Salmo 119-Paragrafo 2: Bet (9-16)
Aquí los comentarios para el segundo paragrafo que comienza con uno de los versos que todo hombre joven debería aprender y vivir..
Comentario Matthew Henry
A la corrupción original todos hemos agregado el pecado actual. Es ruina del joven vivir sin ley alguna, o escoger leyes falsas: anden por las reglas de la Escritura.
Dudar de nuestra propia sabiduría y fuerza, y depender de Dios, prueba que el propósito de la santidad es sincero.
La palabra de Dios es tesoro digno de guardar y no hay dónde guardarlo en forma segura sino en nuestros corazones, para oponer los preceptos de Dios al dominio del pecado, las promesas de Dios a la seducción del pecado, y sus amenazas a la violencia del pecado.
Sea nuestra oración que Él nos enseñe sus estatutos para que, siendo partícipes de su santidad, podamos también ser partícipes de su bienaventuranza. Y los que alimentan su corazón con el pan de la vida, deben alimentar a muchos con sus labios.
En el camino de los mandamientos de Dios están las inescrutables riquezas de Cristo. Pero no meditamos en los preceptos de Dios para un buen propósito si nuestros buenos pensamientos no producen buenas obras.
No sólo meditaré en tus estatutos sino que los haré con regocijo. Y bueno será probar la sinceridad de nuestra obediencia remontándose a su fuente: la realidad de nuestro amor por el gozo en los deberes asignados.
Comentario Jamieson. Fausset- Brown
9. Puede leerse todo el versículo como interrogación: ¿Con qué limpiará… para ocuparse (en ello) según tu palabra? La respuesta está implícita, y se infiere de los vv. 5, 10, y 18, a saber: por la gracia de Dios.
10-16. Debemos atesorar cuidadosamente la palabra de Dios, declararla a otros, meditar en ella, y deleitarnos sinceramente en ella, y luego por la gracia obraremos de conformidad con ella.
El Tesoro de David
Vers. 9. ¿Con qué limpiará el joven su camino? ¿En qué forma llegará a ser y permanecerá prácticamente santo? No es más que un joven, lleno de pasiones, y escaso en conocimiento y experiencia; ¿cómo conseguirá rectitud y persistirá en ella? No hubo nunca una pregunta más importante para el hombre; nunca hay un momento más apropiado para hacerla que al comienzo de la vida. C. H. S.
Se asigna un lugar prominente al joven en el Salmo ciento diecinueve, uno de los veintidós apartados entero. Es apropiado que sea así. La juventud es un período impresionable, apto para el mejoramiento. Los jóvenes son el futuro sostén de la sociedad, y el temor del Señor, que es el principio de la sabiduría, debe empezar en la juventud. La fuerza, las aspiraciones, las expectativas intactas de la juventud, son necesarias para el mundo; ¡oh, si fueran consagradas a Dios!
La misma pregunta muestra que su corazón no se halla en un estado corrupto. Existe el deseo; se necesita dirección. La pregunta es: « ¿Con qué mantendrá limpio el joven su camino -una línea de conducta- en medio de un mundo contaminado y contaminante? John Stephen
Con guardar tu Palabra. Joven, la Biblia debe ser tu mapa y guía, y debes estar muy alerta de que tu camino sea conforme a sus instrucciones. Has de vigilar tu vida diaria, así como estudiar tu Biblia, y has de estudiarla para que puedas vigilar tu vida diaria. A pesar del mayor de los cuidados un caminante se perderá si el mapa que consulta está equivocado y le desvía de la ruta; pero con un mapa correcto también se perderá si no lo sigue. El camino estrecho no se halla por casualidad, ni nunca llega uno despreocupado e indiferente a llevar una vida santa. Podemos pecar sin pensarlo; nos basta con descuidar a la gran salvación y echar a perder nuestras almas; pero el obedecer al Señor y andar rectamente exigirá todo nuestro corazón, alma y mente. Que recuerden esto los descuidados.
Un capitán puede velar desde cubierta toda la noche, pero si no sabe nada de la costa y no tiene piloto a bordo lo más probable es que esté apresurando el momento del naufragio. No basta con el deseo de obrar rectamente, porque la ignorancia puede hacernos pensar que estamos haciendo un servicio a Dios cuando estamos provocándole, y el hecho de nuestra ignorancia no va a invertir el carácter de nuestra acción, mucho menos mitigar nuestra responsabilidad. C. H. S.
La Palabra es la única arma (como la espada de Goliat, incomparable) para abrirse paso y hacer estragos en el enemigo obstinado, nuestros deseos carnales. La Palabra de Dios puede dominarlos aun cuando se hallen en el apogeo de su orgullo; si hay un momento en que la concupiscencia ruge con más ardor es cuando la sangre joven hierve en nuestras venas. La juventud es voluble, y sus concupiscencias ardientes e impetuosas; su sol sigue ascendiendo, y cree que queda mucho para el anochecer; así que ha de ser un brazo poderoso el que aparte de sus deseos al joven, edad en que mejor los saborea el paladar. Bien; que la Palabra de Dios se encuentre con este joven y desafíe su bravura cuando tenga el festín de los deleites sensuales delante; basta con el susurro de unas pocas sílabas en su oído, que despierte su conciencia con su punzada, para que huya de ellos a toda prisa, como lo hicieron los hermanos de Absalón de la fiesta cuando vieron a Amnón, su hermano, asesinado sobre la mesa. W. Gurnall
Las Escrituras nos enseñan la mejor manera de vivir, la manera más noble de sufrir, y la manera más confortable de morir. John Flavel
Vers. 10. Con todo mi corazón te he buscado. El modo más seguro de limpiar el camino de nuestra vida es buscar a Dios mismo, y esforzarnos por permanecer en comunión con El.
No me dejes desviarme de tus mandamientos. Hemos de ser buscadores tan sinceros e íntegros que no tengamos tiempo ni deseos de descarriamos, y con todo nuestro corazón hemos de cultivar un temor celoso, para no apartarnos del camino de la santidad.
Hay dos cosas que son semejantes y, con todo, muy distintas: los santos son «forasteros» ~<soy un forastero en la tierra»- (Vers. 19), pero no son vagabundos: pasan por un país enemigo, pero siguen su ruta de modo directo; están buscando a su Señor mientras atraviesan esta tierra extraña. Su camino está escondido de los hombres, pero ellos no lo han perdido. C. H. S.
Vers. 11. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. No llevaba este texto sobre su corazón como un amuleto, lo llevaba dentro como una regla. C. H. S.
Hay mucha diferencia entre los cristianos y los mundanos. El mundano tiene sus tesoros en joyas, que están fuera de él; el cristiano los tiene dentro. Ni hay en realidad ningún receptáculo para contener la palabra de consolación como no sea el corazón. Si la tienes sólo en la boca, te la quitarán; si la tienes en tu libro solo, no la hallarás cuando más la necesites; pero si la guardas en tu corazón, como María las palabras del ángel, ningún enemigo podrá sacarlas de allí, y hallarás que es un tesoro consolador en tiempo de necesidad. W. Cowper
Este dicho, guardar o esconder, significa que David se esforzaba no para ser ambicioso y destacar y hacerse glorioso delante de los hombres, sino que tenía a Dios por testigo del deseo secreto que llevaba consigo. Juan Calvino
Bernardo observa que el pan material en la alacena puede que se lo coman los ratones, enmohezca y se eche a perder; pero cuando es ingerido en el cuerpo, desaparece este peligro. Si Dios te capacita para tomar el alimento del alma en tu propio corazón, está libre de todo riesgo. Geo. Swinnock
Para no pecar contra ti. Aquí hay el objetivo perseguido. Como ha dicho alguien: Aquí hay lo mejor «Tu Palabra»; escondida en el mejor lugar «en mi corazón»; con el mejor de los propósitos «para que no peque contra ti» C. H. S.
Vers. 12. Bendito tú, oh Jehová. Tan pronto como la Palabra está en el corazón surge un deseo de hacer caso de ella y aprenderla. Cuando se ha comido el alimento, sigue la digestión del mismo; y cuando es recibida la Palabra en el alma, la primera oración es: «Señor, enséñame su significado.» C. H. S.
Enséñame tus estatutos; porque sólo así puedo aprender el camino a la dicha. Tú eres tan bienaventurado que estoy seguro de que te deleitas en bendecir a otros, y este bien ansío que tú me des, que me enseñes en tus mandatos. Las personas dichosas generalmente se regocijan en hacer dichosas a otras, y sin duda el Dios bienaventurado querrá impartir la santidad que es la fuente de la felicidad. La fe impulsó esta oración y le dio base no ya en algo que hubiera en el hombre que ora, sino sólo en la perfección del Dios a quien hace suplicación. Señor, Tú eres bendito; por tanto, bendíceme enseñándome. C. H. S.
Todo el que lee este Salmo con atención ha de observar en él una gran característica, y es lo decisivas que son sus afirmaciones de que para guardar los mandamientos de Dios no se puede conseguir nada por la fuerza humana, sino que es El quien ha de crear la voluntad para la ejecución de este deber. Geo. Phillips
Vers. 13. Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. El haber sido, como Noé, un predicador de la justicia es un gran gozo cuando los diluvios suben y el mundo impío está a punto de ser destruido. C. H. S.
Vers. 14. Me complazco en el camino de tus testimonios más que en todas las riquezas. Las riquezas son adquiridas con dificultad, disfrutadas temblando, y perdidas en amargura. Bernardo
Vers 15. En tus mandamientos meditaré. El que tiene un deleite interno en algo no lo apartará mucho tiempo de su mente. Como el avaro con frecuencia vuelve a mirar su tesoro, así el creyente piadoso por medio de la meditación frecuente vuelve a la riqueza inapreciable que ha descubierto en el Libro del Señor. Para algunos, la meditación es una tarea; para el hombre de camino purificado, es un gozo. C. H. S.
No es al cavar de un modo casual en una mina de oro, sino al cavar mucho tiempo y con ahínco que halla y saca el tesoro. No es el mero zambullirse en el mar, sino el permanecer dentro mucho tiempo que hace posible sacar gran cantidad de perlas. El estirar el hilo dorado de la meditación en su debida longitud, hasta que se llega al extremo espiritual, es un logro raro y dichoso. Nathanael Ranew
Estudia las Escrituras. Si un hombre famoso escribiera sólo un libro excelente, ¡oh, cuánto te gustaría verlo! Supongamos que te digo que hay en Francia o Alemania un libro que ha escrito Dios mismo. Estoy seguro de que sacarías el dinero de la bolsa para adquirir el libro. Lo tienes contigo; ¡ojalá que lo estudiaras!
Cuando el eunuco iba en su carro, estudiaba el profeta Isaías. No se enojó cuando llegó Felipe, como podríamos esperar que hiciera, y le preguntó atrevido: « ¿Entiendes lo que lees?» (Hechos 8:27-30); estuvo contento. Un gran objetivo del gran año de remisión era la oportunidad de que fuera leída la ley (Deuteronomio 31:9-13). Es la sabiduría de Dios la que habla en la Escritura (Lucas 11:49); por tanto, aparte de todo lo que hagas o desees, real y cuidadosamente, estudia la Biblia. Samuel Jacomb
Vers. 16. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras. Nunca he oído todavía de un avaro que hubiera olvidado dónde había enterrado su tesoro. Cicero De Senectute
Comentario Exegético- Devocional a toda la Biblia
Esta estrofa podría llevar por título: Receta para una buena limpieza. La pregunta y la respuesta están de acuerdo con la enseñanza de los Libros Sapienciales.
1. Pregunta el salmista (v. 9): « ¿Con qué limpiará (mejor, conservará puro) el joven su camino, es decir, su conducta?» Pregunta de enorme trascendencia para todo joven, de tantas maneras tentado cuando aún no ha adquirido experiencia de la vida. La respuesta es muy sencilla:
«Con guardar tu palabra» (hebreo, dabar, 8° sinónimo de «ley»; es un término general para expresar la voluntad de Dios declarada a su pueblo). El Decálogo (gr. diez palabras) es encabezado en Ex. 20:1 con la expresión: «Y habló Dios todas estas palabras…», con lo que a los diez mandamientos, les suelen llamar los judíos «las diez palabras». Sin embargo, el gran mandamiento de Dt. 6:4-5, es llamado así (hebreo, mitsvath, singular del mitsuthey considerado en el versículo 6). Por eso, todo israelita llegado a la mayoría de edad religiosa —13 años— es llamado («Bar Mitsvath» = Hijo del mandamiento, esto es, obligado a cumplirlos). Vemos, pues, que sólo la palabra de Dios puede conservar puro el corazón de los jóvenes. No sirven para ello ni las leyes de los reyes (aunque sean necesarias para la observancia del orden y de la moral exterior) ni los principios morales de los filósofos.
2. El salmista quiere predicar ahora con el ejemplo, confesando (A) que él ha guardado (el verbo hebreo significa aquí «guardar a buen seguro un objeto precioso», verbo mucho más fuerte que el empleado en el versículo 9, donde significa «observar, cuidar, vigilar») en su corazón, es decir, en lo más íntimo de su ser, los dichos (hebreo, imráh —lit. el dicho—. Este es el 9° y último de los sinónimos usados en el salmo). Aunque suele interpretarse comúnmente como «consigna» o algo parecido, Cohén afirma que es «una variante poética de dabar», aludiendo al paralelismo que se halla en Is. 5:24, de Torah e imrah. (B) Agrega que ha dado testimonio público («he contado», es decir, referido) de las ordenanzas de la boca de Dios (v. 13), que medita y considera los mandamientos y caminos de Dios (v. 15), y en ellos se complace y regocija (vv. 14, 16), prometiendo (v. 16b), no olvidar la palabra (lit.) de Dios. ¡Estupenda experiencia! ¡Si cada uno de nosotros buscáramos así a Dios, si así lleváramos en el corazón y en la mente los mandamientos de Dios, atesorándolos y cumpliéndolos, como quien se complace en ellos más que en todas las riquezas (v. 14b), bien podríamos, como el salmista, decirle entusiasmados a Dios: «¡Bendito tú, Yahweh!» (v. 12)