Recuperando la Reforma

“sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora”

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Libro: La Teología Política de Calvino. Marta García Alonso

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Teología Política de Calvino, García AlonsoMuchas son las tesis que se ocupan del pensamiento calviniano y el calvinismo en  torno a la política, algunas de ellas se dirigen hacia el calvinismo como una semilla de la democracia moderna (Kingdon, McNeill, Doumergue, Mercier), otros lo ven como un originador, en su defecto, enriquecedor, de un sistema constitucionalista (Rey Martínez) o el Republicanismo (Rivera). Ya Walzer en su Revolución de los Santos ha manifestado su interés por ese calvinismo que según él, originaria las primeras muestras de políticas radicales en la Europa moderna. Por su parte, Dooyeweerd, Runner, Kuyper, Van Tl, entre otros, ven en Calvino y el calvinismo, el origen de la aplicación de “la soberanía de las esferas” y la separación, en su forma más bíblica, del Estado y la Iglesia como poderes soberanos diferentes e interdependientes.

La relación protestantismo-modernidad, específicamente, calvinismo-modernidad, es un hecho que causa en muchos de nosotros interés y admiración. Es decir, las interrogantes, ¿en qué colaboró el protestantismo, el calvinismo, a la construcción de una sociedad moderna? ¿hasta qué punto podemos considerarlo como raíz o consecuencia, como colaborador y originador?, son cuestiones que hemos de plantearnos para satisfacer esta necesidad de conocer, de manera adecuada, la relación citada.

Y es la interrogante que Marta García Alonso, en “La Teología Política de Calvino” se propone a responder revisando el pensamiento calviniano en torno a la Política, el gobierno y las leyes que han de dar forma a éste. Un gran libro, una joya, donde García Alonso no sólo se limita a abordar a Calvino como pensador y ponente, sino como receptor y examinador de diferentes concepciones a las que se enfrentó a lo largo de su formación y de su vida; es decir, deja ver al Calvino electivista a la hora de elaborar una teología política.

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Liberté, egalié, fraternité.

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000612480Ayer, 14 de Julio, se celebró el día de la toma de la Bastilla, hecho que inició, según la historia, el movimiento revolucionario que daría origen a la oposición y desquebrajo del antiguo Régimen Monárquico en Francia y Europa (Ancien Régime). Mucho se ha especulado del momento en que acabó dicha Revolución, algunos la sitúan , y es la noción más aceptada, hasta que Napoleón toma el poder en 1799, otros, los más enamorados de la misma, sitúan su fin a finales del siglo XIX, ya que es hasta éstas fechas que el “espíritu de la revolución”  permaneció en pie de lucha. A la vez, este movimiento ha cautivado a muchos a través de la historia, ya que ven en ella un acto de entera conversión a un mundo nuevo, lleno de esperanza.

No es mi intención hacer una reseña histórica de la misma, ya que sería un trabajo muy extenso, pero si es mi intención evaluar los motivos que dieron origen a dicha Revolución y examinarlos para poder entender por qué la Revolución Francesa fue la cima de la presunta autonomía humana (rebeldía) con respecto a Dios.

La Revolución Francesa terminó, como revolución, hasta que Napoleón Bonaparte toma el poder en 1799, pero la influencia de la misma se extendió por toda Europa hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX, y aún, podríamos afirmar, en la Revolución Bolchevique de 1917. Por otro lado, Henry Kissinger, acertadamente, apunta que la Revolución Francesa no provocó un cambio en el sistema internacional, sino que el cambio del sistema provocó la Revolución Francesa. Es decir, la toma de la Bastilla, la muerte de Luis VI y Maria Antonieta, El Terror de Robespierre  no dieron origen a un espíritu liberal y ateo que caracterizó el movimiento, sino que fue este espíritu, el que dio origen a la Revolución[1].  

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Juan Calvino, Niñez y Juventud. Sugel Michelén

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JohnCalvinDifícilmente se puede exagerar el impacto de Juan Calvino en la Iglesia de Cristo desde la Reforma del siglo XVI hasta nuestros días. Como señala uno de sus biógrafos: “Calvino nació en el sitio adecuado y en el momento oportuno para dar de sí lo que podía dar. Era un hombre de reformas y nació y vivió en épocas de reformas… Un reformador en un siglo de reformas. Un reformador triunfante, puesto que su pensamiento y su acción han dejado una huella básica y profunda.” (1) Y Abraham Kuyper hace la siguiente observación en sus Exposiciones sobre el Calvinismo:

“No quiero quedarme detrás de nadie en mis alabanzas de la iniciativa heroica de Lutero. Fue en su corazón, más que en el corazón de Calvino, donde se peleó el conflicto amargo que llevó a la brecha histórica. Lutero puede ser interpretado sin Calvino, pero no Calvino sin Lutero. En gran medida, Calvino entró en la cosecha de lo que el héroe de Wittemberg había sembrado. Pero cuando se hace la pregunta: ¿Quién tuvo el entendimiento más claro del principio reformador, lo elaboró más completamente y lo aplicó de la manera más extensa? – entonces la historia señala al pensador de Ginebra y no al héroe de Wittemberg. Tanto Lutero como Calvino lucharon por una comunión directa con Dios; pero Lutero lo tomó del lado subjetivo, antropológico, y no del lado objetivo, cosmológico, como lo hizo Calvino. El punto de partida de Lutero fue el principio especial-soteriológico de la fe que justifica; mientras el principio mucho más extenso de Calvino estuvo en el principio general cosmológico de la soberanía de Dios. Como resultado natural de ello, Lutero también siguió considerando a la iglesia como el ‘maestro’ representativo y autoritativo que se interponía entre Dios y el creyente; mientras Calvino era el primero que buscaba la iglesia en los creyentes mismos. Hasta donde podía, Lutero seguía apoyándose en el punto de vista romano acerca de los sacramentos, y en el culto romano; mientras Calvino era el primero en dibujar la línea que se extiende inmediatamente de Dios al hombre, y del hombre a Dios. Además, en todos los países luteranos, la Reforma se originó desde los príncipes y no desde el pueblo, y por tanto pasó debajo del poder del magistrado, el cual asumió su posición oficial en la iglesia como su sumo obispo, y por tanto fue incapaz de cambiar la vida social o política de acuerdo con su principio. El luteranismo se restringió a sí mismo a un carácter exclusivamente eclesiástico y teológico, mientras el calvinismo puso su sello dentro y fuera de la iglesia sobre todo departamento de la vida humana. Por tanto, en ninguna parte se habla del luteranismo como el creador de una forma peculiar de vida; aún el nombre de ‘luteranismo’ se menciona casi nunca; mientras los estudiantes de historia reconocen con una unanimidad creciente al calvinismo como el creador de un mundo enteramente propio de vida humana”. (2)

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Juan Calvino y el mundo de la economía

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Calvin youngSe llama la ciencia de la economía a la satisfacción de las necesidades físicas y al avance del bienestar material del hombre, tanto como individuo y como sociedad. Calvino tiene mucho que decir en todos su comentarios sobre este amplio tema, mientras que sus sermones están también repletos de referencias a las necesidades físicas del hombre. Lo notable acerca de la predicación de Calvino es su carácter existencial. Está dirigida a la situación concreta. Calvino, por ejemplo, no solo condena la mendicidad, sino que también urge a los creyentes a tratar a los sirvientes amorosa y bondadosamente (Sermones, Deut. 15:11- 12; 26:16). (19)

Tres temas llaman nuestra atención si es que vamos a medir el impacto económico de Calvino, a decir, la cuestión de la renta, el concepto de llamado y la idea de comunismo.

La prohibición contra el tomar renta fue uno de los factores más importantes en la vida económica de la edad media (Op. cit., pp. 30, 31). Esta prohibición estaba sustentada por la Escritura (Lucas 6:35; Deut. 23:19; Salmo 15, etc.) y Aristóteles, cuya máxima de que el dinero es estéril se repetía automática y universalmente. Aún en el siglo dieciséis esta era la communis opinio, de la que no se desviaron ni Reformadores ni Humanistas.

Sin embargo, Calvino se volvió la excepción a la regla. Aunque se dio plena cuenta de los peligros de la usura y de la ilegalidad económica, el prohibir el interés bajo toda circunstancia es atar la conciencia más allá de la Palabra. ¡Este era el asunto principal! ¡La autoridad de la Palabra y la libertad Cristiana! Los Escolásticos dispusieron que la usura era un pecado mortal, y esta incluía el interés de todos los tipos. Aquí es donde confluye el asunto. Calvino toma los varios textos aducidos y muestra que han sido malinterpretados.

Considere Lucas 6:35, el locus classicus, de los teólogos escolásticos. Aquí la Palabra nos dirige a alimentar a los pobres y a tratarles con consideración y amor. Sin embargo, aplicar las leyes civiles de los Judíos (cf. Deut. 23:19) a los creyentes del Nuevo Testamento no es válido, dice Calvino. Una apelación a la conexión fraternal tal y como esta existía entre los Judíos y que ahora existe entre los Cristianos, no es normativa para las transacciones de negocios. (20)  Es sobre pronunciamientos como estos que A. Kuyper y sus seguidores han basado su doctrina de las esferas de soberanía. Hay una distinción entre las normas de la moral y el ámbito económico, igual como hay normas para lo jurídico y para las modalidades analíticas de la vida.

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Calvino y la libertad cristiana como base de la vocación

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calvin-soli-deo-gloriaLa doctrina de la Libertad Cristiana (Inst. III, 19) forma el apéndice de la justificación, y sin ella no puede haber el “correcto conocimiento de Cristo, o de la verdad evangélica, o de la paz interna de la mente.” Pero cuando se menciona esta doctrina hay dos reacciones violentas: algunos “bajo el pretexto de la libertad, abandonan toda obediencia Dios, y se precipitan en el más desenfrenado libertinaje; y algunos la desprecian, suponiéndola subversiva de toda moderación, orden y distinciones morales”. Estas son las reacciones del mundano y del asceta. Calvino se opone igualmente a estos dos males, la mundanalidad y el escape del mundo. Sin embargo, esto no le convierte en un neutralista en el sentido de uno que quiere su pastel mientras se lo come. Calvino no aparentaba estar a favor de ambos extremos, sino que su balance es escritural, y va tan lejos como va la Palabra.

Claro, en su esencia la libertad Cristiana es espiritual. Consiste de la libertad de la esclavitud de la ley y restauración a la obediencia voluntaria a la voluntad de Dios. Puesto que estamos libres de la ley como instrumento para salvación, respondemos como hijos al servicio de Dios con gozo y prontitud. La libertad es disfrutada en el camino de la fe y debe animarnos a la virtud, pero las mentes serviles, quienes la usarían para cumplir las lujurias de la carne, no tienen parte en ella.

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Escrito por I. Daniel Tovar

Mayo 7, 2009 a 9:05 pm