Calvino, Centinela

abril 8, 2009 § 1 comentario

 

calvincityMuchas veces se ha acusado a Calvino de intolerante y se apoya la teoría de su carácter despótico cuando algunos revisan sus duros escritos y encuentran en ellos un ser inflexible ante los errores doctrinales. Algunos verán ese carácter firme como defecto, pero los que conocemos las Escrituras y el carácter de Dios, lo veremos como virtud, entendiendo a Calvino como un siervo de Dios que fue colocado en un tiempo y lugares específicos para realizar una labor que necesitaba tal carácter. Calvino fue pastor y reformador, era necesario que velara por las almas de la grey que Dios le había encargado y que no guardara la espada espiritual ante amenazas latentes, como el regreso a Roma o el consentimiento de las ideas anabaptistas. Calvino entonces, según Denis Crouzet, se convierte en centinela.

El pastor -señala el historiador francés- es un guerrero de Dios, un «defensor de la piedad sincera». Calvino vive, escribe y proclama su obligación como la de un centinela, la de una vigía que obedece una orden procedente de Dios y que le obliga a estar en vigilia constante, a no dejar pasar nada que pueda contradecir al Dios vivo.

Como consecuencia, el pastor no puede y no debe marcharse o abandonar el «lugar» que se le ha ordenado guardar. Sería entregarlo a los enemigos, a los que pertenecen a Satanás. Calvino es un hombre que vive su vocación, interiormente, como tomando parte en una guerra de una dureza y una violencia extremas, en la que cualquier debilidad tiene consecuencias catastróficas, durante la cual el guerrero de Dios que él es no debe flaquear jamás, en un compromiso que obliga a cada segundo. La desposesión de sí en Dios encuentra ahí su más profundo sentido. Frente al ministro y su palabra, hay asesinos a los que hay que matar espiritualmente para que no sea destruida la casa de Cristo, para que la santificación de los fieles no se vea arruinada. Abatir a los lobos que merodean esa casa, que quizás se encuentren incluso en su interior, significa instruir mediante la palabra de Dios, decir y repetir la palabra de Dios como única doctrina cristiana. Y Calvino deja ya para siempre de vivir en medio del debate irresoluble entre odio y amor. Es él, quien desde entonces, con humildad, dice y señala lo que son el odio y el amor a su alrededor. Pero, para decir y señalar el odio (es preciso subrayarlo), utiliza un medio destinado a permitir a los incrédulos acercarse al amor de Dios.

La lengua es, por tanto, un arma que puede autorizar la enseñanza de quienes son «dóciles» a Dios y a la reprimenda de los «rebeldes», así como la abominación de los malvados. Es el arma de la obra de Dios y debe estar en funcionamiento incansablemente, no debe cesar su acción de lucha contra el mal, no debe perder coraje cualquiera que sean las adversidades que se presenten. Así lo proclama Calvino: «No podemos servir a Dios sin batallar continuamente». Hasta la muerte, hasta «el último suspiro», en medio de un mundo fluctuante y sometido siempre a la intervención de Satanás, a las trampas de la carne, a la «razón carnal», hay que combatir con la espada de la Palabra. La vehemencia es una necesidad. En las Escrituras hay violencia, y aquel que ondea el estandarte de Dios tiene el derecho y el deber de hablar como ha hablado la palabra divina o, mejor aún, no puede hablar más que como hablan las Escrituras porque es hombre-Palabra.

Se explica así la violencia retórica que Calvino no vacilará en utilizar muy a menudo, tanto contra los enemigos del exterior, que pertenecen al ejército de la Iglesia papista, como contra aquellos a los que se denomina «sectarios», o contra los hombres y las mujeres que, en Ginebra, perturban la reforma con su «hipocresía» o con su apego a las supersticiones. Se explica también así la dinámica militar que Calvino trata de imbuir en la vida Cristiana de la Iglesia: ser cristiano es no descansar en la justicia de Dios, es estar siempre realizando «ejercicios» contra las tentaciones de la carne y del mundo (…); ser cristiano es sufrir acometidas, vivir cada instante como una sede asediada por todas partes por el mal: «Resumiendo, por arriba y por abajo, por delante y por detrás, a diestra y a siniestra, estamos asediados y asaltados por tentaciones enormemente graves y violentas» (…) Calvino afirma que tiene una necesidad, la perseverancia alimentada por un ejercicio en las promesas de Dios: es un ejercicio de oración que arma contra las tentaciones, noche y día, una ascesis agresiva y activista. Consiste también en estar siempre en guardia, esperando incluso, como afirmará en los Comentarios al Libro de los Salmos, que el amigo más profundo traicione esa amistad y se vuelva el enemigo más feroz e injurioso. No tener «confianza» más que en Dios es prepararse para lo peor, saber que la ingratitud está siempre latente incluso, y ante todo, entre aquellos a los que Calvino se entrega ofreciéndoles el conocimiento de la doctrina de Dios (…) La violencia en la palabra de la Palabra se convierte así en testimonio propio de una conciencia viva según las Escrituras, en el testimonio propio de una tensión de santificación.

 

______________________

CROUZET, Denis. Calvino. Ariel. España,2001, p.122-124

Etiquetado:, , , , , , ,

§ Una respuesta a Calvino, Centinela

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Calvino, Centinela en Pasajes y Fragmentos..

Meta

A %d blogueros les gusta esto: