La vida de Guillermo Farel. Capítulo 1: Dos cuadros

noviembre 15, 2008 § 1 comentario

 

farelAntes de mencionarnos los dos cuadros que  presentará para realizar el inicio de su trabajo y darnos el contexto histórico y la visión bíblica de los sucesos que se dispone a narrar, Bevan nos hace ver que la obra de Farel, fue, antes que otra cosa, un mandato de Dios, un propósito que vino de lo alto y que como Moisés, Farel fue llamado al frente de batalla en un momento específico para realizar una obra específica. “Cuando Dios da trabajo, da el trabajo debido, y a su debido tiempo”

Ahora, haciendo la aclaración pertinente, Bevan nos presenta el primer cuadro, donde Pablo, el Apóstol, predica en Troas  enseñando el Evangelio y declarando la autenticidad del Mesías. Con una treintena de citas bíblicas nos presenta, en menos de dos páginas, el resumen del pensamiento paulino: “Hablaba de Cristo, siempre de Cristo”, de su obra, de su sacrificio, de su elección, de su venida y de su justicia, de su Iglesia y de Sus propósitos. Pero también nos dice del apóstol, como lo declara la Escritura, que éste advirtió a la Iglesia de los peligros de los falsos maestros, de aquellos que se agradan a si mismos y que no sufren la sana doctrina, sino que enseñan conforme a sus concupiscencias. Punto que le valdrá el título a su segundo capítulo.

Por lo pronto, nos presenta el segundo cuadro, unos 1400 años después, en el corazón de una ciudad cualquiera de Europa, donde vemos a hombres con ropas adornadas y riquísimas joyas, imágenes de madera, de plata y de oro. Hombres adorando a su dios, a un pedazo de pan, una oblea, que según ellos es Cristo. Se repite “la oración  a la hostia” una y otra vez para el perdón de pecados, cuarenta y seis mil años para ser exactos, concedidos por el Papa Pablo por la oración a San Gregorio. Se les enseña la adoración a María y la doctrina del purgatorio, la oración a los muertos y por los muertos.

Acerca de María, la Virgen, se decía “Venid a ella todos los que estáis cargados y trabajados y ella os hará descansar”, dándole un lugar que solo a Jesús pertenece, y así, múltiples atroces que no me atrevo a mencionar. Así era la Europa de aquellos años, así es aún la iglesia papista, rinden culto a todo lo que se mueva y a lo que no se mueva también. Dos escenarios, dos cuadros muy distintos, la luz, las tinieblas, el Evangelio y la religión de los hombres es lo que nos otorga en este primer capítulo. Sí, Farel, Calvino, Lutero y compañía vivieron en este tiempo donde en cada rincón de la Europa Católica donde era pronunciado el nombre de Cristo se le asociaba con un trozo de materia o bien, se le menospreciaba al grado de poner a María en su lugar. 

El siguiente capítulo abordará más a fondo este tiempo, los días que Pablo dijo que vendrían estaban en su punto más cruel y desolador para la humanidad.

 

Capítulo 2: Los días de que habló Pablo >>

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