Calvino, “El arte de predicar”

agosto 5, 2008 § 5 comentarios

Siempre es bueno aprender de otras personas, en especial cuando éstas son personas cristianas. Nuestra única regla de fe y conducta es la Biblia; de ella debemos aprender directamente, así que si hemos de aprender lo bueno de alguien, que su ejemplo sea bíblico y no mera percepción de nuestros sentidos. En lo personal, me gusta leer biografías de hombres que mostraron en su vida características cristianas, no porque en ellos se encuentre toda la verdad y un ejemplo infalible de vida, sino porque fueron instrumentos usados por Dios, preparados por el Señor para Su gloria. Calvino, un hombre común, siempre ha sido para muchos cristianos un referente de vida dedicada al servicio de Dios, de firmeza doctrinal y de vocación al ministerio. En este fragmento que he extraído del libro de Bernard Cottret, el autor nos deja ver un poco más acerca de Calvino predicador. Este apartado me recordó el libro de C. H. Spurgeon, “Discursos a mis Estudiantes”, en donde la semejanza de ideas acerca del “arte de predicar” es de apreciar. Spurgeon seguramente leyó y asimiló algunas de las ideas de Calvino acerca de la predicación; la semejanza de palabras e ideas entre Spurgeon, Calvino o Baxter en su “Pastor Reformado” no ha de sorprendernos ya que han sido tomadas de una misma fuente, con el mismo cántaro, para un mismo fin: combatir unánimes, en un mismo espíritu, por la fe del evangelio. (Fil. 1:27). Entonces, aquellos que han sido llamados a enseñar y predicar, deberían aprender de las sendas antiguas.

 

“No estoy aquí para aprobar una ley nueva, ni artículos de fe”

Calvino (1)

Calvino fue un predicador con talento…el tono de Calvino en el púlpito es inimitable, su estilo incisivo se modula según las reacciones de su auditorio. Se muestra familiar, apremiante, o con un gesto de la mano es capaz de evocar la belleza de la creación: “Calvino unía el gesto de la palabra. Junto a los cambios de voz, las dramatizaciones, el empleo de la primera persona del singular, los gestos confirman que la predicación de Calvino era animada” (2), lo cual no significa que Calvino no preparase sus intervenciones (3):

“Es como si subiese al púlpito y no me dignase mirar el libro, como si me forjase una imaginación frívola para decir: ‘Bueno, cuando esté ahí, Dios proveerá’. Y no me dignara a leer, ni a pensar en lo que tengo por delante, o como si viniese aquí sin haber meditado suficientemente cómo hay que aplicar las Sagradas Escrituras para la edificación del pueblo; sería presuntuoso por mi parte, y Dios me confundiría en mi audacia”

No obstante, la elocuencia sagrada se distingue del arte oratorio común en la dignidad del tema (4): Cuando el Evangelio se predica en nombre de Dios, es igual que si hablase Él en persona. Afirmación que puede estar en el límite del solipsismo:

Yo hablo, pero tengo que escucharme, dado que es el espíritu de Dios el que enseña; pues de lo contrario la palabra que sale de mis labios no me beneficiaría más que a todos los demás, ya que me vino dada desde arriba y no salió de mi cabeza. Por tanto, la voz del hombre no es más que un sonido que se desvanece en el aire y, en el cualquier caso, es el poder de Dios en la salvación de todos los creyentes”

Calvino habla, Calvino escucha: las dos acciones son equivalentes en el caso de la palabra de Dios. O lo que es lo mismo, la Palabra suscita inmediatamente el reparto (5): “No estoy aquí sólo por mi. Es cierto que debemos aprovechar todos juntos, pues cuando subo al púlpito, no es para enseñar sólo a los demás. Yo no me sitúo aparte, pues debo ser escolar, y la Palabra que sale de mis labios debe servirme tanto como a vosotros, o caerá la desgracia sobre mi”

Enseñar significa a su vez aprender. Pastores y fieles están a la escucha de un mensaje que los supera. El predicador debe esfumarse literalmente detrás de la revelación que lleva (6): “Si estoy aquí en el púlpito y pretendo que se me escuche en nombre de Dios y acabo seduciendo al pueblo, es un orgullo que supera cualquier otro.”

De esta actitud se derivan consecuencias esenciales sobre la manera de interpretar los textos (7): “Por mi parte, ciñéndome a la manera en que Dio se manifiesta aquí, me esforzaré por seguir en definitiva el auténtico hilo del texto y, sin insistir en largas exhortaciones, me preocuparé sólo en masticar, como se dice, las palabras de David para que podamos digerirlas”.

No se trata de preconizar una actitud puramente especulativa (8): “Que ocurriría si después de haber estado aquí medio día y haber expuesto la mitad de un libro y, sin mirar por vosotros ni por vuestro beneficio, hubiera especulado inútilmente y hubiera tratado muchas cosas de manera confusa? Todos regresarían a sus casas igual que habrían venido al templo, y eso sería profanar la Palabra de Dios, hasta tal punto que dejaría de ser útil para nosotros”

Calvino es muy conciente de su audiencia (9): “Por tanto, cuando expongo las Sagradas Escrituras, tengo que atenerme siempre a ellas, es decir, que los que me oyen reciban beneficio de la doctrina que propongo, que hayan sido edificados hasta la salvación. Si no tengo esa afección y no procuro la edificación de los que me oyen, soy un sacrílego profanando la Palabra de Dios”

Las recomendaciones cobran todo su sentido si mantenemos viva la descripción desengañada que Calvino daba del sermón medieval en la Epístola a Sadolet (1538-1541) (10):

“¿Qué sermones había entonces en toda Europa, que representaran la simplicidad en la que san Pablo quería que el pueblo cristiano permaneciera toda la vida? ¿Dónde estaba el sermón que enseñara a las viejas algo más que fantasías para contar todo un mes en su hogar? Pues sus predicaciones estaban ordenadas de tal modo que una de las partes estaba situada en las oscuras y difíciles preguntas de la escuela para despertar la admiración de pueblo pobre y llano; la otra consistía en alegres fábulas y especulaciones entretenidas para animar y conmover los corazones. Se entremezclaban algunos vocablos de la Palabra de Dios para que la majestad que tenían dieran color a sus sueños y fantasías. Pero en cuanto los nuestros levantaron su bandera, en un momento todas esas tinieblas se despejaron entre vosotros. Ahora bien, vuestros predicadores, en parte preparados y formados en los libros de éstos y en parte obligados por la vergüenza y murmuración del pueblo a conformarse con el ejemplo de los arriba citados, aun no es posible que sientan totalmente esta tontería y bobada. De suerte que si comparamos nuestra forma de predicar con la suya-incluso con la que les es más querida- se sabrá fácilmente que nos has hecho una gran afrenta”

Por tanto, para Calvino la predicación no es un género literario entre otros: constituye la esencia misma de la actividad reformadora. La primea cualidad de un predicador es la humildad. No sólo debe evitar toda referencia demasiado personal, sino que también debe ponerse al alcance de la humanidad común. A la exigencia ética se une la preocupación evangélica (11):

“Yo que hablo ahora, no debo aportar nada mío y no debo tampoco elevarme por encima de los demás. Pues en realidad no digo a toda la concurrencia que es necesario que esta doctrina se dirija a mi en primer lugar y que domine por encima de todos sin excepción”

Al utilizar la metáfora de la trompeta, Calvino compara la tarea de un predicador con la de in instrumento de percusión, en el que resuena la Palabra de Dios. En realidad, el pastor se da cuenta de que pertenece al rebaño. Sí, Jesucristo es el único pastor preocupado por sus ovejas (12):

“[Nuestro Señor] quiso que yo fuera como un trompeta que recogiera obedientemente al pueblo que es suyo, y que yo fuera del rebaño como los otros. Por ello, cuando mi voz sea oída, es para que vosotros y yo estemos todos reunidos para ser el rebaño de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo”

 

_______________________________

Cottret, Bernard. Calvino. La Fuerza y la Fragilidad. Biografía. Editorial Complutense. Madrid. 1995. p. p 276-278

(1) Obras completas, vol. 27.

(2)M. Engammare: “Le paradis à Genève. Comment Calvin prêchait-il la chute aux Genevois?”, en Études Theologiques et Relirieuses 69, 1994.

(3) Obras completas, Vol. 26:49. º Sermón sobre el libro de Job

(4) obras completas Vol., 58:3. º Sermón sobre la elección de Job y el rechazo e Esaú

(5) Obras completas, Vol., 34:95. º Sermón sobre el libro de Job

(6) Obras completas, vol27:111. º Sermón sobre el libro de Deuteronomio

(7) Obras completas, Vol. 37: I Sermón sobre el salmo 119, 1553

(8) Obras completas, Vol. 34:95. º Sermón sobre el libro de Job

(9) Obras completas, Vol. 54:24. º Sermón sobre la segunda epístola a Timoteo.

(10) Juan Calvino: La vraie piété, ed. De I. Backus, C. Chimelli, Labor et Fides, Ginebra, 1986.

(11) Obras completas, Vol., 50: V Sermón sobre la epístola a los Galateos

(12) Obras completas, Vol., 53: I epístola a Timoteo

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§ 5 respuestas a Calvino, “El arte de predicar”

  • Hola, mi nombre es carlos y me llamo la atención tu bibliografía, sobre todo el termino obras completas, puedes darme mas señas, como la editorial y año de publicación…

    saludos y bendiciones
    Carlos.

  • I Daniel dice:

    Carlos,

    La Bibliografía se desprende de la obra de Bernard Cottret, el autor cita las fuentes tal como lo escribo en el blog. Supongo que Cottret hace referencia a algún compendio existente de los Sermones de Calvino, CCEL, tiene varios de los comentarios antes citados.

    http://www.ccel.org/c/calvin/?show=worksBy

    Saludos

  • [...] había publicado entradas acerca de Calvino como predicador, de su predicación como un arte, como un “profeta contemporáneo” como lo han denominado Hoogstra y otros en una recopilación [...]

  • [...] Juan Calvino, Profecía Ya había publicado entradas acerca de Calvino como predicador, de supredicación como un arte, como un “profeta contemporáneo” como lo han denominado Hoogstra y otros en una recopilación [...]

  • Diana,
    Gracias por tu comentario. Calvino fue un gran exegéta, tenía tres diferentes tipos de comentarios de las Escrituras, uno era para los pastores a la hora de predicar, es decir, sólo algunas notas; el segundo era para los maestros, estos comentarios le daban especial atención a la doctrina que se debía enseñar y cómo se debía enseñar; y por último, existían los comentarios dedicados a los creyentes,que contenían una explicación sencilla de la doctrina y la vida cristiana práctica. Aunque me opongo a la ordenación de las mujeres y que éstas prediquen en los púlpitos, te animo a que continúes aprendiendo de las Escrituras, y que si puedes, leas algunos comentarios de Calvino, bastante útiles en estos tiempos que escasea la sana doctrina.

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