Calvino, la Academia de Ginebra y la educación de los jóvenes

abril 12, 2009 § 2 comentarios

800px-uni-bastions_university_genevaEl protestantismo es educador por excelencia. No podríamos concebir un mundo moderno sin su influencia en la educación. Las grandes Universidades de América, y algunas más de Europa fueron fundadas bajo principios cristianos y aún por ministros protestantes. Los principios más excelentes en la educación están inmersos en las Escrituras y las comunidades realmente cristianas han sido, a través de la historia moderna, comunidades con una educación admirable.

Este año, la Universidad de Ginebra celebrará su 450 aniversario, y en medio del recuerdo el nombre de Juan Calvino resonará en los auditorios y conferencias. Calvino siempre se preocupó por la educación del pueblo y la buena instrucción de los maestros y ministros. Tomas Lindsay nos dice que enviaba un aproximado de 100 pastores cada mes a Francia para que predicasen el Evangelio, John Knox, el reformador de Escocia y diferentes estudiantes de Oxford y Cambridge en la Inglaterra del siglo XVI, eran fieles aprendices del reformador. El fruto más célebre de los estudiantes en Ginebra, tal vez sea Thomas Bodley, un destacado diplomático inglés, fundador de la biblioteca Bodleian en la Universidad de Oxford.

Calvino, por tanto, debe estar no solo entre los grandes teólogos, pastores, actores sociales y reformadores, sino también entre los grandes educadores del siglo XVI.  La reproducción del siguiente fragmento, extraído de la obra de Denis Crouzet sobre el reformador, busca por tanto hacer mención de la labor educadora de Calvino en la Academia de Ginebra.

La ciudad y su Iglesia-nos dice Denis Crouzet- se convierten en espacios de enseñanza de la gloria divina mediante la escenificación de un poder de corrección que tiene por fin, no solamente hacer volver a Dios a quienes ignoran los mandamientos divinos, sino también recordad a quienes los cumplen fielmente que se encuentran al borde de un «abismo». El combate calviniano es una demostración de odio: es necesario que os hombres aprendan a obedecer la ley de Dios, lo que significa también aprender a odiar todo aquello que, en cualquier momento, puede surgir del hombre viejo que mora en ellos.

(…) El reformador se dirige a los «humildes, a los ignorantes y a los illitterati». La puesta en marcha de esta organización militar (refiriéndose al orden en la ciudad de Ginebra n. t.) está regulada igualmente por la importancia concedida a la educación de la infancia. Al tiempo que descansa sobre una concepción disciplinar, la Iglesia de la Reforma se fundamenta en el principio cristiano de una infancia disponible para recibir la verdad. Se considera a los niños situados a la vez en el centro de los peligros y de la esperanza de la ciudad que se consagra a Dios. Peligro porque la juventud se halla al asecho de las novedades t las tentaciones, porque sus sentidos están tan vivos que pueden padecer «ardores» tan grandes como los de las bestias indomables. Esperanza porque es aun como una tierra virgen  que puede ser roturada e instruida en la luz de la verdad sin que haya estado sumida durante mucho tiempo en el «lodazal». Con tiempo, puede ganársela con la educación, las almas pueden presentarse ante Dios en lo que una visión anacrónica contemplaría como un adoctrinamiento en el sentido actual del término. En el Renacimiento y en la época de las Reformas, el anuncio de la doctrina del Evangelio a un niño no hace más que cultivar una disposición a avanzar en el sentido de recibir el don gratuito de la salvación. El niño es una imagen de Cristo en la tierra, y es más apto que el adulto para recibir el mensaje del Evangelio.

No hay tiempo que perder. Calvino tiene previsto también que los niños asistan todos los domingos a los coros establecidos en las parroquias. Es preciso «desde buena hora» comenzar a ser un discípulo de Dios, no hay que esperar a la vejez para recordar que Dios existe, y los jóvenes deben ser sujetados «con la rienda corta». Es decir, la disciplina no es solamente una policía eclesiástica y moral, sino que es quizás y primordialmente la puesta en marcha de un orden de iniciación a la verdad y a la santificación, un orden que, mediante un enfoque pedagógico, tiene por objetivo el saber cristiano; un progreso continuo en esa fe en las promesas divinas que Dios le va acrecentando día a día, si el hombre pone toda su confianza, ya desde la infancia.

La Reforma es, en primer lugar, una  voluntad de re-forma de la criatura creada por Dios a su imagen, pero deformada irremediablemente por el pecado original. Se trata de evitar las equivocaciones y las cegueras del hombre. Por tanto, los niños tendrán a su disposición una Institution puérile de la Doctrine chrétienne. Y desde esa perspectiva, su trabajo lleva casi inmediatamente a Calvino a modificar significativamente su Catechisme, c´est-à-dire le formulaire d´instruire les enfants en la chrestienté, faict en manière de dialogue. La versión del catecismo, redactado del 20 al 27 de noviembre de 1541 para ser explicado a los niños (lo mismo que a los adultos) los domingos, difiere significativamente del de la Instrucción de 1537. Calvino coloca allí la fe antes que la ley, como para señalar que la creencia debe ir antes que la obediencia.

(…) El Catecismo, destinado tanto a los jóvenes como a los adultos, constituye una prolongación de la disciplina, y comprende cincuenta y dos lecciones dominicales sobre el credo, el decálogo y el padre nuestro. En su lecho de muerte Calvino dirá que, junto a la disciplina, fue la condición que puso para su regreso a Ginebra; lo redactaría a toda prisa, hasta el punto de que, a medida que lo escribía, «venía a buscar trozos de papel del tamaño de la mano, y los llevaba a la imprenta» (…)

Por encima de todo, este dispositivo se complementará con un itinerario escolar cuyas diferentes etapas las vigila y organiza la Iglesia de Ginebra. El hombre nuevo debe ser alguien que ha recibido una educación que le permita gozar al máximo de los beneficios de la palabra de Dios. Desde el año de 1542, Calvino interviene ante el magistrado para que la enseñanza primaria sea impartida por maestros competentes y para que sean excluidos de ella algunos personajes a los que él considera dudosos, (…) los problemas relevantes de la educación de los niños hacen que Calvino se dirija a menudo al Pequeño Consejo, con el fin de proponer o de presentar a nuevos enseñantes, negociar sus salarios, y también para recriminar a algunos de ellos… La enseñanza constituye el núcleo de las preocupaciones de Calvino, puesto que es mediante su ejercicio la manera como el hombre nuevo podrá «aprovechar» al máximo y la forma de estabilizar la Iglesia. (..)

El principio de la enseñanza consiste en la progresión según la edad y en la división del ciclo educativo en dos partes: lecciones obligatorias y continuas para la infancia y lecciones publicas y libres para los adultos, según el modelo que había desarrollado Jean Sturm. Además de un componente de educación primaria, comprende en consecuencia dos niveles.

El primero es el del colegio, la schola privata, compuesto por siete clases en las que se reparten los alumnos en decenas bajo la autoridad general de un regente. Se pone en funcionamiento el modelo de una enseñanza inspirada en los criterios de la pedagogía «humanista». De ahí la tesis según la cual, y a pesar de ciertas apariencias, durante toda su vida el ideal de cultura de Calvino habría sido «el de los humanistas». Los grados de séptimo y sexto se dedicaban al aprendizaje de la escritura y de la lectura en latín y francés; a continuación, y durante un año, en el centro del dispositivo pedagógico se situaba la gramática. En cuarto y en tercero, paralelamente a la enseñanza de la sintaxis latina y de rudimentos de dialéctica, comenzaba la iniciación al griego, mientras que en segundo intervenía la filosofía, al lado de la historia que seguía a Tito Livio y a Jenofonte, para acabar en primero con la retórica.

Pero, en todas las clases, Calvino da forma a un modo de vida que, según sus ritmos estrictamente fijados, descansaba en la fe y en el orden: la exigencia de silencio, la concordia cristiana entre los alumnos, la obligación de asistir el miércoles al sermón y el domingo a los dos sermones, el de la mañana y el de mediodía, el canto de los salmos, la necesidad de que, a partir de cuarto, los alumnos no se expresasen más que en latín.  La disciplina era severa, utilizando castigos corporales y amonestaciones. Finalizaba la jornada de clase, tres alumnos recitaban el padre nuestro, la confesión de fe y los diez mandamientos. El horario semanal de clases constaba de setenta horas. Cuando, en 1558, se decidió construir un nuevo edificio para albergar el colegio, el propio Calvino en persona se acercó a inspeccionar el lugar elegido, acompañado por albañiles, carpinteros, los cuatro síndicos y algunos consejeros. De esta manera, pudo verificar que se dejaba un espacio para que los alumnos pasearan, además de confirmar que el lugar era salubre. Es preciso comenzar los trabajos de inmediato…Tres años después vuelve a visitar el establecimiento, junto con los síndicos, para examinar los alojamientos que podrían ir destinados a los tres profesores.

La puesta en marcha de un curso escolar de lato nivel no podrá realizarse hasta finales de la década de 1550. Debemos mencionar aquí de nuevo el proceso de Fundación de la Academia de Ginebra puesto que capta una parte de la energía del reformador a partir del año 1556, después de una crisis que afecta a la Academia de Lausana y que permite, debido a los despidos, la contratación de profesores de alto nivel. Calvino deseaba completar el modelo pedagógico ginebrino, añadiendo un ciclo superior, para el que tomó como modelo el de la Escuela Superior de Estrasburgo, y también la Academia de Wittenberg, que había organizado Melanchton. A pesar de una larga enfermedad, en mayo de 1559, es el propio Calvino quien presenta los profesores al magistrado, para leerles a continuación los estatutos de la institución, las Leges Academiae Genevensis, redactadas en latín, y finalmente para anunciar la elección como rector de Théodore de Bèze. Este último se hallaba rodeado por profesores de origen francés, como François Bérault de griego, Jehan Tagault de filosofía. La enseñanza del hebreo fue confiada a Antoine Chevalier, mientras que Calvino y Théodore de Bèze se reservaban la teología. La ceremonia fundacional se lleva a cabo el 5 de junio de 1559.

En la Academia, o schola publica , se enseñaba teología, filosofía, que comprendía física, matemática, dialéctica y retórica, y además griego y hebreo, en un horario de veintisiete horas semanales. Calvino comentaba los libros sagrados en cursos improvisados. Instalada en principio en los mismos locales que el colegio, en 1562, la schola publica se trasladó a la iglesia de Notre-Dame-la-Neuve, y a partir de ese momento comenzó a denominarse el Auditorio. Esta institución, siguiendo un modelo bien definido, constituyó una máquina de formar pastores que pudieran ser enviados rápidamente a Francia para responder a las expectativas de un número de fieles cada vez mayor, y para impedir que los predicadores se dedicaran a explicar, de manera informal, palabras «heréticas». En 1563, se habrían contado ya unos trescientos estudiantes en la Academia y mil doscientos escolares en el colegio, y la programación para la educación de un hombre nuevo constituyó un éxito extraordinario. En la primera generación de quienes siguieron los cursos aparecen grandes nombres: Gaspard Olevanius, Philippe de Marnix de Sainte-Aldegonde, Florent Chrestien, Thomas Bodley…

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CROUZET, Denis. Calvino. Ariel. España,2001, pp. 136-140

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§ 2 respuestas a Calvino, la Academia de Ginebra y la educación de los jóvenes

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  • Jer 17:9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?

    1Ti 4:16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

    Heb 12:14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
    Heb 12:15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;

    Pro 4:23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
    Porque de él mana la vida.

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