Recuperando la Reforma

“sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora”

Liberté, egalié, fraternité.

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000612480Ayer, 14 de Julio, se celebró el día de la toma de la Bastilla, hecho que inició, según la historia, el movimiento revolucionario que daría origen a la oposición y desquebrajo del antiguo Régimen Monárquico en Francia y Europa (Ancien Régime). Mucho se ha especulado del momento en que acabó dicha Revolución, algunos la sitúan , y es la noción más aceptada, hasta que Napoleón toma el poder en 1799, otros, los más enamorados de la misma, sitúan su fin a finales del siglo XIX, ya que es hasta éstas fechas que el “espíritu de la revolución”  permaneció en pie de lucha. A la vez, este movimiento ha cautivado a muchos a través de la historia, ya que ven en ella un acto de entera conversión a un mundo nuevo, lleno de esperanza.

No es mi intención hacer una reseña histórica de la misma, ya que sería un trabajo muy extenso, pero si es mi intención evaluar los motivos que dieron origen a dicha Revolución y examinarlos para poder entender por qué la Revolución Francesa fue la cima de la presunta autonomía humana (rebeldía) con respecto a Dios.

La Revolución Francesa terminó, como revolución, hasta que Napoleón Bonaparte toma el poder en 1799, pero la influencia de la misma se extendió por toda Europa hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX, y aún, podríamos afirmar, en la Revolución Bolchevique de 1917. Por otro lado, Henry Kissinger, acertadamente, apunta que la Revolución Francesa no provocó un cambio en el sistema internacional, sino que el cambio del sistema provocó la Revolución Francesa. Es decir, la toma de la Bastilla, la muerte de Luis VI y Maria Antonieta, El Terror de Robespierre  no dieron origen a un espíritu liberal y ateo que caracterizó el movimiento, sino que fue este espíritu, el que dio origen a la Revolución[1].  

Dese principios del siglo XVI, el sentido de autonomía humana se venía desarrollando fuertemente en toda Europa a través del humanismo, que a diferencia de la Reforma Protestante, enfocó su antropología en las virtudes del hombre, y no su estado caído, llevando poco a poco al hombre a un estado de divinización, haciéndole amo y señor de el nuevo mundo.[2] Esta nueva cosmovisión de entero dominio del hombre y la razón se fue desarrollando a lo largo de los años, con la ayuda de los nuevos descubrimientos y avances científicos que sostenían, aparentemente, la gran capacidad del ser humano para crear, pensar, vivir, sin la ayuda de Dios[3]. Sentimiento que se vio agravado después de las amargas experiencias arrojadas en las Guerras de Religión que se desataron a finales del mismo siglo.

De este modo surge el racionalismo moderno. Motivado por las ciencias matemáticas y naturales y los desarrollos de la época, comenzó a concebir y buscar una realidad ordenada y controlada por motivos universalmente válidos que el hombre pudiera descubrir a través del reino de la razón, rechazando de este modo el empirismo, hedonismo o un conocimiento revelado como fuentes dignas de confianza. Así, el control y explicación de la realidad mediante un método científico por parte de la razón humana, comenzó a dominar sobre las conciencias de los hombres, de modo que aún su propia esencia era descrita en términos mecanicistas, quedando preso así, en una realidad que atentaba contra su autonomía como persona.

Esta última concepción, sin duda, atentaba contra la libertad del hombre y su supuesta autonomía. Ante esta amenaza, la reacción de los pensadores menos ajustados a esta visión no se hizo esperar. Hume, Locke y Rousseau, entre otros, levantaron sus plumas y sus voces para comenzar a darle forma a lo que hoy conocemos como liberalismo. Así, para Rousseau “la raíz de la personalidad humana no se encontraba en el pensamiento científico exacto, sino en el sentimiento de la libertad. La religión humanista de Rousseau no fue una de la razón, sino del sentimiento. Cuando sostuvo que la religión reside en el corazón más que en la mente, no consideró al corazón como la raíz religiosa de la vida, como las escrituras enseñan, sino como el asiento del sentimiento. El estado original del hombre era una condición de inocencia y felicidad; los individuos viven en libertad e igualdad. Pero la cultura racionalista llevó al hombre a la esclavitud y la miseria. Creó desigualdad y sujetó las naciones al gobierno de los reyes. Como resultado, no quedó ni traza de la personalidad humana libre y autónoma.[4] (Énfasis míos)

Así, es en este motivo religioso[5] de libertad y culto a la personalidad que los hombres revolucionarios buscaron la igualdad del hombre para con el hombre y el derrocamiento del gobierno de la Monarquía,  que según Rousseau, era consecuencia de la cultura racionalista.

La Revolución Francesa es entonces producto de ese espíritu de libertad y autonomía, que la historia ha enmarcado en la Ilustración, un espíritu que buscó la ruptura radical del hombre moderno con el cristianismo (conocimiento revelado), tratando de evitar que el movimiento se relacionara con la religión, cuando, en sus principios básicos, los motivos de la Revolución fueron enteramente religiosos, buscando la divinización de la razón y personalidad humana[6].

Charles Frankel ha señalado que “El esfuerzo especial de la Ilustración fue encontrar un fundamento en cada campo, desde las ciencias profanas a la revelación, de la música a la moral, de la teología al comercio, tal que el pensamiento y la acción pudiera hacerse independiente de la metafísica especulativa y la revelación sobrenatural. La religión fue tratada principalmente como un apéndice de la moral y discutida como si fuera parte de la física. La historia se escribió para ubicar la vida europea en una perspectiva balanceada entre otros modos de vida, ninguno de los cuales gozaba de la aprobación especial de Dios. En política, la concepción del derecho divino y la providencia sobrenatural fueron reemplazadas por el ‘contrato social’, de modo que los gobiernos pudieran ser evaluados como instrumentos del deseo humano. En la filosofía moral, el esfuerzo consistió en basar los códigos naturales sobre la ley natural o los ‘hechos bien establecidos’ de la sicología humana.”[7] Por su parte, y en resumidas cuentas, Paul Hazard lo ha expresado de esta manera: “En vez de la ley de Dios, el contrato social. En vez de la soberanía de Dios, la soberanía del pueblo (soberanía popular, volkssouvereiniteit, voto de la mayoría, etcétera).”[8]

Es decir, fue el motivo humanista de la libertad el que se presentó en Europa en el periodo de la Ilustración y que dio como resultado aquel movimiento de independencia de la razón con respecto a Dios, lo que originó, en primera instancia, la Revolución Francesa. Revolución que no concedió “ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad”[9] verdaderas al mundo occidental. Antes bien, le otorgó un periodo de terror a Francia con el Incorruptible al mando y la proclama de una cosmovisión rebelde al orden creacional.

Y si bien “Dios empleó la revolución como un medio para volcar la tiranía de los borbones, y para traer un juicio sobre los príncipes que abusaron de Sus naciones como el estrado de los pies de ellos, sin embargo, el principio de aquella revolución permanece enteramente anti-cristiano, y se ha extendido desde entonces como un cáncer, disolviendo y minando todo lo que estaba firme y consistente.”[10]  

Y no es que abogue por el conservadurismo al coincidir con Kuyper en su declaración, sino que, como hija malagradecida, Europa, con la Revolución Francesa y la Ilustración, maltrató las libertades que la Reforma Protestante y aún la Revolución Gloriosa, le habían otorgado como un legado que debía transmitir a las recién descubiertas tierras al otro lado del mundo y las generaciones por venir.[11] Tal vez en esto radique la mayor desgracia de la misma.

Por tanto, esta Revolución, a pesar de que su influencia apóstata se reciente todavía en la cultura occidental, sufrió, al igual que lo han hecho las vanas filosofías, su caída en manos de sus sucesor, en este caso, el periodo de Restauración, que rediseñó, de nuevo, la personalidad humana.

 Tú,  temible eres tú;  ¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira?

Desde los cielos hiciste oír juicio;  La tierra tuvo temor y quedó suspensa

Cuando te levantaste,  oh Dios,  para juzgar, Para salvar a todos los mansos de la tierra.

Todos los que están alrededor de él,  traigan ofrendas al Temible

Cortará él el espíritu de los príncipes;

Temible es a los reyes de la tierra.

 


 

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[1]Esta tesis apunta a la opción de una revolución mundial que fue presentada ya por Edmundo Burke, y fue retomada por Georges Lefebre en su trabajo El advenimiento de la Revolución Francesa donde señala las implicaciones supranacionales de la Revolución. «Gana terreno la idea de que las revoluciones en Suiza, las de 1830 y 1848, las revoluciones latinoamericanas, la Revolución rusa y mucho del espíritu revolucionario de Asia y África pertenece a un movimiento continuo del espíritu humano. El período de la historia desde la Revolución Francesa ha sido llamado la Era de la Revolución, y los hombres hablan de una “revolución permanente”.» (RUNNER, H. Evan. Política y Academia Escriturales. CLIE. p. 233)

[2] Es a finales del siglo XV y principios del XVI, que el proceso de diferenciación de la sociedad medieval, comienza a gestarse gracias al protestantismo y al humanismo. Dos movimientos que nacen de la recuperación de sus fuentes clásicas. Por parte del protestantismo, la recuperación del Evangelio cristiano, que había sufrido un proceso de unión con las religiones paganas dentro del Imperio; y por parte del humanismo, la recuperación de los pensadores clásicos, tanto latinos, como griegos, sus filosofías, literatura, etc. Así, la antropología de cada uno de estos movimientos provenía de dos fuentes distintas, por parte del protestantismo, sea éste calvinismo o luteranismo, las Escrituras marcan la naturaleza caída y pecaminosa del hombre, que le hace depender del Dios de la Biblia para su sustento y el conocimiento entero de sí mismo, de Dios y de la realidad; por el lado humanista, la revitalización del estoicismo dictaba que el hombre, en su propia razón y virtud, podría alcanzar la dicha y el conocimiento.

[3]“Para este tiempo nos es posible ver cuán fundamental es esta teoría del racionalismo en la historia del moderno hombre occidental. Es una ‘idea’ tan fundamental que conduce a una reconstrucción (revolución) de la sociedad europea en su integridad. En el concepto de razón el hombre se asegura con respecto a las dos necesidades básicas (¡y relacionadas!) de certeza y comunidad. Concebido como teniendo sus raíces más esenciales en esta ratio, el hombre es el soberano poseedor de la verdad; es más, en su yo más profundo es la verdad y por ello no puede ser separado de ella. (Es por ello que el tema posterior de la separación o auto enajenación del hombre, el cual se encontró ya en Hegel, adquirió una fuerza extraordinaria). Se halla básicamente en casa en un mundo que abre sus secretos a la penetración racional. No hay necesidad de salvación; el hombre está bien con el mundo. Y, por lo que concierne al futuro, está plenamente confiado en que el creciente control de su medio ambiente (puede resolverse) mediante técnicas racionales. Sólo es asunto de elaborar los detalles. El hombre racionalista es optimista. La innovación continua y la experimentación sin fin son el camino hacia el dominio. No hay luz reveladora del orden de la creación. Genera su propio orden a partir de sí misma como pensamiento creativo…Construye su mundo” (Runner, H. Evan. Política y Academia Escriturales. CLIE. p.243-244)

[4] Dooyeweerd, Herman. La Raíces de la cultura Occidental. Traducción: Dr. Adolfo García de la Sienra. CLIE. Barcelona 1998. p. 164-167 .Como pensador de la Ilustración, Rousseau publicó, como su salto al escenario intelectual, un artículo en 1750 que contenía sus ideas más agudas y críticas para con el humanismo, como parte de una competencia organizada por la Universidad de Dijon.

[5] Herman Dooyeweerd, filósofo reformado en los Países Bajos, ha definido a un motivo religioso básico como “una fuerza espiritual que actúa como el resorte principal absolutamente central de la sociedad humana. Gobierna todas las expresiones temporales de la vida desde el centro religioso (el corazón, esto es, la voluntad, n. del t.), dirigiéndolas al verdadero o supuesto origen de la existencia. Imprime así no solo una estampa indeleble en la cultura, la ciencia y la estructura social de un periodo dado, sino que determina profundamente la cosmovisión completa de uno.” (Dooyeweerd, Herman. La Raíces de la cultura Occidental. Traducción: Dr. Adolfo García de la Sienra. CLIE. Barcelona 1998.p.9)

[6] Ante esto, McGrath ha señalado que “La nueva religión de la humanidad copió las virtudes y vicios del catolicismo que quería reemplazar. Podía tener un nuevo dios y nuevos santos. Pero también una nueva inquisición y su propia guerra de religión”. (McGrath, Alister, The twilight of atheism: The Rise and Fall of Disbelief in the Modern World. P. 21)

[7] Runner, op. cit. p. 234

[8] Ibíd. p. 235

[9] Aún la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano, habrá que considerarla como un hecho que se venía gestando desde el siglo XVII en la Inglaterra puritana. Como afirma Walzer, es el calvinismo y no la Enciclopedia racionalista, “el que instruyó a los puritanos en los estilos y métodos de la actividad política y los facultó con éxito para reclamar el derecho a participar en el sistema vigente de acción política que es el Estado moderno.” Y “Lo que los calvinistas dijeron acerca del santo lo dijeron luego otros acerca del ciudadano: detrás de ambos nombres, se encuentra el mismo sentido de virtud cívica, de disciplina y deber. Santo y ciudadano juntos sugieren una nueva integración de hombres privados… al orden político”. (Michael Walzer, La revolución de los santos. Estudio sobre los orígenes de la política radical, Buenos Aires: Katz, 2008, p.32, y 16). Aunque Pocock, crítico de Walzer, afirma que el ideal de santo no es necesariamente el mismo que el de ciudadano, sino que el primero antecede al segundo. En lo personal, estoy con Pocock en esta línea, ya que, si bien el calvinismo aportó una cosmovisión reformadora de las instituciones políticas y sociales, no podemos igualar sus motivos y fines, con los del liberalismo lockeano.

[10] Kuyper Abraham, Exposiciones sobre el calvinismo. El Calvinismo como cosmovisión

[11] Es interesante, aunado al comentario anterior de las discrepancias entre  Pocock y Walzer, saber que tanto John Locke como J.J. Rousseau, los apóstoles del liberalismo que particularizó los fundamentos religiosos de la Revolución Francesa, crecieron en hogares de tradición reformada. John Locke, residente de Westminster, recibió su educación de parte de John Owen, ministro puritano reconocido aún por los teólogos calvinistas como uno de los más grandes en Inglaterra. Rousseau, que al final se hizo católico romano, creció y fue educado en una familia calvinista en la propia Ginebra, la ciudad que un siglo y medio atrás había sido el centro de la Reforma al recibir en su seno a Juan Calvino, Guillermo Farel, Beza y otros importantes reformadores. Y si bien la pregunta en cuanto a John Locke de si su genio fue deísta o reformado persiste (citaba la Biblia a montones en sus ensayos), sin duda, su desprecio (¿malinterpretación?)para con el calvinismo histórico y el cristianismo reformado, para con el Evangelio (revisemos tan sólo su concepción del hombre como libre y naturalmente inclinado al bien) sentó las bases para un sistema político centrado en el hombre y sólo en el hombre, que dio la espalda al orden creacional.

2 comentarios

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  1. Voy a venir más a menudo por aquí, ¡cómo sabes Dios mío!, acéptame en tu blog como uno de tus pequeños lectores pupilos.
    Humberto

    Humberto Perez

    Julio 16, 2009 a 4:55 pm

  2. “por qué la Revolución Francesa fue la cima de la presunta autonomía humana (rebeldía) con respecto a Dios”

    Me parece un buen punto de partida, y ya que se habla de libertad de expresión, me quedaba muy triste porque en cierto blog siempre borran mis comentarios, a pesar de ser respetuosos, y referidos a temas mucho muy documentados, se deberá a que algunos temen a la verdad?

    centauro94

    Agosto 6, 2009 a 10:32 pm


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