Breves notas sobre Alba, película de Ana Cristina Barragán.

6 de diciembre de 2016

Hace unos días miré Alba, de Ana Cristina Barragán, una excelente película que, como ha dicho El País, ha hecho brillar el cine ecuatoriano.

Tuve la oportunidad de hablar con la directora, una joven de 29 años, talentosísima y de una belleza que intimida. Me dijo dos cosas muy interesantes al preguntarle sobre sus influencias:

La primera es que su principal referente artístico no lo encontraba en el cine, sino en la fotografía. Lo que me llevó a pensar mucho en Wim Wenders, maestro del cine apegado al arte de las imágenes y de donde saca su mayor inspiración. Alba guarda, a mi criterio, una conexión con Alicia en las Ciudades, de Wenders: las niñas protagonistas, la cercanía con un padre que no es un padre, el abandono y ausencia de la madre, la edad exacta para descubrirse a sí mismas. Ambas obras no son comprables en lo absuluto, sin embargo la relación no deja de aparecer, ya sea porque en verdad exista o por el cruce de los filmes que he hecho en mi cabeza.

Lo segundo destacable de esa conversación es la visión de Ana Cristina sobre el circuito de cine en Quito. Ella sostiene que al no existir grandes referentes o escuelas, la creación puede ser más original. Sin duda una idea discutible pero no por ello desechable.

Queda para el futuro ahondar más sobre la relación fotografía-cine en Wenders y las similitudes que encuentro en Alba y la admiración de Ana Cristina por Sally Mann, por un lado; y sobre el arte joven, propio, inacabado, del que hablaba Wombrovicz en Buenos Aires a inicios del siglo XX.

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