nos dice del apóstol, como lo declara la Escritura, que éste advirtió a la Iglesia de los peligros de los falsos maestros, de aquellos que se agradan a si mismos y que no sufren la sana doctrina, sino que enseñan conforme a sus concupiscencias. Punto que le valdrá el título a su segundo capítulo.

Por lo pronto, nos presenta el segundo cuadro, unos 1400 años después, en el corazón de una ciudad cualquiera de Europa, donde vemos a hombres con ropas adornadas y riquísimas joyas, imágenes de madera, de plata y de oro. Hombres adorando a su dios, a un pedazo de pan, una oblea, que según ellos es Cristo. Se repite “la oración  a la hostia” una y otra vez para el perdón de pecados, cuarenta y seis mil años para ser exactos, concedidos por el Papa Pablo por la oración a San Gregorio. Se les enseña la adoración a María y la doctrina del purgatorio, la oración a los muertos y por los muertos.

Acerca de María, la Virgen, se decía “Venid a ella todos los que estáis cargados y trabajados y ella os hará descansar”, dándole un lugar que solo a Jesús pertenece, y así, múltiples atroces que no me atrevo a mencionar. Así era la Europa de aquellos años, así es aún la iglesia papista, rinden culto a todo lo que se mueva y a lo que no se mueva también. Dos escenarios, dos cuadros muy distintos, la luz, las tinieblas, el Evangelio y la religión de los hombres es lo que nos otorga en este primer capítulo. Sí, Farel, Calvino, Lutero y compañía vivieron en este tiempo donde en cada rincón de la Europa Católica donde era pronunciado el nombre de Cristo se le asociaba con un trozo de materia o bien, se le menospreciaba al grado de poner a María en su lugar. 

El siguiente capítulo abordará más a fondo este tiempo, los días que Pablo dijo que vendrían estaban en su punto más cruel y desolador para la humanidad.

 

Capítulo 2: Los días de que habló Pablo >>

Calvino, “El arte de predicar”

Siempre es bueno aprender de otras personas, en especial cuando éstas son personas cristianas. Nuestra única regla de fe y conducta es la Biblia; de ella debemos aprender directamente, así que si hemos de aprender lo bueno de alguien, que su ejemplo sea bíblico y no mera percepción de nuestros sentidos. En lo personal, me gusta leer biografías de hombres que mostraron en su vida características cristianas, no porque en ellos se encuentre toda la verdad y un ejemplo infalible de vida, sino porque fueron instrumentos usados por Dios, preparados por el Señor para Su gloria. Calvino, un hombre común, siempre ha sido para muchos cristianos un referente de vida dedicada al servicio de Dios, de firmeza doctrinal y de vocación al ministerio. En este fragmento que he extraído del libro de Bernard Cottret, el autor nos deja ver un poco más acerca de Calvino predicador. Este apartado me recordó el libro de C. H. Spurgeon, “Discursos a mis Estudiantes”, en donde la semejanza de ideas acerca del “arte de predicar” es de apreciar. Spurgeon seguramente leyó y asimiló algunas de las ideas de Calvino acerca de la predicación; la semejanza de palabras e ideas entre Spurgeon, Calvino o Baxter en su “Pastor Reformado” no ha de sorprendernos ya que han sido tomadas de una misma fuente, con el mismo cántaro, para un mismo fin: combatir unánimes, en un mismo espíritu, por la fe del evangelio. (Fil. 1:27). Entonces, aquellos que han sido llamados a enseñar y predicar, deberían aprender de las sendas antiguas.

 

“No estoy aquí para aprobar una ley nueva, ni artículos de fe”

Calvino (1)

Calvino fue un predicador con talento…el tono de Calvino en el púlpito es inimitable, su estilo incisivo se modula según las reacciones de su auditorio. Se muestra familiar, apremiante, o con un gesto de la mano es capaz de evocar la belleza de la creación: “Calvino unía el gesto de la palabra. Junto a los cambios de voz, las dramatizaciones, el empleo de la primera persona del singular, los gestos confirman que la predicación de Calvino era animada” (2), lo cual no significa que Calvino no preparase sus intervenciones (3):

“Es como si subiese al púlpito y no me dignase mirar el libro, como si me forjase una imaginación frívola para decir: ‘Bueno, cuando esté ahí, Dios proveerá’. Y no me dignara a leer, ni a pensar en lo que tengo por delante, o como si viniese aquí sin haber meditado suficientemente cómo hay que aplicar las Sagradas Escrituras para la edificación del pueblo; sería presuntuoso por mi parte, y Dios me confundiría en mi audacia”

No obstante, la elocuencia sagrada se distingue del arte oratorio común en la dignidad del tema (4): Cuando el Evangelio se predica en nombre de Dios, es igual que si hablase Él en persona. Afirmación que puede estar en el límite del solipsismo:

Yo hablo, pero tengo que escucharme, dado que es el espíritu de Dios el que enseña; pues de lo contrario la palabra que sale de mis labios no me beneficiaría más que a todos los demás, ya que me vino dada desde arriba y no salió de mi cabeza. Por tanto, la voz del hombre no es más que un sonido que se desvanece en el aire y, en el cualquier caso, es el poder de Dios en la salvación de todos los creyentes”

Calvino habla, Calvino escucha: las dos acciones son equivalentes en el caso de la palabra de Dios. O lo que es lo mismo, la Palabra suscita inmediatamente el reparto (5): “No estoy aquí sólo por mi. Es cierto que debemos aprovechar todos juntos, pues cuando subo al púlpito, no es para enseñar sólo a los demás. Yo no me sitúo aparte, pues debo ser escolar, y la Palabra que sale de mis labios debe servirme tanto como a vosotros, o caerá la desgracia sobre mi”

Enseñar significa a su vez aprender. Pastores y fieles están a la escucha de un mensaje que los supera. El predicador debe esfumarse literalmente detrás de la revelación que lleva (6): “Si estoy aquí en el púlpito y pretendo que se me escuche en nombre de Dios y acabo seduciendo al pueblo, es un orgullo que supera cualquier otro.”

De esta actitud se derivan consecuencias esenciales sobre la manera de interpretar los textos (7): “Por mi parte, ciñéndome a la manera en que Dio se manifiesta aquí, me esforzaré por seguir en definitiva el auténtico hilo del texto y, sin insistir en largas exhortaciones, me preocuparé sólo en masticar, como se dice, las palabras de David para que podamos digerirlas”.

No se trata de preconizar una actitud puramente especulativa (8): “Que ocurriría si después de haber estado aquí medio día y haber expuesto la mitad de un libro y, sin mirar por vosotros ni por vuestro beneficio, hubiera especulado inútilmente y hubiera tratado muchas cosas de manera confusa? Todos regresarían a sus casas igual que habrían venido al templo, y eso sería profanar la Palabra de Dios, hasta tal punto que dejaría de ser útil para nosotros”

Calvino es muy conciente de su audiencia (9): “Por tanto, cuando expongo las Sagradas Escrituras, tengo que atenerme siempre a ellas, es decir, que los que me oyen reciban beneficio de la doctrina que propongo, que hayan sido edificados hasta la salvación. Si no tengo esa afección y no procuro la edificación de los que me oyen, soy un sacrílego profanando la Palabra de Dios”

Las recomendaciones cobran todo su sentido si mantenemos viva la descripción desengañada que Calvino daba del sermón medieval en la Epístola a Sadolet (1538-1541) (10):

“¿Qué sermones había entonces en toda Europa, que representaran la simplicidad en la que san Pablo quería que el pueblo cristiano permaneciera toda la vida? ¿Dónde estaba el sermón que enseñara a las viejas algo más que fantasías para contar todo un mes en su hogar? Pues sus predicaciones estaban ordenadas de tal modo que una de las partes estaba situada en las oscuras y difíciles preguntas de la escuela para despertar la admiración de pueblo pobre y llano; la otra consistía en alegres fábulas y especulaciones entretenidas para animar y conmover los corazones. Se entremezclaban algunos vocablos de la Palabra de Dios para que la majestad que tenían dieran color a sus sueños y fantasías. Pero en cuanto los nuestros levantaron su bandera, en un momento todas esas tinieblas se despejaron entre vosotros. Ahora bien, vuestros predicadores, en parte preparados y formados en los libros de éstos y en parte obligados por la vergüenza y murmuración del pueblo a conformarse con el ejemplo de los arriba citados, aun no es posible que sientan totalmente esta tontería y bobada. De suerte que si comparamos nuestra forma de predicar con la suya-incluso con la que les es más querida- se sabrá fácilmente que nos has hecho una gran afrenta”

Por tanto, para Calvino la predicación no es un género literario entre otros: constituye la esencia misma de la actividad reformadora. La primea cualidad de un predicador es la humildad. No sólo debe evitar toda referencia demasiado personal, sino que también debe ponerse al alcance de la humanidad común. A la exigencia ética se une la preocupación evangélica (11):

“Yo que hablo ahora, no debo aportar nada mío y no debo tampoco elevarme por encima de los demás. Pues en realidad no digo a toda la concurrencia que es necesario que esta doctrina se dirija a mi en primer lugar y que domine por encima de todos sin excepción”

Al utilizar la metáfora de la trompeta, Calvino compara la tarea de un predicador con la de in instrumento de percusión, en el que resuena la Palabra de Dios. En realidad, el pastor se da cuenta de que pertenece al rebaño. Sí, Jesucristo es el único pastor preocupado por sus ovejas (12):

“[Nuestro Señor] quiso que yo fuera como un trompeta que recogiera obedientemente al pueblo que es suyo, y que yo fuera del rebaño como los otros. Por ello, cuando mi voz sea oída, es para que vosotros y yo estemos todos reunidos para ser el rebaño de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo”

 

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Cottret, Bernard. Calvino. La Fuerza y la Fragilidad. Biografía. Editorial Complutense. Madrid. 1995. p. p 276-278

(1) Obras completas, vol. 27.

(2)M. Engammare: “Le paradis à Genève. Comment Calvin prêchait-il la chute aux Genevois?”, en Études Theologiques et Relirieuses 69, 1994.

(3) Obras completas, Vol. 26:49. º Sermón sobre el libro de Job

(4) obras completas Vol., 58:3. º Sermón sobre la elección de Job y el rechazo e Esaú

(5) Obras completas, Vol., 34:95. º Sermón sobre el libro de Job

(6) Obras completas, vol27:111. º Sermón sobre el libro de Deuteronomio

(7) Obras completas, Vol. 37: I Sermón sobre el salmo 119, 1553

(8) Obras completas, Vol. 34:95. º Sermón sobre el libro de Job

(9) Obras completas, Vol. 54:24. º Sermón sobre la segunda epístola a Timoteo.

(10) Juan Calvino: La vraie piété, ed. De I. Backus, C. Chimelli, Labor et Fides, Ginebra, 1986.

(11) Obras completas, Vol., 50: V Sermón sobre la epístola a los Galateos

(12) Obras completas, Vol., 53: I epístola a Timoteo