Juan Calvino y el mundo de la economía

junio 17, 2009 § 2 comentarios

Calvin youngSe llama la ciencia de la economía a la satisfacción de las necesidades físicas y al avance del bienestar material del hombre, tanto como individuo y como sociedad. Calvino tiene mucho que decir en todos su comentarios sobre este amplio tema, mientras que sus sermones están también repletos de referencias a las necesidades físicas del hombre. Lo notable acerca de la predicación de Calvino es su carácter existencial. Está dirigida a la situación concreta. Calvino, por ejemplo, no solo condena la mendicidad, sino que también urge a los creyentes a tratar a los sirvientes amorosa y bondadosamente (Sermones, Deut. 15:11- 12; 26:16). (19)

Tres temas llaman nuestra atención si es que vamos a medir el impacto económico de Calvino, a decir, la cuestión de la renta, el concepto de llamado y la idea de comunismo.

La prohibición contra el tomar renta fue uno de los factores más importantes en la vida económica de la edad media (Op. cit., pp. 30, 31). Esta prohibición estaba sustentada por la Escritura (Lucas 6:35; Deut. 23:19; Salmo 15, etc.) y Aristóteles, cuya máxima de que el dinero es estéril se repetía automática y universalmente. Aún en el siglo dieciséis esta era la communis opinio, de la que no se desviaron ni Reformadores ni Humanistas.

Sin embargo, Calvino se volvió la excepción a la regla. Aunque se dio plena cuenta de los peligros de la usura y de la ilegalidad económica, el prohibir el interés bajo toda circunstancia es atar la conciencia más allá de la Palabra. ¡Este era el asunto principal! ¡La autoridad de la Palabra y la libertad Cristiana! Los Escolásticos dispusieron que la usura era un pecado mortal, y esta incluía el interés de todos los tipos. Aquí es donde confluye el asunto. Calvino toma los varios textos aducidos y muestra que han sido malinterpretados.

Considere Lucas 6:35, el locus classicus, de los teólogos escolásticos. Aquí la Palabra nos dirige a alimentar a los pobres y a tratarles con consideración y amor. Sin embargo, aplicar las leyes civiles de los Judíos (cf. Deut. 23:19) a los creyentes del Nuevo Testamento no es válido, dice Calvino. Una apelación a la conexión fraternal tal y como esta existía entre los Judíos y que ahora existe entre los Cristianos, no es normativa para las transacciones de negocios. (20)  Es sobre pronunciamientos como estos que A. Kuyper y sus seguidores han basado su doctrina de las esferas de soberanía. Hay una distinción entre las normas de la moral y el ámbito económico, igual como hay normas para lo jurídico y para las modalidades analíticas de la vida.

Con respecto a las otras pruebas escriturales aducidas de los Salmos y de los Profetas, Calvino simplemente las declara irrelevantes puesto que protestan contra el pecado de la usura, el cual Calvino mismo también abominaba. La conclusión del asunto es que la Biblia no contiene ninguna prohibición contra el tomar interés sobre el dinero por aventuras de negocios (Cf. Armonía del Evangelio, Mat. 8:42).

Lo que es aún más significativo es el hecho de que Calvino sostiene la productividad del dinero. Se ríe de la idea de Aristóteles de que el dinero es improductivo y señala su poder productivo en la industria. Pero al pobre debemos prestarle sin esperar devolución (Comentarios, sobre Éxodo 22:25; Lev. 25:25-28; Deut. 23:19, 20). En resumen, Calvino distingue entre la caridad Cristiana y los negocios, lo que abrió las puertas para grandes aventuras en el comercio y la industria. Por esto Calvino ha recibido su porción de alabanza de parte de muchos economistas.(21) Max Weber, seguido por R. H. Tawney, le da crédito por haber dado ímpetu al surgimiento del capitalismo.(22) No hay razón para negar o depreciar esta conexión en tanto que recordemos lo que se quería decir por el espíritu del capitalismo y no consideremos a Calvino, con su alto sentido ético y su cautela contra el abuso de la libertad, responsable por los excesos del duro individualismo del siglo diecinueve. Pues, como Doumergue nos recuerda, aunque Calvino glorificaba lo individual, fue siempre en relación con Dios y la comunidad de los santos. Nada era más social que la comunidad Calvinista.

Aunque Calvino era un gran individualista en el sentido de apreciar y desarrollar la personalidad, nadie habló menos del yo e hizo más por la comunidad, la iglesia y el estado, que él.(23) Es más, Weber usa a los escritores Puritanos como su fuente, pero la idea de ellos de obtener seguridad de la salvación por medio de las buenas obras no se encuentra en Calvino. Y los ministros de Ginebra inequívocamente se opusieron a la proposición de los mercaderes en 1580 de establecer un banco, sobre la base que Ginebra sería más fuerte si permanecía pobre.

En segundo lugar, consideremos el concepto Calvinista del llamado y del comercio en particular. Los comerciantes, durante la Edad Media, eran considerados una clase estéril, mientras que la agricultura era exaltada hasta los cielos. Calvino no estima en demasía una a expensas de la otra (Cf. Coments. Sobre Oseas 12:8; Gén. 47:19-23; Juan 2:16b; Isa. 23:2). El comercio, dice Calvino, no condujo a la caída de Tiro, sino el deleite excesivo en las cosas mundanas. Babilonia no fue condenada por la prosperidad y lujo producidos por el comercio, sino por la arrogancia y el orgullo (Coments. sobre Isa. 47).

Indudablemente que las ideas de Calvino con respecto a la renta se reflejaron en su evaluación del comerciante, pero fue especialmente su fuerte sentido de que todo llamado es honorable ante Dios el que yace en el fundamento de su apreciación. Desde que la iglesia hubo glorificado el martirio y puesto su mirada en los cielos, el trabajo había sido depreciado como teniendo una naturaleza inferior, mundana. Como hemos visto, Agustín advirtió contra los males de la holgazanería y prescribió el trabajo para los monjes, pero solo como un mal necesario, puesto que el trabajo era castigo. Calvino, por otro lado, miró el monasticismo como un mal que llevaba al orgullo, la envidia y la disensión. Estaba produciendo pereza, libertinaje y un insano dualismo entre la santidad, adquirida en la lucha contra el mundo, y las condiciones del laicado como encasilladas en la mundanalidad y la concupiscencia. El sacramento de las órdenes glorificaba este dualismo, con algunos que escogían el alto camino de la renuncia de la carne y del mundo, mientras otros se mantenían caminando con paso pesado por el camino inferior del matrimonio y la ocupación terrenal. Se desarrolló una moralidad dual, una para los monjes (vita angelica et panes angelicus), la otra para los pecadores ordinarios, el laicado. A esto Calvino fue la excepción indignante y vehemente (Inst. IV, 13). Mientras que Tomás de Kempis había glorificado este dualismo en su Imitación de Cristo, Calvino apareció y lo demolió. Tomás tenía algunas ideas muy mórbidas acerca de la cultura, despreciando la filosofía, el aprendizaje y el arte. Para él todos los placeres sensuales y mentales eran peligrosos porque ponían en peligro el gozo espiritual. Su santidad llega a expresarse al retirarse con un libro en un rincón solitario (cum libello in angello). (24)

Calvino rechazaba todos los votos monásticos, puesto que están basados sobre la noción de que hay una regla de vida más perfecta que aquella que Dios le ha dado a la Iglesia como un todo (Op. cit., IV, 10). La jerarquía Romana, decía él, hace una separación antinatural entre lo celestial y lo terrenal, pero Dios requiere la perfección de todos sus hijos, y más allá de eso no podemos erigir reglas (Cf. Coments. Sobre Fil. 3:15; I Juan 3:12). Por lo tanto la perfección Cristiana ha de buscarse dentro del llamado Cristiano y no fuera de él. Calvino no rechaza del todo el ayuno, pero señala que éste degenera fácilmente en la superstición. Esto ocurre cuando lo hacemos una obra necesaria para la salvación. Calvino también lanza invectivas contra la prohibición papal en contra del matrimonio de los sacerdotes (Inst. IV, 12, 23- 28) que resulta en un celibato contaminado en el que la fornicación se propaga con impunidad. Dios ha dejado a los hombres libres, y no podemos violar su libertad (Comm. sobre I Tim. 3:2; y Tito 1:6). Además, es una señal de apostasía y una prueba de que los impostores han tomado control de la iglesia, puesto que Cristo compara lo santo del matrimonio a la unión de sí mismo con la iglesia (Comm. II Tim. 4:3).

A pesar de estos ataques sobre el monasticismo, muchos de los críticos de Calvino le han acusado de ser un ascético. Se dice de él que ha negado el uso de las cosas de este mundo más allá de la necesidad de comer y beber. Si alguien que todavía viva cree en tal leyenda, que lea el Comentario de Calvino de Amós 6, los sermones de Calvino, y especialmente, la exposición sobre el uso apropiado de esta vida presente (Inst. III, 6- 10).

Posteriormente Calvino discute el deber y la belleza, la vocación y el pasatiempo (da espacio para recreaciones tales como el golf y el deporte en general), las armas o equipo del peregrino y la armadura del soldado. Aquí Calvino provee una defensa de la cultura en su sentido más amplio, extendiéndose desde la agricultura y el comercio a las cosas relacionadas con la belleza y los lujos de la vida. Calvino provee una vigorosa defensa del lujo y enuncia ciertos principios básicos, los cuales pueden todavía servirnos de guía hoy. Calvino rechazó la cruel e inhumana filosofía de los Estoicos, que despreciaba los placeres sensuales y mentales ordinarios de la vida. Para él el pecado no residía en la materia, sino que tiene su asiento en el corazón. El mal no está en el mundo del color, del sonido, de la comida, la bebida y el vestido, sino que consiste del abuso de los buenos de Dios en exceso, en el desenfreno y la borrachera, la juerga y el libertinaje. La santidad no se alcanza por evitar ciertas funciones físicas y por rechazar los buenos dones de Dios, sino por aceptarlos en fe y usarlos para su gloria y la edificación de la iglesia (Cf. Sermones sobre Deut. 11:15; 12:15; 22:5; también cf. Comm. sobre I Sam. 25:26-43; Amós 6:4; Santiago 5:5; Isa. 3:16; y mucho más sobre el mismo tema en la Inst. III, 19, 9, 10; III, 10).

Sobre el uso del vestuario, Calvino nos recuerda que debemos tener en mente el propósito por el cual fue dado y nos advierte contra la extravagancia y los cambios excesivos en el estilo, el pavonearse y el hacer alarde. Aquí también la simplicidad y la moderación son la clave para el uso correcto de los dones de Dios, los cuales no debemos dejar sin usar, no sea que seamos culpables de ingratitud.

Para hacer justicia a sus críticos, se debiera añadir que le conceden al Calvinismo una influencia social más alta que al Luteranismo. Troeltsch caracteriza al ascetismo Calvinista como “activo, agresivo; éste transformaría al mundo para la honra de Dios… Para alcanzar este fin, racionaliza y disciplina la vida total por medio de sus teorías éticas y sus disciplinas eclesiásticas… Este ve en el mero sentimiento (Gefühligkeit und Stimmung) solo inercia y falta de seriedad; está lleno de un sentimiento fundamental: ¡trabaja para Dios, por el honor de la Iglesia! De esta manera la ética Calvinista produce una viva actividad, una severa disciplina, un plan completo, un objetivo social Cristiano.” (25) Se concede que este ascetismo es del tipo del mundo interior (inner-weltliche askese), ajustado para operar dentro de la sociedad. Pero esto es jugar con las palabras y con los significados históricos, y uno podría conceder cualquier cosa a lo opuesto por medio de este método. Pues este ascetismo Calvinista, según sus autores, no hace que uno huya de este mundo, sino que participe en él con entusiasmo y con deseos de adquirir sus bienes con celo para la gloria de Dios. Uno podría bien preguntarse con Doumergue si el sustantivo no es de esta manera consumido por el adjetivo. Hablar de ascetismo Calvinista es ridículo. Y Calvino hubiera dicho, “Prescindamos, pues, de aquella inhumana filosofía que no concede al hombre más uso de las criaturas de Dios que el estrictamente necesario, y nos priva sin razón del lícito fruto de la liberalidad divina, y que solamente puede tener aplicación despojando al hombre de sus sentidos y reduciéndolo a un pedazo de madera.” (Inst. III, 10, 3).

Finalmente, es apropiada una palabra con respecto a la actitud de Calvino concerniente al comunismo. Naturalmente que no podemos leer ni introducir en este término todo la concepción desarrollada por parte de los teóricos socialistas y comunistas del siglo diecinueve. En los días de Calvino encontramos una comunidad de bienes apoyada por algunos Anabaptistas y por los Libertos. Los primeros negaban la gracia común y la autoridad final de la Palabra. Los Libertos eran una secta panteísta, que sin embargo no ha de identificarse con los enemigos políticos de Calvino en Ginebra. Vivían una vida completamente licenciosa, repudiando la Palabra y viviendo según la inclinación del viejo Adán, lo que fue convertido en un llamado divino. Bajo el nombre de “matrimonio espiritual” introdujeron una “pollution brutalle ” (contaminación brutal) y una comunidad de bienes acompañaba a esta degeneración de las normas morales.

Calvino no se ocupó de la cuestión de la comunidad de bienes en su tratado contra los Anabaptistas, puesto que no todos ellos se suscribieron a ella; pero en 1545 escribió un tratado contra los Libertos en la que proveyó una refutación escritural a esta práctica. (26) Comienza por señalar la relación de este error con la “pasión brutal” de compartir esposas y denuncia la búsqueda de riquezas en la que a los hombres no les importan sus congéneres. Inmediatamente presenta la enseñanza bíblica positiva con respecto a los bienes terrenales bajo tres encabezados.

Primero, no podemos lanzarnos a la búsqueda de riquezas con una pasión demasiado grande sino que debiésemos estar satisfechos con poco, siempre listos para renunciar a lo que tenemos. Segundo, debemos trabajar honestamente para ganar nuestro pan necesario y hacer a un lado todas las prácticas malvadas. Finalmente, aquel que tenga poco no debe descuidar el agradecer a Dios y comer su pan con contentamiento; y el que tiene mucho no debe entregarse a la excesiva indulgencia.

Después, Calvino interpreta los textos de la Biblia a los cuales apelaban los comunistas de su día. En el caso del joven príncipe rico (Mat. 19:21), no podemos concluir a partir de un caso particular en un principio universal. Puesto que el joven había hecho alarde de haber guardado todos los mandamientos, el Señor expone su hipocresía por esta prueba de ácido a su amor. Esto simplemente nos enseña que siempre debemos estar listos a dejar todo por Cristo. Especialmente en el caso de los discípulos, quienes tenían todas las cosas en común (Hch. 4:32), Calvino muestra que esto no es una recomendación al comunismo. El sentido del texto no es que todos los creyentes en Jerusalén se deshicieron de sus bienes, lo que simplemente no era cierto, sino simplemente que en el amor fraternal que les animaba no toleraban que ninguno pasara necesidad.

Esta condena general de las tendencias comunistas de su día no está aislada y restringida al tratado en discusión, sino que uno puede encontrar las mismas opiniones expresadas en los comentarios que tratan con estos pasajes de la Escritura (Mat. 19:20; Hch. 4:23). En un sermón (Lucas 3:11) Calvino sostiene que Juan el Bautista no condenó la propiedad personal sino que exhortó a los hombres a dar de su abundancia a aquellos que están en necesidad, puesto que Dios es el dueño absoluto, y nosotros no somos sino mayordomos de nuestras posesiones. Calvino mismo daba un digno ejemplo al gastar todo su salario, más allá de su propia necesidad, para los pobres y para la provisión hospitalaria de los forasteros. Rehusó aceptar un incremento en el salario cuando le fue ofrecido por el concilio sino que les protestó acerca de los bajos salarios de sus compañeros predicadores, algunos de los cuales tenían hijos pequeños.

Para concluir estos comentarios acerca de la influencia cultural de Calvino en el campo de la economía, debiese observarse que Calvino estaba profundamente interesado en la justicia social. Se ha sugerido que él introdujo el socialismo en Ginebra, puesto que “prestó el talento de su mente y entrenamiento legal para una codificación de las leyes de la ciudad, y para el mejor ajuste de sus impuestos… La salud de la ciudad era la mejor por su ayuda en la construcción de alcantarillas y hospitales. Se interesó en los métodos de calefacción y de protección contra los incendios; gracias a él fue reavivada la industria de la tejeduría.” (27) Doumergue añade, “al rehabilitar el trabajo artesanal y al prescribir la educación para todos, Calvino borra, en gran medida, las distinciones de clase en la sociedad” (Ibid., p. 142). Sin embargo, aunque podemos reconocer que Calvino no estaba opuesto a la legislación social, sería un abuso de palabras hablar de sus esfuerzos para estimular la empresa y la iniciativa privadas como socialismo. Calvino no era un colectivista en ningún sentido de la palabra.

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Van Til, Henry, Concepto Calvinista de la Cultura. Juan Calvino: El teólogo cultural y reformador de la vida total. Traducción: Ronald Herrera Terán. 1909.

Publicado en Contra Mundum

 Nota: Las citas siguen de la entrada previa( Calvino y la libertad cristiana como base de la vocación)

19. P. A. Diepenhorst, Calvijn en de Economie, (Wageningen, 1904). Lo que sigue en el texto es un extracto de esta disertación del Dr. Diepenhorst, quien ha consultado las obras de Calvino en el Corpus Reformatorum. Aparte de las referencias en sermones y comentarios la teoría de Calvino sobre el interés es presentada en su Consilium.

20. Cf. “Sobre las Similitudes y Diferencias Entre los Dos Testamentos,” Inst. II, Cap. 10, 11.

21. Diepenhorst, op. cit., pp. 139, 153-71.

22. La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo (New York, 1931) 2 vols. La Religión y el Surgimiento del Capitalismo, Holland Memorial Lectures, 1922, (Penguin Books, Inc. New York). 

23. Calvijn Als Mensch En Hervormer, pp. 122-25.

24. Henry J. Van Andel, “El Cristiano y la Cultura,” The Presbyterian Guardian, (Ene. 1944), p. 17ss.

25. Ernst Troeltsch, Die Bedeutung des Protestantismus für die Entstehung der modernen Welt, (1906), p. 27, citado por E. Doumergue, Calvino y la Reforma, pp. 16, 17.

26. Cf. Diepenhorst, op. cit., pp. 250-306.

 

27. Henry Osborn Taylor, Pensamiento y
Expresión en el Siglo Dieciséis, (New
York, 1920), I, pp. 423, 424.

27. Henry Osborn Taylor, Pensamiento y Expresión en el Siglo Dieciséis, (New York, 1920), I, pp. 423, 424.

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§ 2 respuestas a Juan Calvino y el mundo de la economía

  • Juan Stam dice:

    Saludos apreciado hermano, gracias por este artículo informativo. Creo que el concepto bíblico de la propiedad se formula en Lev 25:23: “La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es”. “No robarás” significa que un mayoesomo no debe robar a otro mayordomo. No conozco ningún texto bíblico, exegéticamente interpretado, que enseña la propiedad privada. Lutero y Calvino son importantes pero no son la última palabra en exégesis bíblica. un abrazo en Cristo, Juan

  • Samuel dice:

    Excelente artículo, muy buena investigación y síntests. Muchas gracias, me ayudaste mucho

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