La Contribución de Calvino en el campo de la educación

julio 3, 2009 § Deja un comentario

Calvin00De lo anterior es claro (véase la entrada Los principios estéticos de Calvino) que Calvino estaba dispuesto a aceptar los dones de la gracia común de Dios en el campo de la cultura humana y aún admitió que los no creyentes fuesen nuestros maestros en asuntos de técnica y de formas artísticas. Sin embargo, nunca pierde vista la antítesis en la cultura, la oposición entre Cristo y Satanás. Esto se torna muy evidente en la máxima obra de Calvino, el establecimiento de la Academia en Ginebra. Esta ha sido llamada el seminario de la reforma eclesiástica.

Es imposible hacer justicia a los detalles técnicos e históricos de la fundación de la Academia en este breve resumen. (42) Sin embargo, notemos que Calvino hizo de la educación de los jóvenes una de sus primeras preocupaciones a su llegada a Ginebra en 1536. También expresó la necesidad de una institución de educación superior en 1537 y 1541. Pero no fue sino hasta que Calvino hubo descansado de sus enemigos (alrededor de 1555), que Calvino fue capaz de darle a este asunto la atención que merecía. El año siguiente propuso la reorganización del sistema escolar al concilio, pero ese cuerpo no tomó una acción definitiva hasta 1558, cuando aprobó un lote de terreno, que Calvino había escogido por su belleza y utilidad, y aceptó los planes definitivos. Para financiar este proyecto el mismo Calvino salió a solicitar donaciones, se aceptaron colecciones, se animó a los testadores a hacer donaciones en sus testamentos, de manera que por pura determinación y entusiasmo la gente superó las limitaciones de su pobreza.

Aunque el edificio no fue terminado hasta 1563, fue dedicado y puesto en uso en 1559. El siempre difícil problema de conseguir instructores fue resuelto por la rebelión del equipo de trabajo de la Academia de Lausana, que renunció en protesta contra la atribución arrogante de Bern de aceptar la autoridad secular en casos de disciplina espiritual. El 5 de Junio de 1559, en la Iglesia Catedral, Beza, quien había sido elegido como rector, pronunció un notable discurso inaugural, en el que felicitó a Ginebra por haber fundado una escuela para estudios liberales, libre de la superstición. Los estatutos de la escuela, preparados por Calvino, fueron leídos por el secretario, un Sr. Roset. Calvino simplemente hizo unos pocos comentarios de cierre y ofreció una oración. El desinterés de Calvino junto con la verdadera estimación de sus talentos debiesen observarse en el hecho de que nombró rector a Beza en lugar de a sí mismo.

Consideremos también cómo concebía Calvino el rol de la educación en la reforma de la iglesia y en la renovación de la cultura. De su Ordre du College de Geneve es claro que el objetivo básico de la educación era el conocimiento de Dios y de su creación para el servicio de Dios. Tal conocimiento podía obtenerse por el estudio de la historia, como se presentaba en los clásicos, y de la naturaleza, como se presentaba en las ciencias naturales. Sin embargo, debido a la caída, el hombre natural no puede llegar al verdadero conocimiento de Dios o de su mundo sin la regeneración. Solo ella hace posible el captar el significado de la revelación de Dios en la Escritura, y restaura al hombre a la perspectiva apropiada (Reid, op. cit., p. 21).

Esta posición concuerda con la enseñanza de Calvino en su Comentario sobre Primera de Corintios, en la que trata del lugar e importancia de la cultura pagana. Calvino rescataría cualquier aprendizaje sólido, libre de superstición, al trasplantarlo al marco de una filosofía Cristiana. Pues a menos que veamos la sabiduría y cultura del hombre a la luz de Cristo ellas son como humo, convertidas en necedad por Dios. Pues, “el hombre, con toda su agudeza, es tan estúpido por obtener por sí mismo un conocimiento de los misterios de Dios, lo mismo que un asno está calificado para entender las armonías musicales” (I:20). El estudio de las artes y las ciencias no es para la alabanza del ingenio humano, o para el deleite de una minoría elitista, sino para la mayor gloria de Dios.

El aprendizaje no es un asunto individual, sino para la enseñanza de otros, y ambos procesos han de estar al servicio de Dios y de su reino. De hecho, una educación liberal no puede estar divorciada de la meta del hombre en la vida, a saber, entender las Escrituras con el propósito de hacer la voluntad de Dios. Los artes y las ciencias liberales no nos dan el verdadero conocimiento de Dios, a menos que nuestros ojos hayan sido primero abiertos por medio del Espíritu. Y el estudio de “la filosofía, la ciencia y la elocuencia tenían como su propósito último la comprensión más profunda del hombre de aquello que Dios dice por medio de las Escrituras” (Reid, op. cit., pp. 19, 20).

La Academia de Calvino comenzó con 162 muchachos como asistencia, la mayoría de Francia, pero cinco años más tarde, a la muerte de Calvino, la escuela elemental tenía 1200 estudiantes y la Academia propiamente dicha, schola publica, 300. De esta forma, dice Charles Borgeaud, el historiador de la Academia, Calvino realizó su tarea: había asegurado el futuro de Ginebra… haciéndola a la vez una iglesia, una escuela y una fortaleza. Fue la primera fortaleza de la libertad de los tiempos modernos. (43)

Calvino, es cierto, se había convertido en una figura ecuménica antes del establecimiento de la Academia por medio de sus cartas, comentarios, la influencia de la Institución, y su posición heroica contra el papa y la jerarquía en cada recodo del camino; sin embargo, la Academia fue su máximo logro. De ella emanó una corriente de hombres jóvenes, entrenados para el ministerio del Evangelio, para todas las tierras de Europa Occidental. Además de teología, artes y ciencias, también se enseñaban en Ginebra leyes y medicina. La influencia cultural del sistema educativo centrado en Dios de Calvino es casi incalculable.

Al tratar con el impacto de las ideas de Calvino sobre la política, la economía, el arte y la educación, me he limitado a mí mismo por causa de la brevedad. Sin embargo, las amplias implicaciones culturales son claramente evidentes.

 

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Van Til, Henry, Concepto Calvinista de la Cultura. Juan Calvino: El teólogo cultural y reformador de la vida total. Traducción: Ronald Herrera Terán. 1909.

Publicado en Contra Mundum

Nota: Las citas siguen de la entrada previa: Los principios estéticos de Calvino

42. Cf. el excelente artículo de W. Stanford Reid, “Calvino y la Fundación de la Academia de Ginebra,” Westminster Theol. Jour., XVIII (1955), pp. 1-35.

43. Citado por McNeill, op. cit., p. 196.

Entradas relacionadas: Calvino, la Academia de Ginebra y la educación de los jóvenes

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