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Una alianza que no tiene fin. C. H. Spurgeon
Dios va a establecer una alianza contigo que no tiene fin. “Yo haré con vosotros un pacto eterno.” Yo verdaderamente recuerdo cómo esto me atrajo hacia Cristo. Cuando vi que su gracia era eterna, deseaba gozarla. Si alguna vez llegaba al Señor Jesús, nunca dejaría que me alejara de Él; esto creaba en mí un vehemente deseo de Él.
“Una vez en Cristo, en Cristo para siempre;
Nada puede separarnos de Su amor.”
La eternidad de la misericordia es un ingrediente esencial para hacerla de mucho valor. No me interesaría predicarles un evangelio que fuera sin valor y de carácter temporal, que trajera esperanza por una corta temporada; pero me gozo en proclamar el pacto eterno de mi Señor. Ven, pobre pecador, ven a Jesús, y tendrás vida eterna.
No te estamos ofreciendo un boleto para la mitad del camino de aquí al cielo; sino un boleto hasta tu destino final, un boleto sin regreso. Si te subes a este tren del pacto, va a llegar a su destino sin sufrir desperfectos. Entrégate al Señor, para ser suyo para siempre, y Él hará contigo un pacto eterno.
“Oh,” dices, “¿pero qué pasa si vengo a Dios, y confío en Él, y sin embargo no ocurren estas cosas?” No pueden fallar, pues Él las llama “las fieles misericordias demostradas a David.” Si crees en Jesús, tú estás perdonado ahora. Tan ciertamente como Dios es Dios, si vienes a Él por medio de Cristo Jesús tú eres salvo, no solamente por un tiempo, sino por la eternidad. El pacto es ordenado en todas las cosas y seguro. Dios ha dicho: “Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé.” “¡Oh, la misericordia de Dios en esto!”
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Extracto del Sermón “El propio llamado de Dios en el Evangelio” (God´s Own Gospel Call), basado en Isaias 55:3, por C.H. Spurgeon.
Júntense al esqueleto de Eliseo
Una recomendación para hombres y mujeres jóvenes, deseosos de regresar a los principios bíblicos que el mundo y La Iglesia tanto necesitan: Júntense al esqueleto de Eliseo.
Así que la fe es por el oír y el oír por la palabra de Dios (Ro.10:17).
Si analizas el contexto de estas palabras verás que Pablo está hablando de los predicadores. Dice que la fe de los incrédulos nace cuando “la palabra de Dios” es predicada. El verdadero sermón es la exposición y aplicación de la palabra de Dios. El que no lee ni oye buenos sermones y se alimenta con cenizas (Isa.44:20) se morirá más pronto que si le hubieran servido cada domingo langosta y miel silvestre. No dejemos de leer la Biblia, es la base misma de la edificación, pero si no asistimos a oír sermones nuestra edificación será más lenta y cansona que la de aquellos que tienen el privilegio y el buen gusto por la palabra oída.
Si el púlpito de nuestra iglesia se halla ocupado por el joven Adonis que se predica a sí mismo y sus experiencias, dejémosle solo “clamando en el desierto”. Y si tenemos la buena suerte que nos cayó como predicador un bufón ungido que desternilla de risa a la iglesia cada domingo y no abre la Biblia ni predica la palabra de Dios, digámosle good bye.
Después de la predicación desde el púlpito, la mejor forma de edificación esla lectura de sermones. Aquellos de nosotros que apenas escuchamos alguno de cuando en cuando, debiéramos adquirir el necesario hábito de leer los grandes sermones de príncipes ungidos. A los maestros bien les haría leer esas “substanciosas” prédicas que son como el pan de Aser.Vayamos a la librería mejor surtida con estos materiales, no digo las que engordan sus bolsillos vendiendo libruchos sensacionalistas y página religiosa amarilla. Un buen libro podría leerlo en la Internet pero es mejor comprarlo. Pero sé, y no me lo discuta nadie, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que encontrar un buen autor entre tantos modernos mercaderes emergentes, con vidas con propósitos y manías sicológicas, entonces júntese a los huesos de Eliseo, de Spurgeon, M’Cheyne o Richard Baxter (2Re.13:21) pues hay más vida en los esqueletos de esos viejos sermones que en los que “tienen nombre de que viven y están muertos”.
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La Redención Particular. C. H. Spurgeon
o me va a dar vergüenza predicar ante ustedes la doctrina de la Soberanía Divina de Dios; no voy a titubear al predicar la doctrina de la Elección, sin reservas ni rodeos. No temeré explicar la grandiosa verdad de la perseverancia final de los santos; no voy a pasar por alto la verdad indudable de la Escritura, el llamado eficaz que hace Dios a Sus elegidos; me voy a esforzar, con la ayuda de Dios, para no ocultarles nada a ustedes (…)
La doctrina de la Redención es una de las doctrinas más importantes del sistema de la fe. Un error en este punto inevitablemente llevará al error a lo largo de todo el sistema de nuestra fe.
Ahora, ustedes están conscientes que hay diferentes teorías de la Redención. Todos los cristianos sostienen que Cristo murió para redimir, pero no todos los cristianos enseñan la misma redención. Tenemos diferencias en cuanto a la naturaleza de la expiación, y en cuanto al plan de redención. Por ejemplo, el arminiano sostiene que Cristo, cuando murió, no murió con objeto de salvar a una persona en particular; y ellos enseñan que la muerte de Cristo, en sí misma, no garantiza más allá de toda duda, la salvación de nadie.
Ellos creen que Cristo murió para hacer posible la salvación de todos los hombres, o que haciendo algunas otras cosas, cualquier hombre que así lo quiera puede alcanzar la vida eterna; por consiguiente, están obligados a sostener que si la voluntad del hombre no cede y no se somete voluntariamente a la gracia, entonces la expiación de Cristo sería ineficaz. Ellos sostienen que no hay nada particular ni especial en la muerte de Cristo. Cristo murió, dicen ellos, tanto por Judas que está en el infierno como por Pedro, que se remontó al cielo. Ellos creen que para quienes han sido consignados al fuego eterno, hubo una redención tan verdadera y real, como para quienes se encuentran ahora ante el trono del Altísimo.
Pero nosotros no creemos en nada de eso. Nosotros sostenemos que Cristo, cuando murió, tenía un objetivo en mente, y ese objetivo será cumplido con absoluta seguridad, más allá de toda duda. Nosotros medimos el propósito de la muerte de Cristo por su efecto. Si alguien pregunta: “¿cuál fue el propósito de Cristo al morir?” nosotros respondemos a esa pregunta por medio de otra: “¿qué ha hecho Cristo, o qué hará Cristo por medio de Su muerte?” Pues nosotros declaramos que la medida del efecto del amor de Cristo, es la medida de Su propósito. Nosotros no podemos engañar a nuestra razón, pensando que la intención del Dios Todopoderoso puede frustrarse, o que el propósito de algo tan grandioso como la expiación, puede fallar por algo.
Sostenemos (no tenemos miedo de decir lo que creemos) que Cristo vino a este mundo con la intención de salvar “a una gran multitud, la cual nadie podía contar;” y creemos que como resultado de esto, cada persona por quien Él murió, sin ninguna sombra de duda, será limpiada de pecado, y estará lavada en Su sangre, ante el trono del Padre. Nosotros no creemos que Cristo haya hecho una expiación eficaz por quienes están condenados para siempre; no nos atrevemos a pensar que la sangre de Cristo haya sido derramada jamás con la intención de salvar a quienes Dios sabía de antemano que no podrían ser salvos; y algunos de ellos ya estaban en el infierno cuando Cristo, de acuerdo a la creencia de algunos hombres, murió para salvarlos. (…)
Nuestro texto nos dice que Jesucristo vino al mundo “para dar su vida en rescate por muchos.” La grandeza de la redención de Cristo puede ser medida por el ALCANCE DE SU OBJETIVO. Él dio Su vida “en rescate por muchos.” Debo tratar de nuevo este controvertido punto. Se nos dice con frecuencia (quiero decir a quienes se nos apoda comúnmente con el sobrenombre de calvinistas, y eso no nos da vergüenza; pensamos que después de todo, Calvino conocía más del Evangelio que casi todos los hombres que han vivido sin inspiración) se nos dice con frecuencia que nosotros limitamos la expiación de Cristo, porque decimos que Cristo no ha dado una satisfacción por todos los hombres, o de lo contrario todos los hombres serían salvos. Pero nuestra respuesta es que, por el contrario, nuestros oponentes son los que la limitan: no nosotros. Los arminianos afirman que Cristo murió por todos los hombres. Pregúntenles qué quiere decir eso. ¿Que Cristo murió para alcanzar la salvación de todos los hombres? Ellos responden, “no, ciertamente no.” Les hacemos una siguiente pregunta: ¿Cristo murió para alcanzar la salvación de algún hombre en particular? Ellos responden: “no; Cristo murió para que cualquier hombre sea salvo si” y luego siguen ciertas condiciones para la salvación.
Nosotros decimos, entonces, y vamos a regresar al viejo enunciado: Cristo no murió para alcanzar la salvación de nadie ¿no es cierto? Ustedes deben responder: “no;” están obligados a decir eso, pues ustedes creen que aun después que un hombre ha sido perdonado, puede caer de la gracia, y perecer. Entonces, ¿quién es el que limita la muerte de Cristo? Pues, ustedes. Ustedes afirman que Cristo no murió para asegurar infaliblemente la salvación de nadie. Por favor, discúlpennos, cuando ustedes dicen que nosotros limitamos la muerte de Cristo, decimos: “no queridos amigos, son ustedes los que lo hacen. Nosotros decimos que Cristo murió para asegurar infaliblemente la salvación de una muchedumbre que ningún hombre puede contar, que por medio de la muerte de Cristo no solamente pueden ser salvos, sino que son salvos, deben ser salvos, y no pueden correr la menor posibilidad de riesgo de no ser otra cosa que salvos. Ustedes pueden tener su propia idea de la expiación; pueden quedarse con ella. Nunca renunciaremos a la nuestra por lo que dicen ustedes.
Ahora, amados hermanos, cuando escuchen a alguien que se ríe o se burla de una expiación limitada, le pueden responder esto. La expiación universal es como un gran puente ancho pero que llega nada más hasta la mitad; no cubre completamente el río: solamente llega hasta la mitad; no asegura la salvación de nadie. Ahora, yo prefiero poner mis pies sobre un puente tan angosto como Hungerford, que alcanza desde una orilla a la otra, que sobre un puente que fuera tan ancho como el mundo, pero que no llegara hasta el otro extremo. Me dicen que es mi deber decir que todos los hombres han sido redimidos, y me dicen que hay un apoyo de las Escrituras para eso: “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” Ahora, eso parece ser un argumento muy, muy bueno a favor de la otra cara de la pregunta. Por ejemplo, vean esto “Mirad, el mundo se va tras él.” ¿Todo el mundo siguió a Cristo? “Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán.” ¿Toda Judea y toda Jerusalén fueron bautizadas en el Jordán?” “Hijitos, vosotros sois de Dios,” y “el mundo entero está bajo el maligno.” ¿Acaso “el mundo entero” quiere decir todo mundo? Si así fuera, ¿cómo es que había algunos que son “de Dios”? Las palabras “mundo” y “todos” tienen siete u ocho sentidos diferentes en la Escritura; y es muy raro que “todos” quiera decir todas las personas, tomadas individualmente. Las palabras son generalmente usadas para significar que Cristo ha redimido a algunos procedentes de diversos grupos: algunos judíos, algunos gentiles, algunos ricos, algunos pobres, y no ha restringido Su redención ya sea judíos o a gentiles. (…)
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Extracto del Sermon “Particular Redemption” (Redención particular), basado en Mateo 20:28, por C. H. Spurgeon
Salmo 119-Parágrafo 5: He (33-40)
Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos,
Y lo guardaré hasta el fin.
Dame entendimiento, y guardaré tu ley,
Y la cumpliré de todo corazón.
Guíame por la senda de tus mandamientos,
Porque en ella tengo mi voluntad.
Inclina mi corazón a tus testimonios,
Y no a la avaricia.
Aparta mis ojos, que no vean la vanidad;
Avívame en tu camino.
Confirma tu palabra a tu siervo,
Que te teme.
Quita de mí el oprobio que he temido,
Porque buenos son tus juicios.
He aquí yo he anhelado tus mandamientos;
Vivifícame en tu justicia.
Matthew Henry
Enséñame tus estatutos, no las solas palabras, sino la manera de aplicármelas. Dios, por su Espíritu, da entendimiento recto. Pero el Espíritu de revelación de la palabra no bastará si no tenemos el Espíritu de sabiduría en el corazón. Dios pone su Espíritu dentro de nosotros haciendo que andemos en sus estatutos.
El pecado contra el cual aquí se ora es la codicia. Los que quieren que el amor de Dios se arraigue en ellos, deben desarraigar el amor del mundo, porque la amistad del mundo es enemistad para con Dios.
Vivifícame en tu camino; para redimir el tiempo y hacer todo deber con espíritu vivo. Contemplar la vanidad nos mortifica y demora nuestro ritmo; el viajero no debe pararse a mirar todo objeto que se le presente a la vista.
Las promesas de la palabra de Dios se relacionan mucho con la preservación del creyente verdadero.
Cuando Satanás ha llevado a un hijo de Dios a compromisos con el mundo, le reprochará las caídas a las que él mismo lo ha conducido. La victoria debe provenir de la cruz de Cristo. Cuando disfrutemos la dulzura de los preceptos de Dios hará que anhelemos conocerlos más. Y donde Dios ha producido el querer, producirá el hacer.
Jamieson- Fausset- Brown
Nuestra esperanza de la libertad del reproche de la inconsecuencia está en que el poder de Dios nos vivifique de modo que vivamos según su palabra, la que nos induce a amar. Porque buenos son tus juicios—Ya debe ser el tiempo pues que tu justicia vuelva “el oprobio” desde la Iglesia sobre el mundo (Isa 25:8; Isa 66:6; Sofonías 2:8-10).
El Tesoro de David
Esta sección está saturada de un sentimiento de dependencia y un darse cuenta de una necesidad extrema, lo cual es compensado por la oración y el ruego. C. H. S.
Tema: La ley de Jehová ha de ser puesta ante los ojos, la mente, los pies y el corazón. Mr. Marchant
Vers. 33. Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos. Éstas son palabras como de un niño; benditas sean en los labios de un creyente entrado en años, experimentado y un rey; un hombre inspirado por Dios. ¡Ay de aquellos que nunca son enseñados! C. H. S.
Como un piel roja sigue un rastro con ojo infalible y pie que no yerra, así también nosotros, vigilando toda desviación que podría descarriarnos, hemos de seguir el camino que conduce a la vida. Mr. Marchant
Vers. 33 al 40. En esta parte el Salmista presenta nueve veces su petición a Dios, y en seis de ellas acompaña una razón para ser escuchado. Estas peticiones son expresiones de un corazón renovado; el hombre de Dios no podría por menos que presentarlas, tal era el nuevo proceso de refinamiento que había tenido lugar en él. R. Greenham
Y lo guardaré hasta el fin. El fin del cual habla David es el fin de la vida, o la plenitud de la obediencia. Confía que la gracia le hará fiel hasta lo sumo, nunca trazando una raya y diciendo a la obediencia: «Hasta aquí irás, pero no pasarás.»
El fin de nuestro guardar la ley vendrá cuando cesemos de respirar; ningún hombre bueno piensa señalar una fecha y decir: «Basta, ahora puedo aflojar mi vigilancia y vivir como el resto.» Como Cristo nos ama hasta el fin, también nosotros hemos de servirle hasta el fin. El fin de la enseñanza divina es que podamos perseverar hasta el fin. C. H. S.
Vers. 34. Dame entendimiento. Es por esto que estamos en deuda con Jesús; porque «el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento» (l Juan 5:20). M. Henry
El entendimiento es el piloto y guía de todo el hombre; la facultad que está sentada a la popa del alma; pero como el guía más experto puede equivocarse en la oscuridad, también puede hacerlo el entendimiento cuando le falta la luz del conocimiento. «Sin conocimiento la mente no puede ser buena» (Proverbios 19:2); ni la vida es buena; ni las condiciones externas seguras (Efesios 4:18). «Mi pueblo está destruido por falta de conocimiento» (Oseas 4:6). De la «Epístola recomendatoria que precede a la Confesión y Catecismos de Westminster»
De todo corazón. Cuando el mundo, el placer, la ambición, el orgullo, el deseo de las riquezas, el amor impuro, desea una parte de nosotros, podemos recordar que no tenemos afectos a nuestra disposición sin que Dios nos dé permiso. Todo es suyo, y es un sacrilegio el robar o retener una parte de lo que es de Dios. ¿Voy a desprenderme de lo que es de Dios para satisfacer al mundo, la carne y al diablo? T. Manton
Vers. 35. Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi complacencia. El Salmista no pide al Señor que haga por él lo que debe hacer él mismo; él mismo desea «ir», o andar por la senda de los mandamientos. No pide ser llevado en tanto que él está recostado de modo pasivo, sino que se le haga «andar». La gracia no nos trata como si fuéramos piedras o troncos para ser arrastrados por caballos, sino como criaturas dotadas de vida, razón, voluntad y potencias activas, que quiere y pueden ir por su cuenta si se les hace ir. C. H. S.
No necesitamos sólo luz para conocer nuestro camino, sino un corazón para andar por él. No dará respuesta a nuestro deber el que tengamos una noción estricta de las verdades, a menos que las abracemos y las sigamos. Así pues, necesitamos una doble ayuda de Dios; la mente debe ser iluminada, la voluntad movida e inclinada. La obra de un cristiano se halla no en la profundidad de la especulación, sino en la altura de la práctica. T. Manton
Vers. 36. Y no a la avaricia. Esta es la inclinación de la naturaleza, y la gracia debe oponerse a ella. Este vicio es tan perjudicial como común y tan vil como ruin. Es idolatría, porque destrona a Dios; es egoísmo, y cruel hacia todos los que están en su poder; es sórdida codicia, y por ello vendería al mismo Señor por monedas de plata.
Es un pecado degradante, endurecedor, mezquino, que reseca todo lo amable que hay alrededor, todo lo que es hermoso y como Cristo. El que es avaro o codicioso es de la raza de Judas, y con toda probabilidad acabará él mismo como un hijo de perdición. C. H. S.
Es una sirvienta de todos los pecados, porque no hay pecado que un hombre avaro o codicioso no esté dispuesto a cometer si hay ganancia. Deberíamos evitar todos los pecados, pero especialmente los pecados madre de otros pecados. W. Cowper
San Buenaventura dice sobre nuestro Salmo que la avaricia debe ser aborrecida, evitada, descartada; tiene que ser aborrecida porque ataca la vida de la naturaleza; debe ser aborrecida porque estorba la vida de la gracia; tiene que ser descartada porque obstruye la vida de gloria. Clemente de Alejandría dice que la avaricia es la ciudadela de los vicios, y Ambrosio dice que es la pérdida del alma. T. Le Blanc
Vers. 37. Aparta mis ojos de ver vanidades. El pecado entra en la mente por el ojo, y es todavía una puerta predilecta para que entren las seducciones de Satanás. El pecado es vanidad; la ganancia injusta es vanidad; el engreimiento es vanidad; y todo lo que no es de Dios entra bajo el mismo título. De esto hemos de apartarnos. C. H. S.
Puede parecer que es una oración extraña la de David que dice: Aparta mis ojos de ver vanidades; como si Dios interviniera con lo que miramos; o nosotros no tuviéramos poder en nosotros mismos para poner los ojos en los objetos que queremos. Pero ¿no es aquello en que nos deleitamos lo que queremos mirar? Y lo que amamos, ¿no nos gusta mirarlo? Y así, el orar a Dios para que nuestros ojos no vean vanidad es lo mismo que orar pidiendo gracia, para que no sintamos amor por la vanidad. Sir Richard Baker
Un objeto feo pierde mucha de su deformidad cuando lo miramos con frecuencia. El pecado sigue esta ley general, y hay que evitarlo del todo, aun su contemplación, si queremos estar seguros. Un hombre debería estar agradecido en este mundo por el hecho de tener párpados; y como puede cerrar los ojos, debería hacerlo con frecuencia. A. Barnes
El que teme quemarse debe evitar jugar con fuego; el que teme ahogarse debe mantenerse lejos del agua profunda. El que teme la plaga, no debe ir a una casa infectada. ¿Podrán evitar el pecado los que se ofrecen a las oportunidades del mismo? J. Caryl
Es un experimento muy peligroso para un hijo de Dios el colocarse dentro de la esfera de tentaciones seductoras. Todo sentimiento del deber, todo recuerdo de la propia debilidad, todo recuerdo del fallo de otros, debería inducirnos a poner rápidamente la máxima distancia posible entre nosotros y la escena de innecesario conflicto y peligro. J. Morison
Tus ojos, como compuertas para derramar lágrimas, no deberían ser puertas o ventanas para dejar entrar los deseos carnales. Un ojo descuidado es indicación de un corazón sin gracia. Recuerda, todo el mundo pereció por un no cerrar los ojos a la tentación. El ojo de un creyente debería ser como los girasoles, sólo se abren a los rayos del sol. William Secker
Avívame. Un hombre que se queda atascado en una zanja no necesita razones para demostrarle que está dentro, sino medios que le saquen. El mejor curso a seguir respecto a la pereza espiritual será proponer cómo libramos de ella. Mr. Simmons
Tu camino. A modo de énfasis, en oposición a otros caminos y en exaltación a ellos. Hay un camino cuádruplo: 1. Via mundi, el camino del mundo; ésta es «espinosa», llena de espinas. 2. Via carnis, el camino de la carne; ésta es «insidiosa», traidora. 3. Via Satana, el camino del diablo; ésta es «tenebrosa», oscura. 4. Via Domini, el camino de Dios; y ésta es «graciosa», llena de gracia. Simmons
Vers. 38. Confirma tu palabra a tu siervo. Cristo estaba enojado con sus discípulos porque no recordaban el milagro de los panes cuando se encontraron en una situación semejante. «No entendéis, ¿no recordáis los cinco panes?»
Al enseñar a deletrear a un niño nos enojamos si cuando le hemos mostrado una letra una, dos o tres veces, al serle presentada otra vez no la reconoce; así, Dios está enojado con nosotros cuando hemos tenido experiencia de su Palabra en esto, en aquello y en otras cosas, y, con todo, nuestras dudas reaparecen. A. Barnes
Dirigida a los que te temen. Nunca estaremos arraigados en nuestra creencia a menos que practiquemos diariamente lo que profesamos creer. La plena seguridad es la recompensa de la obediencia. Las respuestas a la oración las reciben aquellos cuyos corazones responden a la orden del Señor. Si tememos a Dios, nos veremos librados de todos los demás temores. C. H. S.
Vers. 39. Porque tus juicios son buenos. Cuando los hombres hablan mal de la forma en que Dios gobierna el mundo, es nuestro deber y privilegio defenderlo y declarar abiertamente delante de El: «Tus juicios son buenos»; y deberíamos hacer lo mismo cuando atacan la Biblia, el Evangelio, la ley o el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Pero hemos de tener cuidado de que ellos no puedan presentar contra nosotros acusaciones que sean verdaderas, pues de lo contrario nuestro testimonio serán palabras lanzadas al viento. C. H. S.
Comentario Exegético Devocional
Esta estrofa podía llevar por título: La necesidad de ser enseñado y guiado. Aquí, la necesidad de usar muchas veces la letra h obliga al salmista a echar mano de la forma Hiphil de los verbos con bastante frecuencia. Dicha forma tiene sentido causativo («hacer que…»), como iremos viendo en esta estrofa.
1. El salmista pide a Dios que le instruya (v. 33), que le haga entender (v. 34) los mandamientos y le haga caminar (v. 35) por ellos, ya que se complace en ellos (v. 35b); así los guardará hasta el fin (v. 33b, comp. con v. 112b) —mejor que «como una recompensa» (aunque no puede descartarse esta versión del vocablo équeb, en el sentido de que el cumplimiento del deber tiene en sí mismo la recompensa, como el pecado lleva en sí mismo la pena).
2. Consciente de que, de por sí mismo, no puede obrar el bien, pide a Dios que incline su corazón (como el «arrastre» de Jn. 6:44) a sus testimonios (v. 36), a lo que esos testimonios prescriben, no a «la ganancia» (lit.), especialmente a la que se adquiere por medios deshonestos. La codicia es raíz de muchos otros pecados; pues es contraria a muchos mandamientos. Quienes deseen tener bien arraigado en el corazón el amor de Dios, han de tener desarraigado del corazón el amor al mundo (1 Jn. 2:15).
3. En ese mismo tono, pide que Dios le haga volver (lit. pasar) los ojos de mirar vanidades (v. 37), es decir, cosas que no tienen valor real si se las compara con las cosas de Dios, y que le avive en el camino de Dios, es decir, que le fortalezca y le afiance en la senda de la virtud para vencer las tentaciones que presentan dichas vanidades. Así como la mirada de las vanidades infecta de vanidad el corazón, así también el corazón débil en el servicio de Dios no tiene fuerza para resistir la atracción de las vanidades.
4. Profesando ser siervo de Yahweh (v. 38), le pide que le cumpla las promesas (lit. el dicho; hebreo, imrah), que pertenecen a los que reverencian a Dios (lit. que (es) para el temor de ti). No es arrogancia pedir a Dios las promesas que él mismo ha hecho; no tenemos por qué pedir más, pero tampoco tenemos por qué contentamos con menos.
5. Como ya lo había hecho antes (v. 22), vuelve a pedir que Dios haga pasar (el mismo verbo del v. 37) el oprobio, la mofa que de él hacen sus enemigos, ya que las ordenanzas divinas son buenas, es decir, benefician a quienes se someten a ellas, como él lo hace (v. 39) y, puesto que él anhela los preceptos (lit.) divinos (v. 40), bien puede pedir que Dios le sostenga a él, como a siervo fiel, en su justicia, es decir, como Dios y Dueño justo que es. Podría tener un doble sentido (a) en tus justos juicios; (b) conforme a tus justas promesas.
Necesidad de la apologética- Breve justificación
Hace tiempo que estoy interesado en el tema de la apologética, esto es, la defensa de la fe. A veces, por las ocupaciones diarias y por el gran peso de la Universidad, los minutos dirigidos a estudiar estos temas son escasos, por tanto, en estas vacaciones de invierno, sería una insensatez desperdiciar el tiempo de descanso que Dios nos otorga para dar paso al ocio y por lo tanto a la ignorancia. Es necesario aprovechar bien el tiempo en los días malos (Ef. 5:16), para que el reclamo de Dios a Israel no venga sobre nosotros también: “Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron.” (Jr. 4:22)
Ahora, los temas que podamos abordar y a los cuales pudiéramos dedicar unos minutos, días tal vez, son innumerables, y algunos podrían esperar; pero el tema de la defensa de nuestra fe es algo que no es para el mañana. Día a día somos bombardeados con ideologías anti-cristianas, que intentan, en todos los ámbitos, deshacerse de Dios, o bien, crear un concepto erróneo y ecuménico de la Deidad, de tal modo que “ E pluribus unum”, i.e., de todos se haga uno y así el Evangelio de Cristo y las doctrinas bíblicas, las de la gracia, no tengan lugar ni validez mas que en el mundo de las ideas y el pluralismo, compartiendo lugar con el Islam, el Romanismo, el Paganismo, el Marxismo, etc., por más errados e insensatos que éstos sean.
Como creyentes, necesitamos de una cosmovisión cristiana en donde el único Dios soberano sea exaltado, donde podamos, con toda firmeza y seguridad, pararnos para la lucha y gritar: ¡Jehová reina! sin que nuestro pie sea conmovido, necesitamos, sin duda, al Señor y Su palabra de nuestro lado (Sal. 16:8) morando abundantemente en nuestras vidas (Col 3:16a).
Abraham Kuyper, con mucha razón, sostenía que el calvinismo con sus cimientos puramente bíblicos, es la cosmovisión cristiana que se levanta para reclamar la soberanía de Dios en todas las cosas (1) y afirmamos que es el mismo calvinismo el que le da al creyente, mediante el estudio bíblico enfocado en Cristo, Su gloria y soberanía, aplicado por el Espíritu, bases firmes para emprender la lucha en el terreno intelectual y devocional, sobre otras cosmovisiones.
Y no que con esto (la postura calvinista) caigamos en el sectarismo y dejemos a un lado la Escritura para postular nuestro sentir y hablar “sabiduría humana”, ya que sabemos que el calvinismo bien planteado, entendido y aplicado, ¡no expresa nada más que un conocimiento sistemático de la Escritura y sus verdades más excelsas! Como bien dijera Spurgeon alguna vez: “El calvinismo no surgió de Calvino, creemos, que el calvinismo surgió del gran Fundador de la verdad” (2)
Es en esta cosmovisión bíblica que se mueve nuestra apologética. Es de la plenitud de Cristo de donde tomamos nuestra fuerza y entendimiento, teniendo como principios fundamentales:
1.- La Biblia, como Palabra infalible de Dios, es la autoridad primera para el entendimiento cristiano del mundo. (2 Ti. 3:16-17)
2.- Las verdades que declara la Escritura acerca de Dios y sus obras, del hombre y su pensamiento, son infalibles e inmutables. (1 P. 1:24-25)
3.- Mientras que para el impío, la razón o el escepticismo son las reglas últimas para decidir acerca de la verdad y objetividad de un asunto, quedando cada uno atorado en su propio razonamiento, para el cristiano, es la revelación que da el Espíritu en la Escritura, la que decide la posibilidad e interpretación de los hechos. Es Dios mismo quien establece todas las cosas y no la casualidad (1 Co. 2:6-16, Job 12: 7-25.)
Es necesario que forjemos una cosmovisión Cristo-céntrica de lo que hagamos, especialmente si somos estudiantes en Universidades dominadas por la sabiduría humana, en donde todo lo que se enseña está orientado hacia el hombre; no podemos hacernos a la forma de este siglo (Ro.12:2) y pasar desapercibidos, sin anunciar al Dios soberano e invitar a que el individuo reconozca tal soberanía, en su vida primeramente y en sus labores académicas después. No podemos coquetear con el mundo y permitirle al hombre, entiéndase esto como un acto de amor al prójimo, que siga en la vanidad de sus pensamientos (3); “si vamos a ser fieles al Cristo de las Escrituras, primero debemos escuchar su palabra en la Biblia… (Y) en lugar de casar al cristianismo con las filosofías de Aristóteles o Kant”-como se hiciera en la antigüedad con el platonismo-“debemos desafiar abiertamente las estructuras filosóficas apostatas de los hombres (énfasis mío) con las cuales buscan suprimir la verdad acerca de Dios, de si mismos y del mundo…” (4)
Cuando la Escritura nos manda a defender la fe una vez dada a los santos (Jud. 3), no se limita al término eclesiástico, la doctrina cristiana debe regir nuestro caminar en todo lo que hagamos o estudiemos. Los conocimientos adquiridos deben estar enfocados a la gloria de Cristo, sea historia, sea geografía, economía, literatura, política o filosofía, debemos poner nuestra perspectiva cristiana contraria a la corriente de este mundo, no tratando de acomodar lo natural a lo espiritual, sino siempre dejando que la Biblia hable a nuestros corazones y nos de luz sobre cualquier asunto. Nuestro testimonio como cristianos, no se debe limitar al ámbito de la acción, sino también en el de la erudición y el pensamiento.
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(1)Kuyper, Abraham. Exposiciones sobre el calvinismo. Exposición 1, El calvinismo como cosmovisión.
(2) Hago la aclaración debido a que algunos no familiarizados con el término pudieran pensar que aquellos que se confiesan calvinistas, han dejado la Escritura para seguir filosofías humanas, siendo esto una falacia.
(3) A diferencia del dominionismo (una aberrante interpretación de la Escritura, que no es más que otra jugada del Catolicismo Romano-Ecumenismo para establecer un gobierno mundial), el verdadero cristianismo no va en busca de poder o la institución de un reino material para Cristo o la búsqueda de prosélitos como medios para llegar a perversos fines. La necesidad de una cosmovisión bíblica es primeramente dirigida a la Iglesia que está siendo atacada, dentro y fuera, mediante vanas filosofías, una Iglesia que debe ser fiel a Cristo aún en medio de la prueba y no puede comprometer sus principios en pro de la unidad.
(4) Van Til, Cornelius citado en Greg, Bahnsen. En guerra con la Palabra. La necesidad de la antítesis Bíblica.