Recuperando la Reforma

“sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora”

Salmo 119-Parágrafo 5: He (33-40)

con un comentario

 

guide2Enséñame,  oh Jehová,  el camino de tus estatutos,

Y lo guardaré hasta el fin.

Dame entendimiento,  y guardaré tu ley,

Y la cumpliré de todo corazón.

Guíame por la senda de tus mandamientos,

Porque en ella tengo mi voluntad.

Inclina mi corazón a tus testimonios,

 Y no a la avaricia.

Aparta mis ojos,  que no vean la vanidad;

            Avívame en tu camino.

Confirma tu palabra a tu siervo,

    Que te teme.

Quita de mí el oprobio que he temido,

       Porque buenos son tus juicios.

He aquí yo he anhelado tus mandamientos;

     Vivifícame en tu justicia.

 

Matthew Henry

Enséñame tus estatutos, no las solas palabras, sino la manera de aplicármelas. Dios, por su Espíritu, da entendimiento recto. Pero el Espíritu de revelación de la palabra no bastará si no tenemos el Espíritu de sabiduría en el corazón. Dios pone su Espíritu dentro de nosotros haciendo que andemos en sus estatutos.

El pecado contra el cual aquí se ora es la codicia. Los que quieren que el amor de Dios se arraigue en ellos, deben desarraigar el amor del mundo, porque la amistad del mundo es enemistad para con Dios.

Vivifícame en tu camino; para redimir el tiempo y hacer todo deber con espíritu vivo. Contemplar la vanidad nos mortifica y demora nuestro ritmo; el viajero no debe pararse a mirar todo objeto que se le presente a la vista.

Las promesas de la palabra de Dios se relacionan mucho con la preservación del creyente verdadero.

Cuando Satanás ha llevado a un hijo de Dios a compromisos con el mundo, le reprochará las caídas a las que él mismo lo ha conducido. La victoria debe provenir de la cruz de Cristo. Cuando disfrutemos la dulzura de los preceptos de Dios hará que anhelemos conocerlos más. Y donde Dios ha producido el querer, producirá el hacer.

 

Jamieson- Fausset- Brown

Nuestra esperanza de la libertad del reproche de la inconsecuencia está en que el poder de Dios nos vivifique de modo que vivamos según su palabra, la que nos induce a amar. Porque buenos son tus juicios—Ya debe ser el tiempo pues que tu justicia vuelva “el oprobio” desde la Iglesia sobre el mundo (Isa 25:8; Isa 66:6; Sofonías 2:8-10).

 

El Tesoro de David

Esta sección está saturada de un sentimiento de dependencia y un darse cuenta de una necesidad extrema, lo cual es compensado por la oración y el ruego. C. H. S.

Tema: La ley de Jehová ha de ser puesta ante los ojos, la mente, los pies y el corazón. Mr. Marchant

Vers. 33. Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos. Éstas son palabras como de un niño; benditas sean en los labios de un creyente entrado en años, experimentado y un rey; un hombre inspirado por Dios. ¡Ay de aquellos que nunca son enseñados! C. H. S.

Como un piel roja sigue un rastro con ojo infalible y pie que no yerra, así también nosotros, vigilando toda desviación que podría descarriarnos, hemos de seguir el camino que conduce a la vida. Mr. Marchant

Vers. 33 al 40. En esta parte el Salmista presenta nueve veces su petición a Dios, y en seis de ellas acompaña una razón para ser escuchado. Estas peticiones son expresiones de un corazón renovado; el hombre de Dios no podría por menos que presentarlas, tal era el nuevo proceso de refinamiento que había tenido lugar en él. R. Greenham

Y lo guardaré hasta el fin. El fin del cual habla David es el fin de la vida, o la plenitud de la obediencia. Confía que la gracia le hará fiel hasta lo sumo, nunca trazando una raya y diciendo a la obediencia: «Hasta aquí irás, pero no pasarás.»

El fin de nuestro guardar la ley vendrá cuando cesemos de respirar; ningún hombre bueno piensa señalar una fecha y decir: «Basta, ahora puedo aflojar mi vigilancia y vivir como el resto.» Como Cristo nos ama hasta el fin, también nosotros hemos de servirle hasta el fin. El fin de la enseñanza divina es que podamos perseverar hasta el fin. C. H. S.

Vers. 34. Dame entendimiento. Es por esto que estamos en deuda con Jesús; porque «el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento» (l Juan 5:20). M. Henry

El entendimiento es el piloto y guía de todo el hombre; la facultad que está sentada a la popa del alma; pero como el guía más experto puede equivocarse en la oscuridad, también puede hacerlo el entendimiento cuando le falta la luz del conocimiento. «Sin conocimiento la mente no puede ser buena» (Proverbios 19:2); ni la vida es buena; ni las condiciones externas seguras (Efesios 4:18). «Mi pueblo está destruido por falta de conocimiento» (Oseas 4:6). De la «Epístola recomendatoria que precede a la Confesión y Catecismos de Westminster»

De todo corazón. Cuando el mundo, el placer, la ambición, el orgullo, el deseo de las riquezas, el amor impuro, desea una parte de nosotros, podemos recordar que no tenemos afectos a nuestra disposición sin que Dios nos dé permiso. Todo es suyo, y es un sacrilegio el robar o retener una parte de lo que es de Dios. ¿Voy a desprenderme de lo que es de Dios para satisfacer al mundo, la carne y al diablo? T. Manton

Vers. 35. Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi complacencia. El Salmista no pide al Señor que haga por él lo que debe hacer él mismo; él mismo desea «ir», o andar por la senda de los mandamientos. No pide ser llevado en tanto que él está recostado de modo pasivo, sino que se le haga «andar». La gracia no nos trata como si fuéramos piedras o troncos para ser arrastrados por caballos, sino como criaturas dotadas de vida, razón, voluntad y potencias activas, que quiere y pueden ir por su cuenta si se les hace ir. C. H. S.

No necesitamos sólo luz para conocer nuestro camino, sino un corazón para andar por él. No dará respuesta a nuestro deber el que tengamos una noción estricta de las verdades, a menos que las abracemos y las sigamos. Así pues, necesitamos una doble ayuda de Dios; la mente debe ser iluminada, la voluntad movida e inclinada. La obra de un cristiano se halla no en la profundidad de la especulación, sino en la altura de la práctica. T. Manton

Vers. 36. Y no a la avaricia. Esta es la inclinación de la naturaleza, y la gracia debe oponerse a ella. Este vicio es tan perjudicial como común y tan vil como ruin. Es idolatría, porque destrona a Dios; es egoísmo, y cruel hacia todos los que están en su poder; es sórdida codicia, y por ello vendería al mismo Señor por monedas de plata.

Es un pecado degradante, endurecedor, mezquino, que reseca todo lo amable que hay alrededor, todo lo que es hermoso y como Cristo. El que es avaro o codicioso es de la raza de Judas, y con toda probabilidad acabará él mismo como un hijo de perdición. C. H. S.

Es una sirvienta de todos los pecados, porque no hay pecado que un hombre avaro o codicioso no esté dispuesto a cometer si hay ganancia. Deberíamos evitar todos los pecados, pero especialmente los pecados madre de otros pecados. W. Cowper

San Buenaventura dice sobre nuestro Salmo que la avaricia debe ser aborrecida, evitada, descartada; tiene que ser aborrecida porque ataca la vida de la naturaleza; debe ser aborrecida porque estorba la vida de la gracia; tiene que ser descartada porque obstruye la vida de gloria. Clemente de Alejandría dice que la avaricia es la ciudadela de los vicios, y Ambrosio dice que es la pérdida del alma. T. Le Blanc

Vers. 37. Aparta mis ojos de ver vanidades. El pecado entra en la mente por el ojo, y es todavía una puerta predilecta para que entren las seducciones de Satanás. El pecado es vanidad; la ganancia injusta es vanidad; el engreimiento es vanidad; y todo lo que no es de Dios entra bajo el mismo título. De esto hemos de apartarnos. C. H. S.

Puede parecer que es una oración extraña la de David que dice: Aparta mis ojos de ver vanidades; como si Dios interviniera con lo que miramos; o nosotros no tuviéramos poder en nosotros mismos para poner los ojos en los objetos que queremos. Pero ¿no es aquello en que nos deleitamos lo que queremos mirar? Y lo que amamos, ¿no nos gusta mirarlo? Y así, el orar a Dios para que nuestros ojos no vean vanidad es lo mismo que orar pidiendo gracia, para que no sintamos amor por la vanidad. Sir Richard Baker

Un objeto feo pierde mucha de su deformidad cuando lo miramos con frecuencia. El pecado sigue esta ley general, y hay que evitarlo del todo, aun su contemplación, si queremos estar seguros. Un hombre debería estar agradecido en este mundo por el hecho de tener párpados; y como puede cerrar los ojos, debería hacerlo con frecuencia. A. Barnes

El que teme quemarse debe evitar jugar con fuego; el que teme ahogarse debe mantenerse lejos del agua profunda. El que teme la plaga, no debe ir a una casa infectada. ¿Podrán evitar el pecado los que se ofrecen a las oportunidades del mismo? J. Caryl

Es un experimento muy peligroso para un hijo de Dios el colocarse dentro de la esfera de tentaciones seductoras. Todo sentimiento del deber, todo recuerdo de la propia debilidad, todo recuerdo del fallo de otros, debería inducirnos a poner rápidamente la máxima distancia posible entre nosotros y la escena de innecesario conflicto y peligro. J. Morison

Tus ojos, como compuertas para derramar lágrimas, no deberían ser puertas o ventanas para dejar entrar los deseos carnales. Un ojo descuidado es indicación de un corazón sin gracia. Recuerda, todo el mundo pereció por un no cerrar los ojos a la tentación. El ojo de un creyente debería ser como los girasoles, sólo se abren a los rayos del sol. William Secker

Avívame. Un hombre que se queda atascado en una zanja no necesita razones para demostrarle que está dentro, sino medios que le saquen. El mejor curso a seguir respecto a la pereza espiritual será proponer cómo libramos de ella. Mr. Simmons

Tu camino. A modo de énfasis, en oposición a otros caminos y en exaltación a ellos. Hay un camino cuádruplo: 1. Via mundi, el camino del mundo; ésta es «espinosa», llena de espinas. 2. Via carnis, el camino de la carne; ésta es «insidiosa», traidora. 3. Via Satana, el camino del diablo; ésta es «tenebrosa», oscura. 4. Via Domini, el camino de Dios; y ésta es «graciosa», llena de gracia. Simmons

Vers. 38. Confirma tu palabra a tu siervo. Cristo estaba enojado con sus discípulos porque no recordaban el milagro de los panes cuando se encontraron en una situación semejante. «No entendéis, ¿no recordáis los cinco panes?»

Al enseñar a deletrear a un niño nos enojamos si cuando le hemos mostrado una letra una, dos o tres veces, al serle presentada otra vez no la reconoce; así, Dios está enojado con nosotros cuando hemos tenido experiencia de su Palabra en esto, en aquello y en otras cosas, y, con todo, nuestras dudas reaparecen. A. Barnes

Dirigida a los que te temen. Nunca estaremos arraigados en nuestra creencia a menos que practiquemos diariamente lo que profesamos creer. La plena seguridad es la recompensa de la obediencia. Las respuestas a la oración las reciben aquellos cuyos corazones responden a la orden del Señor. Si tememos a Dios, nos veremos librados de todos los demás temores. C. H. S.

Vers. 39. Porque tus juicios son buenos. Cuando los hombres hablan mal de la forma en que Dios gobierna el mundo, es nuestro deber y privilegio defenderlo y declarar abiertamente delante de El: «Tus juicios son buenos»; y deberíamos hacer lo mismo cuando atacan la Biblia, el Evangelio, la ley o el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Pero hemos de tener cuidado de que ellos no puedan presentar contra nosotros acusaciones que sean verdaderas, pues de lo contrario nuestro testimonio serán palabras lanzadas al viento. C. H. S.

 

Comentario Exegético Devocional

Esta estrofa podía llevar por título: La necesidad de ser enseñado y guiado. Aquí, la necesidad de usar muchas veces la letra h obliga al salmista a echar mano de la forma Hiphil de los verbos con bastante frecuencia. Dicha forma tiene sentido causativo («hacer que…»), como iremos viendo en esta estrofa.

1. El salmista pide a Dios que le instruya (v. 33), que le haga entender (v. 34) los mandamientos y le haga caminar (v. 35) por ellos, ya que se complace en ellos (v. 35b); así los guardará hasta el fin (v. 33b, comp. con v. 112b) —mejor que «como una recompensa» (aunque no puede descartarse esta versión del vocablo équeb, en el sentido de que el cumplimiento del deber tiene en sí mismo la recompensa, como el pecado lleva en sí mismo la pena).

2. Consciente de que, de por sí mismo, no puede obrar el bien, pide a Dios que incline su corazón (como el «arrastre» de Jn. 6:44) a sus testimonios (v. 36), a lo que esos testimonios prescriben, no a «la ganancia» (lit.), especialmente a la que se adquiere por medios deshonestos. La codicia es raíz de muchos otros pecados; pues es contraria a muchos mandamientos. Quienes deseen tener bien arraigado en el corazón el amor de Dios, han de tener desarraigado del corazón el amor al mundo (1 Jn. 2:15).

3. En ese mismo tono, pide que Dios le haga volver (lit. pasar) los ojos de mirar vanidades (v. 37), es decir, cosas que no tienen valor real si se las compara con las cosas de Dios, y que le avive en el camino de Dios, es decir, que le fortalezca y le afiance en la senda de la virtud para vencer las tentaciones que presentan dichas vanidades. Así como la mirada de las vanidades infecta de vanidad el corazón, así también el corazón débil en el servicio de Dios no tiene fuerza para resistir la atracción de las vanidades.

4. Profesando ser siervo de Yahweh (v. 38), le pide que le cumpla las promesas (lit. el dicho; hebreo, imrah), que pertenecen a los que reverencian a Dios (lit. que (es) para el temor de ti). No es arrogancia pedir a Dios las promesas que él mismo ha hecho; no tenemos por qué pedir más, pero tampoco tenemos por qué contentamos con menos.

5. Como ya lo había hecho antes (v. 22), vuelve a pedir que Dios haga pasar (el mismo verbo del v. 37) el oprobio, la mofa que de él hacen sus enemigos, ya que las ordenanzas divinas son buenas, es decir, benefician a quienes se someten a ellas, como él lo hace (v. 39) y, puesto que él anhela los preceptos (lit.) divinos (v. 40), bien puede pedir que Dios le sostenga a él, como a siervo fiel, en su justicia, es decir, como Dios y Dueño justo que es. Podría tener un doble sentido (a) en tus justos juicios; (b) conforme a tus justas promesas.

Una respuesta

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  1. Muchas gracias por su comentario
    Dios le siga bendiciendo

    Luis Melendez

    Agosto 4, 2009 a 9:30 pm


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